La enseñanza de la crisis: aprender a aprender

La enseñanza de la crisis: aprender a aprender

En medio de la epidemia y en su curva más pronunciada (fase 3) las escuelas regresan a clase, pero sin presencia en las aulas. El modelo matemático de la SSA afirma la posibilidad de llegar hasta 26 mil contagios totales en el estado, y si ahora mismo estamos rondando los 40, significa que empieza apenas la aceleración creciente de la mancha del virus. Esto es, estamos en el momento que exige el mayor aislamiento posible. No podemos pensar ni en contactos con los docentes y los alumnos, aun en grupos de trabajo pequeños, ni tampoco en la suspensión de actividades educativas. Es obligatorio hacer lo mejor posible la educación a distancia.

Muy pocas escuelas de educación básica, y aun de la superior, tienen habilitada la infraestructura, preparación docente, disposición estudiantil y los programas adecuados para realizar la educación en línea. No hubo un periodo de preparación antes del aislamiento, sino que se ponen en marcha las formas remotas de enseñanza estando aislados. Generalmente, cuando inicia un curso en línea, se tiene la capacitación de los docentes, se preparan materiales adaptados a las plataformas y se ensayan contactos con los alumnos, y después se implementan. Ahora, nada de eso ha ocurrido: toda la implementación es sobre la marcha. En suma, tenemos una dinámica remota sin la menor programación y planeación debida. Por esto, no podemos esperar resultados positivos. A lo más que podemos aspirar es a cubrir medianamente los contenidos académicos. Así las cosas, es probable que los calendarios se tengan que ajustar, a fin de repasar en sesiones presenciales las metas del ciclo. Lo cual significa recortar las vacaciones de verano.

Por lo pronto, los profesores se ven en problemas para hacer avanzar sus cursos a distancia. En la educación básica donde un profesor tiene a su cargo un solo grupo, es relativamente fácil adaptarse a las nuevas exigencias: un profesor para 30 niños. Pero para un maestro de secundaria o preparatoria, que puede tener de 40 y hasta 250 alumnos, de grados y grupos distintos, la situación es muy complicada. Los jóvenes tienen facilidad para el manejo de las tecnologías, tal vez lo hagan mejor que sus maestros; sin embargo, el proceso de enseñanza no se reduce al manejo de aplicaciones o tecnologías de la información.

Con todo lo dicho, hay una gran conclusión de todo este proceso: los sistemas educativos deben estar basados en los enfoques de ‘aprender a aprender’. Un alumno de secundaria y bachillerato, con habilidades y competencias de autoaprendizaje se mueve como pez en el agua en contingencias de este tipo. No necesita un profesor que le ‘enseñe’, sino sólo que lo guíe en el proceso, que le marque dirección y ritmos. Esto último es relativamente fácil hacerlo a distancia. En conclusión: la tarea es repensar los modelos pedagógicos sobre la base de aprender a aprender. Y contamos con una experiencia exitosa (a lo menos en la primera parte de su vida): la telesecundaria, que ha sido la mayor forjadora de autodidactas del sistema escolar mexicano.

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