Por qué es positiva (y necesaria) la propuesta de Ramírez Cuéllar

Por qué es positiva (y necesaria) la propuesta de Ramírez Cuéllar

En el mundo ha crecido de manera extrema la desigualdad, la cual ha sido causa de generación de otros grandes problemas sociales. Cuando la desigualdad se hace sólida, rompe la propia cohesión social y detiene la movilidad (la posibilidad de nacer pobre y pasar a capas medias), obstaculiza el propio crecimiento general de la economía y se convierte en factor esencial de la inseguridad. Así las cosas, disminuir la desigualdad y quitarle su estado ‘sólido’, es esencial para construir una sociedad justa y con desarrollo humano. Lo contrario es impensable: no hay sociedad justa con hiper-desigualdad. Esta anomalía destruye el bien común.

Si el presente gobierno se propuso revertir las lógicas del neoliberalismo que, justamente, reproducen las estructuras de la hiper-desigualdad, entonces debe pensar la progresividad hacendaria. En el caso de México, Oxfam publicó un informe desde 2014 que se titula “gobernar para las élites”, en el cual reporta que el 1 por ciento de la población más rica posee el 46 por ciento de la riqueza mundial, y la riqueza de la mitad más pobre de la población es menor que la de las 85 personas más ricas del mundo. En México 144 mil personas tienen la riqueza equivalente a 126 millones. ¡Así de extrema es la desigualdad!

Ahora bien, con la desaceleración económica que estamos sufriendo, que puede mandar el PIB a menos 8 porciento, se requieren recursos para financiar la salida de la crisis. Si se lograra trasladar recursos de los mega-ricos, a las micro y pequeñas empresas, se podría apuntalar al sector que sostiene el 80 por ciento del empleo nacional, con riquezas acumuladas de personas que son menos del 1 por ciento de la población. Justicia pura. Con eso, se disminuye la desigualdad y se activa la economía del conjunto del país, al mismo tiempo. En otras palabras, se puede construir un programa de apoyo a las MiPyMES (créditos, subsidio a nómina y apoyo a comercialización) con el dinero de un impuesto especial a las megafortunas. Se puede construir un programa de innovación para la productividad con el impuesto a las herencias. Y se puede financiar un programa de infraestructura para parques industriales con la eliminación total de la consolidación fiscal. Esto es, se puede pensar en usar los recursos frescos de una reforma hacendaria progresiva para financiar la reactivación económica del país.

Ahora bien, antes de pensar en gravar, hay que medir con toda precisión. Tal vez habría que abrir la discusión a expertos para construir un método de medición de la riqueza en México. En las fuentes no sólo estaría el Inegi (en su sección de cuentas nacionales), sino la propia (y opaca) Secretaría de Hacienda. Así como se construyó una metodología para medir la pobreza que dio origen al Coneval, se puede agregar la tarea de construir un Método Multidimensional para Medición de la Riqueza. Y entendamos, no sólo se trata de medir ingresos, sino capital. No es lo mismo la distribución de la renta, que la distribución de la riqueza. Lo cual está en el contexto de su causa raíz: la desigualdad en la distribución del poder. Hacer una ley de progresividad hacendaria, es también, un dispositivo para salvar al Estado de la captura de los poderes fácticos (separar poder económico del político), y con ello, la edificación de la democracia nacional. Será esencial que ahora, universidades, centros de investigación, organizaciones sociales y Morena, logren crear una coalición igualitaria para el cambio de la realidad nacional. ¡Bienvenida la propuesta del paisano!

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