Lectura y conocimiento

Lectura y conocimiento
Mujer asomada a la ventana, 1822. Su autor, Caspar David Friedrich, nació un 5 de septiembre de 1774, así lo recordamos en La Gualdra

La Gualdra 398 / Río de Palabras

 

Comienza el semestre. Un nuevo grupo con jóvenes a los que nunca había visto esperan dentro de una de las aulas del vetusto edificio de la Prepa I de la UAZ. Un aula con techos enormes, larga y estrecha que en otro tiempo funcionó como un laboratorio. Ahora es el salón de tercer semestre del grupo M. Son alrededor de 30 muchachos a la expectativa de recibir los cursos de este semestre. Se respira una cierta expectativa. Esperan curiosos a quienes serán sus nuevos maestros.

Entro y saludo: “Buenos días”. Me saludan sin mucho entusiasmo y en seguida se colocan en sus asientos, también sin mucho entusiasmo. Les digo rápidamente cómo los evaluaré y comienzo con una pregunta: ¿por qué leer? Las respuestas no abundan, y entre las pocas que se escuchan los jóvenes expresan que para aprender léxicoy palabras nuevas, para conocer y obtener conocimientos, pero por alguna razón no los siento muy convencidos. La razón: han leído muy poco.

Me extraña escuchar que han leído unos tres o cinco libros, los que más, aunque por ahí alguno de ellos supera esta cifra preponderante con más de diez libros en su haber. Me extraña, sobre todo porque según el plan de estudios, mis colegas de preparatoria tendrían que haberlos puesto a leer por lo menos seis libros en los semestres anteriores. Si lo hicieron, los jóvenes con toda honestidad me confesaron que no los leyeron, por lo que seguramente burlaron al profesor con un ensayo robado de internet; o bien, los docentes anteriores no consideraron la lectura como algo que valiera la pena.

Esto no es nuevo para mí, me doy cuenta cada año, cada semestre y en cada curso que doy que los jóvenes no leen. Mi intención, entonces, es hacerlos conscientes que como estudiantes eso no puede ser posible, pues la lectura es la forma en que se pueden apropiar de una gran parte de los conocimientos académicos, pues de nada sirve que un profesor, así tenga un doctorado en ciencias y sea una eminencia en el tema, les dé una gran cátedra sobre algún tema, si no existe la reflexión que la lectura deja.

Y es que cuando leemos procesamos la información, tejemos en nuestro cerebro redes neuronales de conocimientos, reflexiones e ideas, que luego se pueden entrelazar con otras lecturas y construimos de esa manera una base teórica de conocimientos que a posteriori nos ayudarán a cimentar nuevos conocimientos.

Además, con la lectura activamos estímulos neuronales que ejercitan nuestra mente con una actividad cerebral muy amplia, pues al imaginar lo que leemos, como lo hacemos con un cuento o una novela, estamos activando regiones del cerebro que se activan también con experiencias reales, la lectura, vista de esa forma es como una experiencia virtual que nos ayuda a darle a nuestro espíritu y la interminable capacidad cerebral que tenemos, información que se convierte en conocimiento.

Así que la próxima vez que vayamos al aula, no dejemos de lado las lecturas que nos asignan, ni dejemos de hacer las tareas que nos tocan, pues es por medio de estas actividades que en realidad podemos apoderarnos de un conocimiento real; si no, por más que tratemos de recordar cuáles eran las etapas geológicas de la tierra, eso que alguien en un aula de secundaria nos dijo que existía, no lo podremos recordar de ningún modo.

 

 

 

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