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lunes, 15 julio, 2024
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Comer carne ¿es sostenible?

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Por: LUCÍA DE LEÓN •

Amazon Watch, Conservation International, o Greenpeace son organizaciones que protegen la vida en el Planeta Azul, pero hasta hace poco, diversos ecologistas han comenzado a sugerir que comer carne tiene la misma importancia en los asuntos que estas organizaciones abordan.

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Las consecuencias del consumo de carne son: uso de tierras, consumo de aguas, destrucción de bosques, acidificación del suelo, contaminación del aire, contaminación de las aguas, efecto invernadero, entre otras.
Según datos de UNESCO, con la misma cantidad de tierra necesaria para producir 1 kg de carne, se pueden cosechar 200 kg de jitomates, o 160 kg de papas en el mismo periodo de tiempo. Con la misma cantidad de tierra pueden producirse 6 mil kg de zanahorias o 4 mil kg de manzanas o mil de cerezas vs 50 kg de carne (Según EarthSave Foundation).

En cuanto al consumo de agua, la Fundación para la Educación del Agua calcula que para la producción de un kilo de carne de res se utilizan 20 mil 515 litros, mientras el gasto necesario para ducharse todos los días con duración promedio de siete minutos a razón de 8 litros por minuto, equivale a 19 mil 300 litros anuales. Haciendo esta comparación nos damos cuenta de algo extraordinario, podemos ahorrar más agua en un año no comiendo un kilo de carne que dejando de ducharnos durante un año completo.
Según cifras de la ONU, 67 por ciento del promedio mundial de las tierras agrícolas se destina a pastos para alimentar el ganado. El 40 por ciento de todas las selvas tropicales de América Central han sido taladas o quemadas en los últimos años principalmente para obtener terrenos para pasto y para cultivar forraje. La destrucción de estas selvas impacta en el calentamiento global. Los esfuerzos para frenar las emisiones por deforestación global deben abordar este sector.

El Programa de Hambre en el Mundo de la Brown University calculó que los cultivos mundiales si fueran distribuidos equitativamente y sin destinar un porcentaje importante al ganado, podrían suministrar una dieta vegetaría a 6 mil millones de personas, mientras que una dieta abundante en carne como la de los habitantes de los países ricos, podía alimentar tan sólo a 2 mil 600 millones.
En otras palabras, con una población actual de 6 mil 400 millones, eso querría decir que ya padecemos un déficit de tierras, agravado por la sobreexplotación pesquera de los océanos, que están siendo rápidamente esquilmados. A corto plazo la única manera de alimentar a toda la población mundial, si continuamos comiendo carne en el mismo porcentaje o si la población mundial continúa creciendo al ritmo previsto (8 mil 900 millones en 2050), es talar más bosque. La cuestión de si obtenemos nuestras proteínas y calorías de animales o plantas tiene implicaciones directas sobre la cantidad de bosque restante que tenemos que arrasar.

Comer carne o no carne (o cuánta), considerado culturalmente como un tema privado, es en realidad un tema público prominente. Más allá de las implicaciones que tiene en salud (obesidad diabetes y de más, en las que el gobierno gasta millones de pesos), o de implicaciones éticas con los animales, mismas que en este artículo no se abordan, las implicaciones medio ambientales y de seguridad alimentaria son inminentes.

Para ello hay organizaciones que ofrecen alternativas para iniciar un cambio cultural como la propuesta por la campaña Lunes sin carne que llama a dejar el consumo de este alimento –y demás productos de origen animal- los 52 lunes que tiene el año. No buscan convertir al vegetarianismo y tampoco es un movimiento activista pero al ser una forma de darle variedad a la dieta para hacerla más saludable y al mismo tiempo ayudar a mejorar otros aspectos de la vida en nuestro planeta, es un buen inicio para el cambio. ■

lucí[email protected]

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