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martes, 30 noviembre, 2021

Convenios y cosas peores

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

El 29 de abril del año 2016 el entonces rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Armando Silva Chairez, firmó con las autoridades del ISSSTE un “Addendum al convenio de incorporación total voluntaria al régimen obligatorio de la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado”. Con este acto se daba satisfacción a una demanda del Sindicato de Personal Académico de la UAZ (SPAUAZ). Esta consistía en que los dineros retenidos por la universidad a sus trabajadores académicos para seguridad social fueran entregados al ISSSTE y se pagarán todos los adeudos correspondientes. La UAZ reconoció varias deudas, junto con los recargos pertinentes por intereses, multas y lo que resulte. Son tres los adeudos aceptados por la universidad: uno por descuentos, cuotas y aportaciones a los seguros de salud, riesgos de trabajo, invalidez y vida, prestamos personales y servicios sociales y culturales, otro por aportaciones al fondo de vivienda y uno más por los seguros de retiro y cesantía en edad avanzada y vejez (CEV). Según se dice, el monto de los adeudos se calculará de acuerdo a la normatividad del ISSSTE. Reconocidos y calculados los montos a pagar, excepto el de los seguros de CEV, se solicitó, y aprobó, que el pago fuese diferido y de acuerdo a un calendario de pagos. Quedó para otro momento, otro rector, acaso mejor oportunidad, el monto a pagar por CEV, junto al calendario respectivo. Es decir: sea lo que sea que la UAZ haya pagado hasta el momento presente, continua sin pagar de manera expedita y constante los seguros por CEV, aunque cuenta con un “deudor solidario”, que de acuerdo al Addendum es el gobierno del Estado. Al momento del retiro, sin embargo, el beneficiario de estos seguros se encontrará con la siguiente situación: tendrá menos dinero de lo que hubiera tenido si los pagos del patrón se hubiesen hecho en tiempo y forma. Esto porque los intereses son menores cuando el monto a lo largo del tiempo es menor. Sin embargo, la UAZ está imposibilitada de pagar como establece la ley: no tiene dinero, el presupuesto alcanza para salarios, prestaciones y poco más (eso aseguran las autoridades). Durante las contadas sesiones de la Coordinadora de Delegados del SPAUAZ se trata poco, y mal, acerca de este asunto. Poco, porque la violación de los estatutos, que establece sesiones cada quince días, es la norma. Mal, porque la constante es solicitar al patrón el convenio con el ISSSTE respecto al pago de los seguros CEV, y el patrón manipula los tiempos al no ofrecer ninguna respuesta, hacer caso omiso a los llamados, y demostrar que el sindicato es inane e impotente. Por ende, la solución única es la que está en curso: pagar de manera individual, a cada universitario que se jubila, un monto reducido de los seguros CEV y esperar a que muera la generación que la universidad esta en obligación de jubilar. Con esto se liberarían recursos y quizá se podrían pagar las cuotas de aquellos que languidecerán en su vejez con su cuenta individual. ¿Es un problema grave? Para quien lo atraviesa es la cosa más importante del universo. Pero está abandonado porque son pocos los que están en esa situación año con año, desorganizados y tal vez frustrados. Así, un problema grave se disuelve en el aire, se reduce al reclamo a los pocos que se jubilan anualmente y todo sigue igual. ¿Indica esto falta de previsión por parte de quienes están urgidos por un empleo permanente, un mejor salario o mejores condiciones laborales? ¿No ven que esa será la situación a la que llegarán en 25 años? Quizá lo irracional sea tratar de asegurar un futuro imprevisible a costa de sacrificar bienes presentes. Por lo regular, y a veces eso se argumenta, lo racional es prever el escenario futuro y actuar en consecuencia. Entonces, según parece, lo correcto es resolver esos problemas del mañana, aunque los del hoy se difieran. Tal cosa la aduce quien, por estar en trance de jubilación, quiere se le reconozcan los miles de pesos que perdió por la apuesta que la universidad hizo “en favor de los jóvenes del Estado” (o eso han dicho las autoridades). No olvidemos, sin embargo, que el problema de la falta de aportaciones es de presupuesto. No hay recursos, la única solución es la inercial, esa en la que pierden los trabajadores. Otra exige movimientos en las altas esferas; por ejemplo, que se incremente el máximo monto de jubilación que otorga el ISSSTE. Para ello se requiere una reasignación de presupuesto, si las condiciones son de austeridad nacional, o bien un crecimiento económico inusitado. Uno que nos haga felices a todos. Estas posibilidades no se ven, no están cerca. Se pide a las universidades sea austeras, desvanezcan plazas, no incrementen prestaciones. Cualquier desviación de esto seguro es corrupción y dispendio. Un quisiera que el patrón haga sus aportaciones para que la cuenta individual pueda crecer, pero la opción que so pone a la gente es: o tienes empleo con crecimiento mediocre de tu cuenta, o no hay ni empleo ni cuenta. Ya sabemos porque no hubo huelga. Eso y la pandemia.

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