México debe tener un programa de estímulo fiscal del tamaño de Alemania o Canadá

México debe tener un programa de estímulo fiscal del tamaño de Alemania o Canadá

El secretario de Hacienda en una entrevista aparecida el 28 de abril en El País, dijo que “la respuesta de México no puede ser similar a la de algunos países europeos, Estados Unidos o Canadá”
Calificó de extraordinariamente importantes las medidas de Banxico por dar mayor liquidez, pero reconoce que la tasa de interés es 24 veces más alta que la de EUA y otros países. No se atreve a pronunciarse por una baja de la tasa de interés al 0.25% como la de EUA, Inglaterra y otros países, pues temen (él y Banxico) que se vaya el capital financiero invertido en deuda pública y ello devalué la moneda. Dijo que nosotros no tenemos los márgenes de maniobra para tener un programa de estímulo fiscal del calado de los países desarrollados. Cabe aclarar que si México no tiene esos márgenes de maniobra de défict fiscal del 10% del PIB y tasa de interés cercana a cero (como tales países), es porque el gobierno mexicano privilegia la estabilidad del tipo de cambio para que el capital financiero venga y no se vaya, dada nuestra dependencia de la entrada de capitales. De ahí que han predominado en el período neoliberal que aún continúa, altas tasas de interés y la austeridad fiscal. Tales políticas nos ha llevado a la recesión económica y a que ésta se traduzca en una crisis mayor a la que enfrentarán los países que si se dan márgenes de maniobra para combatir la pandemia y para frenar la contracción económica y el desempleo. México puede bajar la tasa de interés al 0.25% y trabajar con déficit fiscal del 10% del PIB para frenar la crisis, lo que permitiría abaratar el costo del crédito e incrementar demanda para contrarrestar la caída del consumo e inversión privada y de las exportaciones. Y para evitar que el capital financiero se vaya, es cuestión que se establezca control de cambios (prohibir la salida de capitales) y ofrecer opciones de inversión en el sector productivo, sustituyendo importaciones, al incrementar el gasto público para reducir nuestra dependencia externa y a favor del empleo nacional. Junto a ello hay que postergar el pago de la deuda externa hasta que la economía haya retomado el crecimiento. Alternativas de política económica hay, pero no la voluntad política para ello.

El Secretario mencionó que se comenzará a abrir la economía el 17 de mayo en lugares donde menos se ha sentido la pandemia y en los principales focos de contagio a partir del 1 de junio. Ello en la perspectiva de conectar las empresas ubicadas en México, con la cadena de valor de Estados Unidos que ya están dejando la cuarentena. Las autoridades mexicanas piensan ilusoriamente que en un mes ya estará controlada la pandemia y que las empresas podrán operar como antes.

A los gobiernos les preocupa retomar la actividad económica y no esperar que la pandemia sea superada, debido a que mientras más tiempo permanezcan paradas las economías, más se contraerán éstas, habrá mayores pérdidas de ganancia, mayor desempleo y miseria. De ahí que muchos ya están permitiendo que empiecen a operar las empresas, con las supuestas medidas de sana distancia y de higiene. El problema es que muchos países no tienen condiciones de hacer pruebas frecuentes y gratuitas y el seguimiento de los contactos de los infectados para limitar la propagación del virus, por lo que éste puede esparcirse con mayor fuerza.

Levantar la cuarentena en momentos en que sigue creciendo el número de contagios, solo para evitar mayor contracción de la economía, implicará que siga aumentando el número de defunciones.

En dicha entrevista se le ocurrió al Secretario comparar el programa de jovenes Construyendo el Futuro con los programas que Alemania y EUA están instrumentando donde pagan una parte del salario a los trabajadores. Hay que aclarar que una cosa son las becas que reciben esos jóvenes, que no rebasan los 3 600 pesos mensuales, a los salarios que perciben los que están quedando desempleados en el país. Y estos pasarán a ser cientos de miles y no hay política hacia ellos en nuestro país.

Ante la pregunta de qué porcentaje del PIB suponen las medidas que está instrumentando el gobierno para encarar los problemas, el Secretario dijo que entre un 1.5% y un 2% del PIB, y que “para un país como México es altísimo”. Al respecto hay que señalar que la respuesta fiscal debe estar en proporción a como se encuentran las finanzas del sector privado y del sector externo. El sector externo ha visto incrementado el déficit por la fuerte caída de las exportaciones y el pago creciente de las obligaciones financieras con el exterior, lo cual atenta sobre las finanzas del sector privado (empresas y familias). Éste enfrenta déficit financiero por la caída de ventas e ingresos y por el desempleo, por lo que el gobierno debe permitirles postergar el pago de impuestos y trabajar con déficit fiscal de una cuantía tal que incremente el gasto para contrarrestar el déficit financiero del sector privado. Tanto para frenar la contracción económica y el desempleo, y para ir transformando la economía para encarar los desafíos que la actual problemática nos coloca en el presente y para el futuro, por lo que ese 1.5% o 2% del PIB, pasa a ser totalmente insuficiente. Los economistas de las instituciones monetarias y hacendarias del país, pasarán a la historia por su incompetencia para encarar la crisis del 2020, que se prolongará por su falta de visión y conocimiento de la economía moderna y de la problemática actual.

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