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sábado, 24 septiembre, 2022
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2015: Es la hora

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Por: DANIEL SALAZAR M. •

Este 2015 será un año difícil para los mexicanos. Todos los caminos parecieran conducirnos a la ruina, como nación y como pobladores. Caminamos sobre un país minado de políticas antipopulares que lesionan y mortifican la vida de los trabajadores y que amenazan el presente y el futuro de las generaciones. Un entorno internacional de incertidumbre complica el panorama. Dos de los componentes básicos de la economía mexicana están en crisis: el petróleo, con la caída de los precios internacionales y el peso mexicano que se devalúa frente al dólar.

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Las reformas estructurales aprobadas en 2014, la venta de la riqueza nacional con la consiguiente pérdida de soberanía; el cierre de centros de trabajo y la falta de empleo; los salarios de hambre; la corrupción y la impunidad “nacionales”; la caída de los precios del petróleo (en un país cuya economía y gasto público depende de 40% de los ingresos de este producto), la inflación galopante (debido a que México es un país importador; la cuesta de enero será dura), el aumento 2015 de la gasolina… etc., complican la ya de por sí espinosa situación mexicana. Junto a todo esto, la apatía política o, si se prefiere, “el conformismo” con el que aún muchos sectores malviven la situación, ya sea reflejando en su conciencia abandono, provocado por la desinformación, o, bien, arrastrados por el viejo remolque de la marginación.

Vendrán meses de dificultades e injusticias. El narcotráfico y la delincuencia organizada se enseñorean por todas las regiones del país convertidas en las fuerzas más obscuras y temidas de la población. Al peso mexicano –que se devalúa frente al dólar– le será muy difícil compensar su depreciación con remesas o con el turismo ocasional extranjero en la frágil economía mexicana. ¿Qué queda entonces después de haber ofrecido a Estados Unidos mexicanos como jardineros? ¿Venderlos como mercenarios y carne de cañón para sus aventuras imperialistas? ¿Vender pedazos del territorio? Pregunta Guillermo Almeyra y yo con él…

El 2015 será desastroso. Con Peña Nieto “al frente” de los destinos del país, no habrá buenos deseos de año nuevo, Papá Noel o Rey Mago que valga ni que pueda revertir la grave situación que azota el territorio. Iluso, igualmente, será pensar que las próximas elecciones de julio serán copiosas, limpias y transparentes para que los nuevos gobiernos y poderes que “emanen” de ellas, puedan entonces recuperar el camino de la paz perdida y la confianza disoluta del pueblo en las instituciones del Estado.

Aunque anunció una campaña anticorrupción, Peña Nieto no ha resuelto ni resolverá los escándalos de la Casa Blanca ni el de la vivienda de Videgaray. Tampoco hay indicios de que “atenderá” el probable conflicto de intereses de tres de los principales miembros de su círculo íntimo: “El secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, tiene negocios de gasolineras con su familia. Luis Téllez, mantiene relaciones con la empresa de energía Sempra y Federico Reyes Heroles, es hermano del ex director de Pemex, Jesús, que sigue en el negocio” (Galván Ochoa).

Frente a toda esta tragedia, prefiero pensar que durante 2015, se retomarán los mejores ejemplos de las luchas en la historia reciente de nuestro país. Entre ellas se encuentran la Rebelión Zapatista, la resistencia sindical del SME, el proyecto de la OPT, la CNTE, el movimiento por Ayotzinapa, la rebelión estudiantil, etc., pues considero que estos activos populares, no guardan ya ninguna ilusión con el viejo sistema capitalista, ni con ninguna de las instituciones del Estado mexicano.

Para mantener la expectativa de cambio, habrá entonces que rodear de la más amplia solidaridad a estos movimientos y a otros tantos que se sumarán a la causa. Da esperanza y perspectiva al 2015, saber que la protesta social está dejando de ser indiferente para muchos y que empieza a ser escuchada tanto en México como en otros países. Que la voz de hartazgo y de lucha se levanta contra los poderes corruptos y de clase, para exhibir la descomposición y el carácter represivo y violento de los gobiernos; para revelar la complicidad de éstos con el crimen organizado y para explicar cómo el Estado se distanció de los pobladores al exterminar a miles de mexicanos inocentes.

En estas luchas por la salvación de todos, se impulsa la ruptura con el Estado y no su reforma. Se demanda la firme unidad de todos los repudios al Estado y el rechazo de los sectarismos. Buscan la autorganización y la autonomía de las comunidades; animan la formación de policías comunitarias y de los grupos de autodefensa. Nos llaman diciendo: Es la hora. ■

 

La Jornada // www.prt.org.mx

 

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