Economía y cambio climático: o el capitalismo o la vida

Economía y cambio climático: o el capitalismo o la vida

El sistema económico que ahora mismo tenemos se sostiene por un modelo de consumo que es altamente letal para el medio ambiente. Todos los componentes que movilizan a la economía tienen algún motivo ecocida: los cloro-fluoro-carbonos, que se usan para la producción de desechables sobre la base de unicel y materiales afines, abren la capa de ozono que, sabemos, está haciendo estragos en los polos, con efectos multiplicadores en el conjunto del clima; no se digan los gases efecto invernadero que son producto de combustibles de origen fósil, como el petróleo, gas natural y carbón. Toda la economía se mueve con esa energía, al grado que cada punto de crecimiento de PIB de los países más industrializados equivale a niveles de consumo de estas energías. A mayor crecimiento de sus economías, más gases en la atmosfera que cambian el clima. El capitalismo no puede dejar de crecer, si lo hace se destruye. Por eso, los estudios más serios sobre la relación entre Capitalismo y Cambio climático llevan a la lapidaria conclusión que se puede frasear: o sobrevive el capitalismo o sobrevive la vida humana. El capitalismo, tanto en sus formas de producción como en sus patrones de consumo, es esencialmente ecocida.

Gobernados ahora por el capital financiero (la llamada financiarización), lo cual implica que hay un mercado de dinero y capitales (valores) que intenta obtener ganancias especulado o manipulado el costo del dinero (los intereses), cosa que está en la inversión en empresas que obtienen ganancias rápidas y de corto plazo: nada que ver con las necesidades de la población. Pero nada es nada. Las lógicas de los capitales financieros que mueven la economía están separadas de la vida, el cuidado del planeta o el desarrollo humano. No hay algún Estado que regule los mercados de valores. Se regulan solos y ejercen la forma de Imperio contemporáneo. Estructuras económicas que provocan masas de riquezas espontaneas para algunos magnates, crisis de pueblos completos en cuestión de semanas y una maquinaria que deteriora los recursos naturales estratégicos para la vida humana sobre este planeta. Un ejemplo: veamos los móviles que llevaron a la quema de la selva amazónica de hace un par de meses.

Para salvar el planeta debe recuperarse la economía misma: pasar de la crematística (búsqueda de la riqueza por sí), a la economía (cuidado de la casa de todos). Pasar de la búsqueda de ganancias de corto plazo a la satisfacción de las necesidades humanas junto al cuidado del planeta. Para ello, se requiere necesariamente superar el capitalismo y pasar a una Democracia Económica donde sea posible el control social de la economía. En ello nos va la vida o, mejor dicho: en ellos va la vida del planeta. O creamos una economía post-capitalista o nos atenemos a la devastación del medio ambiente. En otras palabras: o el capitalismo o la vida.

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