El Buen Morir: reglamentar el cuidado radical de la dignidad humana

El Buen Morir: reglamentar el cuidado radical de la dignidad humana

No es lo mismo Eutanasia que Suicidio. Y la cuestión ética que genera amplio debate en la bioética médica es la eutanasia o buen morir. La tradición del pensamiento en occidente llama al hombre ‘persona’, y es tal la fuerza del adjetivo que llegó a convertirse en sinónimo. Y el hombre por tener la cualidad de ser persona es que tiene autonomía, se puede producir-se a sí mismo junto con los otros. Y otra cosa: su vida es algo distinto al puro soporte biológico, es espíritu o vida-biográfica. En otras palabras, la vida de las personas no se limita a su biología, sino que es esencialmente biografía. Por tanto, historia y proyecto. El tiempo fundamental de una biografía no es el presente, sino el futuro (que constituye el sentido del presente). El presente por sí mismo es vacío, toda biografía es algo que se proyecta al futuro, ya sea lejano o bien cercanísimo. Esa tensión proyectiva en que vive la biografía se conoce como ‘cuidado’.

¿Qué ocurre cuando un ser humano deja de tener futuro, se desaparece su proyecto y pierde toda autonomía? ¿O cuando ese mismo hombre pierde toda posibilidad de tener expectativas de hacer plan alguno dado la situación de un dolor que no tiene solución? Pues pierde su ‘personeidad’, su carácter de persona. Ocurre la muerte biográfica. Y una persona sin biografía es un sinsentido. La pregunta es, ¿se debe sostener la biología de un ser humano aun cuando ha perdido su poder biográfico? En ese contexto el ‘cuidado de sí’ consiste en el bien-morir. Es una manera de rescatar lo más importante de una persona: su dignidad. Una persona convertida en vegetal es otro sin-sentido. Lo cual significa: sin-biografía-no-tiene-sentido-la-vida-biológica en las personas. En este contexto, lo mejor es que aun con las posibilidades de decisión autónoma, la persona en este trance decida terminar la vida.

Cuando entendemos que lo valioso no sólo es cantidad, sino calidad de vida, la perspectiva cambia. En el suicidio la cosa es muy otra, generalmente en estos casos no hay un ejercicio pleno de autonomía cuando se ejerce. La eutanasia (para que lo sea) supone una decisión como cuidado de sí, en paz y libremente. Las razones de la decisión son evidentes, claras y distintas. La pregunta es ¿cómo pasar de esta exigencia bioética a la norma jurídica que la opere?

Como se trata de administrar la muerte de una persona, la ley debe cuidarse al extremo. Prever los escenarios posibles, los procedimientos, formas de verificación y un robusto etcétera. Desde el 2008 ya hay normatividad sobre el tema en México. Lo que se conoce como ‘eutanasia pasiva’ para enfermos terminales ya representa un avance. Falta avanzar en la llamada eutanasia activa, para ello, ya existe una iniciativa de ‘voluntad Anticipada’ que debe terminar en modificaciones de los Códigos Civiles para reglamentar la muerte digna. Y como en otros temas, el pensamiento conservador deja ver el sebo sobre su corazón: su incomprensible incomprensión del mundo. Ojalá y se avance en la normatividad del buen morir activo que defienda la dignidad de la persona humana: el radical cuidado de sí mismo.

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