Armando Ramírez (1952-2019). En Tepito amamos las vocales y las prolongamos al infinito

Armando Ramírez (1952-2019). En Tepito amamos las vocales y las prolongamos al infinito

La Gualdra 394 / Libros / Op. Cit.

 

Nació en el Chilango y murió también en él.

A Armando Ramírez se le podía encontrar en cualquier rincón de la gran ciudad, si digno de su vista era. Armando, chilango mayor. Conocedor de la urbe como pocos, y especialmente de su centro histórico, su presencia en tal o cual sitio era garantía del mismo. Olfato o qué sé yo, años, tal vez, pero la presencia de Ramírez avalaba lo mucho de historia y cultura que recreamos los capitalinos. Él solo aportó mucho desde el periodismo y la literatura. Ejemplo de ello su novela Déjame, apenas puesta en las mesas de novedades hace un par de meses.

Ya no hubo tiempo de chismearle a Poncho, bien atento a los clientes de la islita del Café Villarías, en el pasaje de la calle López, ésa que hicieron suya los republicanos del exilio español hace más de medio siglo, oiga Poncho ya vio que está usted en la nueva novela de Armando Ramírez… Ya no. Tampoco volver a verlo micrófono en mano entrevistando, un par de calles adelante, a los muchos comensales de la paella valenciana, la de todos los días. Ya no. Sí para leer y releer su obra en este ahora triste, muy triste, Déjame, una novela en verdad entrañable.

 

De barrio…

Se le conoció bien como periodista cultural. Casi siempre con un micrófono en mano, de cara a la cámara de televisión y en algún espacio de la gran ciudad. Sus crónicas acerca de barrios y lugares de “rompe y rasga” son ya imprescindibles. Como buen tepiteño, su habla cotidiana no era distinta a la de millones de chilango-hablantes.

Ramírez (1952-2019) se adentró también en los laberintos de un oficio más. El de escritor y, específicamente, el de novelista. Sus títulos, Chin Chin el Teporocho, Noches de Califa, Pu, Quinceañera, La casa de los ajolotes, ¡Pantaletas!, La Tepiteada y Fantasmas, han tenido una buena aceptación del lector, algunos de ellos reeditados, siempre al margen de grillas y capillas, características del medio de los escritores en este país.

Ahora Ramírez “vuelve” con Déjame, una novela cien por ciento urbana, cien por ciento emocional, también, que nos habla de las quimeras de toda relación amorosa en tiempos por demás cercanos. Una novela entrañable que asomada del entendimiento del oficio escritural del autor, aterriza en los entresijos de sus lectores. Suma de alcances que presenciamos de principio a fin, en cualquiera de sus rincones, sin importar cuánto de suyo sea verdad y cuánto no.

¿Qué cuenta Déjame, también ejemplo de eso llamado autoficción?

Se trata de varias de las historias amorosas de un personaje llamado Armando, periodista cultural de la televisión mexicana, sin duda un gran conocedor de la gran ciudad y de su Centro Histórico. Es la suma de realidades y sueños, transparentadas al máximo, de un hombre al que parecen dársele bien las relaciones tóxicas y con un permanente miedo al silencio. “El silencio es terror”.

Entre la realización de un reportaje y otro y la aparición de Lucía en su cincuentona vida, Armando detalla (permanente narración en primera persona) sus relaciones con Daniela, Claudia, Guadalupe, Gina, Carmela, Carmen, Francia… Amoríos semejantes en su imposible granjeo, pero disparejos en sus (bellos) perfiles personales. Todos, eso sí, vividos (y muertos) en escenarios de excepción: de la calle Guatemala a Garibaldi y de La Merced a la colonia Doctores. “La nostalgia del barrio más fuerte que nunca”.

Consecuencia afortunada de su oficio periodístico, el autor tiene esa cierta facilidad (certera) para describir sitios en apariencia insignificantes pero que, al recuperarlos en su contexto histórico, revelan mucho de lo que somos como sociedad. También misión del novelista.

Un ejemplo:

“En la esquina de Guatemala, tras cruzar la calle Brasil hacia el poniente, dejaba de llamarse así y adquiría su nombre antiguo: Tacuba; en esa esquina había estado el Bar León, centro de agitación social y cruce de ideas de la izquierda de los años setenta del siglo XX, al ritmo de la salsa y el son montuno. Por las noches, era una calle agitada: prostitutas, borrachos, antropólogos, periodistas, cineastas, músicos, rateros, policías secretos y de punto, vendedores de tacos y hot dogs. Y un hotel de paso a su lado”.

 

“Quiero estar sola”

Llegará la “palabra cabalística” a las vidas de Armando. “Déjame, déjame, no te pido nada, sólo déjame, déjame, por favor, quiero estar sola…”.

Aunque para entonces, acompañado de sus lectores, habrá caminado los laberintos violentos de la geografía citadina, sin olvidar la vieja Tenochtitlan, y atracado en la oscuridad en que los sismos la dejaron. “Ahora me doy cuenta de cuántos miedos estoy hecho. De cuántos miedos vive el ser su existencia”.

Déjame, la nueva novela de Armando Ramírez, “en Tepito hablamos más cantado, hasta la exageración, amamos las vocales y las prolongamos al infinito”, y que como una de las parejas de Armando “parece cuento de las mil y una mentira, pero no”.

 

 

 

Armando Ramírez, Déjame, Océano, México, 2019, 204 pp.

* @mauflos

 

 

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