Médicos, soldados sin armas

Médicos, soldados sin armas

En días recientes la cifra de casos confirmados de Coronavid en México avanzaba a paso veloz. En la tarde del miércoles 8 ya se registraban 3 mil 181 casos confirmados, 423 más que un día antes. A esa velocidad crecía la pandemia, pero de pronto, esa misma tarde, Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de Salud, echó un balde de agua fría a quienes nos conformábamos con estar estadísticamente muy lejos de los países donde el Covid-19 golpea con fuerza.

En la contabilidad de esta calamidad también hay “cifras negras”, como esas que señalan que por cada acto delictivo denunciado en México hay otros ocho no denunciados. Ese miércoles el doctor López-Gatell nos sacudió al informar que en realidad habrá unas 30 mil personas contagiadas, porque por cada caso confirmado podría haber 10 o 12 más no reportados. Así, de sopetón, el doctorado en Epidemiología y responsable de la información relativa a la pandemia, nos ubicó en la desastrosa realidad.

Para alertarnos no hacía falta saber que los contagiados pueden ser unos 30 mil más los que puedan acumularse día a día, porque poco a poco los periódicos van descubriendo, sin el sensacionalismo de los noticiarios televisivos, las diversas facetas del problema.

Entre las noticias que más calan e inquietan están las referentes a la inconformidad que ha estallado entre los médicos y personal hospitalario por la carencia de insumos, equipos y hasta de protocolos para enfrentar adecuadamente la pandemia. Son soldados de la salud, pero sin armas.

El desorden lo enfrentan el IMSS, el ISSSTE y los servicios de salud federales y estatales en todo el país. La pandemia nos ha revelado que los servicios públicos de atención a la salud, que a mediados del siglo pasado fueron orgullo de México, por estar entre los mejores de las naciones en desarrollo, desde hace más de tres décadas comenzaron a perder la calidad y la calidez que los habían encumbrado.

Lo que hoy queda del sistema de salud pública nacional es una enorme y torturante burocracia incapaz de siquiera dar atención eficiente a las enfermedades más comunes en el país, todo lo cual se ha hecho evidente en los últimos meses –incluso antes de la llegada del Covid-19 –por airadas protestas de derechohabientes, pacientes y por los mismos cuadros médicos y de enfermeras que de diversas formas protestan contra los directivos por la falta de medicinas, insumos para atender a enfermos ambulantes u hospitalizados, la descompostura o falta de equipos, insuficiencia de camas y quirófanos, y lo peor, la insensibilidad o pasividad de los directivos de clínicas y nosocomios.

La gravedad de la situación pone en evidencia todas las anomalías causadas por decenios de incuria e incompetencia de gobiernos que irresponsablemente provocaron el dislocamiento de la salud pública para favorecer la privatización. No lograron cabalmente el objetivo pero sí dejaron en ruinas los servicios que hasta los años 70 había ido en ascenso.

Hoy, cuando la pandemia parece ser más fuerte de lo que pueden resistir los servicios públicos de salud federal y estatales, uno de los sectores más golpeados es, precisamente, el de médicos, enfermeras y todo el personal de salud, quienes sufren la vulnerabilidad de un sistema deficitario en todos sus aspectos, menos, tal vez, en el humanitario.

Porque es el aspecto humanitario el único que hoy brilla con luz propia. Médicos, enfermeras, camilleros, asistentes médicos y técnicos, personal administrativo, laboratoristas, en fin todos los trabajadores del sector, son quienes más se esfuerzan en un desigual combate.

Mal equipada, sin la necesaria protección para evitar contagios, la gente de bata se esmera en atender a los contagiados. Por eso muchos médicos y enfermeras, quizás ya se cuenten por centenares en todo el país, están contagiados, y ellos y sus familias, en grave peligro.

Reportes del miércoles indican que en Coahuila falleció por coronavirus el subdirector administrativo de la Clínica 7 del IMSS, donde hay otros 76 profesionales de la salud confirmados con Covid-19. En Chilpancingo, Guerrero, hay tres médicos infectados y en Cabo San Lucas, Baja California Sur, 42 trabajadores del Hospital General resultaron positivos. Y hay muchos casos más.

El personal hospitalario parece ser ahora el sector más vulnerable y por eso es digno de consideraciones especiales. Apresurar el reparto de equipos para protegerlos y entregar insumos y medicamentos para todos los enfermos de Covid 19 debe ser la máxima prioridad de los gobiernos federal y estatales. No puede ser de otro modo. ■

*Director General del ISSSTEZAC

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