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sábado, 4 diciembre, 2021

El 2 de octubre dejó como legado que la juventud se convirtiera en protagonista fundamental de la política

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

■ En el 68 se ganaron las calles y los espacios públicos como foros ciudadanos de discusión, señala el historiador zacatecano, José Eduardo Jacobo Bernal

■ “Las marchas de cada 2 de octubre deben ser para que los estudiantes adquieran conciencia histórica para que las muertes, la represión y las desapariciones no se repitan”

■ El historiador considera que la lucha se mantiene vigente y la insurgencia estudiantil sigue

“Yo estaba en las escaleras en Chihuahua, allí habíamos muchos tratando de cuidar a los dirigentes del consejo que estaban en el tercer piso. Cuando terminó el mitin ya me iba y vi pasar a unos tipos con un pañuelo blanco en la mano, me regresé a ver qué pasaba y entonces vi las luces rojas que echaban los helicópteros”.

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El anterior es uno de los testimonios de estudiantes que fueron recogidos para la representación cinematográfica de la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 en el filme de 1989, Rojo Amanecer, dirigido por el cineasta Jorge Fons que tuvo que sortear el fantasma de la censura por parte del Gobierno de México que iniciaba una nueva etapa luego de unas elecciones polémicas debido a la caída del sistema.

Rojo Amanecer, significó, para la generación de los 90, la puerta de entrada a ese tema escabroso que el Gobierno de México muchas veces quiso minimizar, por lo que el filme se convirtió pues en memoria de un acontecimiento que hasta la fecha duele en la memoria del país, pero al que también se le debe que la juventud se haya convertido en un protagonista fundamental de la política y de lo político en el territorio nacional, como señala el historiador zacatecano, José Eduardo Jacobo Bernal.

En el 68, ha reconocido el investigador, y a la vez lo ha postulado en el libro que coordinó, titulado De Tlatelolco a Ayotzinapa. 50 años de insurgencia estudiantil, publicado por la Universidad Autónoma de Zacatecas en 2019, se ganaron las calles y los espacios públicos como foros ciudadanos de discusión, y desde entonces, señala, por variadas causas es que se ha levantado la voz y el puño de miles de jóvenes exigiendo que las autoridades universitarias, partidistas, gubernamentales o de otro tipo respondan y atiendan las demandas.

Tlatelolco, a decir de Jacobo Bernal, no es un fin en sí mismo, sino que es el inicio de una cadena de acontecimientos que no está concluida, de ahí la importancia del movimiento estudiantil de 1968, por lo que ahora no se deben ver las marchas de cada 2 de octubre como meras excusas para no ir a clase, sino que los estudiantes adquieran conciencia histórica para que las muertes, la represión y las desapariciones no se repitan, por eso, reitera, dicha lucha se mantiene vigente y la insurgencia estudiantil sigue.

No obstante, aclara el investigador adscrito a la Licenciatura en Historia de la UAZ, el movimiento del 68 es más amplio, es un esfuerzo juvenil por desmarcarse de las tendencias culturales de la generación de la posguerra; un rechazo frontal al mundo capitalista, al consumismo y al conformismo social. En ese sentido, el 68 mexicano no es más que suma y respuesta de lo que pasaba en el mundo, sin embargo, en el país se adquirieron tintes particulares de acuerdo con su contexto específico, y reitera, es una lucha que no ha terminado.

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