Conspiranoia

Conspiranoia

Una “teoría de la conspiración” es la afirmación de que un grupo de personas, una secta, una iglesia, un complejo militar-industrial, un club de ricos o los extraterrestres, manipulan y ocultan información, generan eventos catastróficos, promueven guerras y discordias, provocan recesiones económicas, en suma: mienten y urden en secreto planes para avanzar una agenda desconocida pero funesta. Se atribuye a William Burroughs la siguiente frase: “Un paranoico es alguien que sabe un tanto de lo que pasa, un psicótico es una persona que sabe lo que está pasando”, que condensa el sentimiento típico de quien “descubre” que su vida y la sociedad son un tinglado, un fraude. Sentirse manipulado, víctima de un engaño e indefenso ante potencias desconocidas y todopoderosas, no es una situación cómoda, equivale a quedar reducido a pieza prescindible de una maquinaría ajena. Algo debe hacerse. Los más individualistas decidirán buscar por sí mismos la información verdadera, creyentes en la objetividad del mundo no creerán en los sicofantes, otros, por el contrario, preferirán aferrarse a las “verdades oficiales”, sean las de una ciencia que no comprenden, las de un Estado avasallante o aquellas que detentan los representantes de supuestas fuerzas ultraterrenas. En “Los defensores”, relato publicado en la revista “Galaxy” en enero de 1953, Philip K. Dickexpuso la idea clave de cualquier complot, que mejoró en la novela de 1964 “La penúltima verdad”: ante la amenaza de una guerra termonuclear, la humanidad que puede migra hacia enormes cuevas subterráneas desde las que mantendrá la producción industrial de armamento para la guerra. Sobre la superficie terrestre quedan unos pocos enclaves de “políticos comprometidos”, quienes junto a sus asesores militares arriesgan la vida por el “american way of life” o por la “igualitaria sociedad socialista”. De manera regular envían mensajes al subsuelo donde narran los horrores, privaciones y sacrificios que sufren. El tinglado queda delatado cuando un trabajador subterráneo sale a la superficie llevado por una necesidad apremiante. Descubre dos cosas: el mundo no está plagado de contaminación y enfermedades mortales, y los “valientes políticos”, junto a sus asesores, son terratenientes que viven de la reconversión de la producción industrial del subsuelo. Hacia 1934, el año en que Hitler asume plenos poderes tras la muerte de Hindenburg, en las páginas de la revista de orientación católica “Esprit”, se publica un breve texto de Emmanuel Levinas titulado “Algunas reflexiones sobre la filosofía del hitlerismo” (FCE, Buenos Aires, 2002). No aparenta ser una réplica al hitlerismo de Martín Heidegger, pero no es eso lo importante, sino su interpretación del marxismo como ruptura con el “humanismo” de la Ilustración: “si la intuición fundamental del marxismo consiste en percibir el espíritu enuna relación inevitable con una situación determinada, este encadenamiento no tiene nada de radical…Tomar conciencia de la situación social es para el propio Marx liberarse del fatalismo que ésta comporta”. Repitamos: “el espíritu sometido a una relación inevitable con una situación social”, tal situación puede ser la del trabajador ante su patrón, la del enfermo ante su enfermedad, la del ciudadano ante la información que recibe, pero “este encadenamiento no tiene nada de radical” porque, en fin, el trabajador puede obtener más y mejores derechos, el enfermo podrá sanar si se desarrolla la cura precisas y el ciudadano tomará mejores decisiones si consigue o construye información confiable. La fatalidad de una situación tiene dos componentes: la inconsciencia de la naturaleza de los mecanismos que la hacen posible, y la carencia de conocimiento y medios para remontarla. Una teoría de la conspiración encadena porque manipula la información y niega los medios de obtenerla, su fuerza reside en ser la fuente única de conocimiento y en la aceptación acrítica de sus dichos debido al pánico que pueda generar. ¿Es el coronavirus producto de una reunión entre los ricos del mundo para desplegar un plan que elimine a la población superflua? ¿La pandemia de Covid-19 es un distractor que oculta la quiebra de los bancos más grandes del mundo y la utilización de los recursos de las sociedades humanas para solventarla?¿No es necesario hacer pruebas en la población porque de nada sirve saber el número de infectados?¿Se encubre el número de muertos por Covid-19 con la estratagema de la “neumonía atípica”? Se puede reconocer una teoría de la conspiración por relativizar las situaciones a la operación de un grupo oscuro (los reptilianos, la mafia del poder, el club de Bill Gates, los sabios de Sión, la masonería, el conservadurismo) cuya existencia es secreta pero ha sido descubierta por un iluminado, o asociación de iluminados, que manejan información a partir de fuentes inaccesibles para otros (los rollos del mar muerto, el arbusto de Moisés revelaciones oníricas). Pero el criterio básico de toda teoría conspiratoria que ya aspira a ser hegemónica es la eliminación de la crítica. En los días que corren, bajo la presión de una pandemia que primero se minimizó desde la oficialidad y después se dramatizó, cundió la recomendación hacia la población de sólo aceptar información de las autoridades.Quizá para controlar la información, esperemos que no para evitar el pensamiento crítico. Si acaso tienen algo que aportar las universidades, y la gente educada, es su pensamiento crítico. ■

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