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jueves, 30 junio, 2022
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William Gilbert, un hombre con magnetismo

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Por: Juan Manuel Rivera Juárez • Elva Cabrera Muruato •

A lo largo de la historia de la ciencia, no existe un momento preciso en el que se pueda aseverar que se empezó a sustituir al misticismo por la ciencia, para explicar el funcionamiento del mundo. Hay dos hombres cuyas vidas circunscriben claramente esta transición que ocurrió aproximadamente entre el siglo XVI al XVII. Desde luego, posteriormente también hubo científicos con inclinaciones místicas –por ejemplo, Johannes Kepler–.

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Después de la primera década del siglo XVII, el método científico basado en la comparación de las hipótesis con los experimentos y la observación quedó claramente expresado en las obras de William Gilbert, en Inglaterra, y de Galileo Galilei, en Italia. Galileo es de las figuras más importantes en la historia de la ciencia (cuyo nombre resulta conocido para cualquier persona con un nivel cultural medio), mientras que Gilbert es menos famoso de lo que se merece, la fecha de nacimiento de este último es anterior, y al menos cronológicamente, es acreedor al título de primer científico.

William Gilbert nació en el año de 1544 y murió en 1603, fue contemporáneo de Kepler y Galileo. Gilbert fue licenciado en medicina y se le consideró un médico de prestigio; obtuvo su doctorado en 1569, en la Universidad de Cambridge, y en 1600 fue nombrado médico personal de la reina Isabel I. Cuando no ocupaba su tiempo en la medicina, se enfocaba en el estudio del magnetismo. El único legado personal que dejó la reina Isabel al morir fue dejar una suma de dinero para que Gilbert continuara con sus estudios sobre magnetismo.

Gilbert realizó importantes descubrimientos, encontró la manera de aumentar el magnetismo de un imán permanente rozándolo con otro imán, posiblemente el hallazgo más importante de todos fue el descubrimiento de que la Tierra se comporta como un imán gigante. De todos los imanes que existen en la Tierra ninguno es tan grandioso como ella misma. Desde entonces los científicos han descubierto que la mayoría de los planetas tienen campos magnéticos, lo mismo que las estrellas y sobre todo el sol. En realidad, gran parte del universo es como una extensa familia de imanes. Cuando Gilbert proclamó que la Tierra se comportaba como un imán gigante, apenas se dio cuenta de que había descubierto uno de los elementos decisivos que hacen posible la vida en la Tierra. El Polo Norte o el Polo Sur, son los lugares en donde se puede sentir o estudiar el magnetismo de la Tierra con más intensidad. ¿Pero qué es exactamente el magnetismo?

Prácticamente todos hemos jugado en alguna ocasión con imanes, de modo que tenemos nociones sobre magnetismo, por ejemplo, quizás sepan que se puede levantar un trozo de acero con un imán, imagino que también saben que no se puede utilizar un imán para levantar un trozo de aluminio o un trozo de cobre. En otras palabras, algunos materiales tienen propiedades magnéticas y otros no. Una cosa que posiblemente ignoren es que se puede eliminar el magnetismo de un objeto con sólo calentarlo, y se restablece cuando el material se enfría de nuevo. Este descubrimiento de Gilbert es válido no solo con el hierro sino también con otros materiales, como el gadolinio, un metal raro de color blanco plateado, maleable y dúctil que no muestra propiedades magnéticas a la temperatura ambiente, es decir, no se adhiere a un imán, pero al enfriar el gadolinio se manifiestan las propiedades magneticas (se puede enfriar introduciéndolo en nitrógeno líquido).

La obra de Gilbert fue amplia y minuciosa, mediante sus experimentos demostró la falsedad de muchas antiguas creencias místicas relativas al magnetismo tales como: la idea de que la magnetita, un mineral magnético que se encontraba en la naturaleza, podía curar los dolores de cabeza, la creencia de que un imán podía ser desactivado frotándolo con ajo. Descubrió que al igual que las cargas eléctricas, los polos magnéticos aparecen en dos formas a las que dio los nombres de polo norte y polo sur (llamó polos a las extremidades de una barra imantada), observó que los polos opuestos se atraen y que los polos iguales se repelen, estableciendo así las leyes de la atracción y la repulsión magnética que nos resultan tan familiares.

Sus investigaciones fueron tan meticulosas y completas que dos siglos después de que Gilbert sentara los fundamentos para el estudio del magnetismo, nada se añadió al conocimiento científico que estableció, fue hasta el descubrimiento del electromagnetismo, en 1820, y los subsiguientes trabajos de Michael Faraday, que se registraron avances.

Los trabajos de Gilbert culminaron en 1600, tras 19 años de estudio, con la publicación de un gran libro titulado “De Magnete Magneticisque Corporibus, et de Magno Magnete Tellure” (Sobre el magnetismo, los cuerpos magnéticos y el gran imán que es la Tierra), conocido habitualmente como De Magnete. Este libro fue la primera obra importante que se elaboró en Inglaterra en el campo de las ciencias. De hecho, De Magnete es un libro muy raro, se cree que solo existen 60 ejemplares en todo el mundo de la primera edición, sin embargo, este valioso e insólito libro no es lo más antiguo que se escribió sobre magnetismo. Hay un manuscrito del siglo XIII, escrito 300 años antes por Peter Peregrinus de Maricourt, el título de la epístola es: “Carta sobre el imán de Peter Peregrinus de Maricourt …”. La carta en sí es una descripción del comportamiento de los imanes, algo sobre magnetismo y nada en absoluto sobre el propio Peter.

Las agudas observaciones de Peregrinus sobre el comportamiento de los imanes convirtieron al manuscrito en algo sumamente valioso, existen 31 copias conocidas, según los cánones de la Edad Media (anteriores a la invención de la imprenta), tal manuscrito debió ser todo un best seller. Todo hace suponer que alguna de estas copias llegó a manos de William Gilbert, ya que lo citaba repetidamente.

De forma más especulativa Gilbert incursionó en otros aspectos de la ciencia. Fue un defensor del Modelo Copernicano del Universo, en parte porque pensó que los planetas recorrían sus órbitas por efecto del magnetismo (una idea que influyó en Kepler). Sus investigaciones sobre la electricidad estática, producida al frotar con seda objetos elaborados con ámbar o cristal, fue menos completa, pero Gilbert descubrió que existía una diferencia entre la electricidad y el magnetismo (acuñó la palabra eléctrico).

La característica más importante de De Magnete no fueron los descubrimientos de Gilbert, sino cómo los había descubierto y en la representación tan clara como explicó su método científico, fue un ejemplo que otros podían seguir. De Magnete ejerció influencia directa sobre Galileo, que se cree que se inspiró en este libro para llevar a cabo sus propias investigaciones. Justo al principio del prólogo de su libro, Gilbert expone su criterio científico: “En el descubrimiento de cosas secretas y en la investigación de causas ocultas, se obtienen razones más poderosas mediante experimentos seguros y argumentos demostrados a partir de conjeturas probables y de opiniones de especuladores filosóficos”. Con este criterio Gilbert describía sus experimentos con tal lujo de detalle, que cualquier lector mínimamente hábil podía reproducir dichos experimentos por su cuenta.

Sé parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes: http://lumat.uaz.edu.mx/; https://www.facebook.com/LUMAT.UAZ; https://twitter.com/LumatUaz.

*Docente Investigador de la Unidad Académica de
Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT.
*Docente Investigadora de la Unidad Académica Preparatoria.
[email protected]

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