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Posibilidad y realidad

Posibilidad y realidad

Curioso, pero no tanto, por qué poner primero la carnada y a la locomotora de la democracia, hasta el final; cuando, se supone, debería estar al principio, imaginando, pensando, comunicando, qué se quiere lograr, mediante elecciones libres, ¿la democracia? ¿En serio? Cuando se celebran elecciones libres, todos, en igualdad política – electoral, pueden participar y votar. En Venezuela, el mismo Guaidó, queda incluido en ese proceso, como un candidato más o el único, si nadie más se inscribe como tal. Pero, nunca falta un metiche y desde el norte, Trump, enrarece el clima, en vez de comprender y ayudar a aclarar que lo fundamental para Venezuela se llama democracia, a la que urge se instale y fortalezca institucionalmente para que tirios y troyanos, suspirantes por el Poder político, cada uno con sus refuerzos de “poder” cívico – políticos, sean los primeros convencidos de que es con votos y no con armas, ni propias, ni las de Trump, como se disputa con claridad y enjundia democráticas, el acceso al poder político con las acotaciones institucionales adecuadas para que quienes ganen, no duren más de un período o, si se legisla también el poder presentarse a una nueva elección; quien ganara, podría gobernar por otro período institucional.

A las mayorías partidarias, sin organizarse, afinar y aceptar bien esto, les será difícil mantener en desarrollo una cultura democrática como ambiente propicio hasta para debatir cambiar, cuando se quiera o necesite, además de prepararse para ser capaces de trazar y debatir sobre el presente político y cultural, o para proponer y centrar el debate sobre las trayectorias institucionales posibles y pasadas las elecciones seguir en el debate de cuál y cómo sería otra etapa “normal” de desarrollo o progreso, al cual sirva el poder político como respaldo actuante para su construcción. Por supuesto, al celebrar elecciones, unos ganan y otros pierden mediante la votación. Quienes pierden, deberían sumar sus recursos culturales para influir el debate como oposición, con sus ideas o propuestas, o con distintas opciones de desarrollo que presenten como alternativas a experimentar, dependiendo esto de los distintos niveles de fuerza, poder y hasta ubicación o localización de la gente: provincial, “regional”, ¿municipal?, etc.

¿De qué trata todo eso? De algo tan sencillo como del poder propiciar, generar y experimentar la diferencia con esmero e implicación política incluso organizativa, más todos los recursos disponibles, como libertad, responsabilidad, educación, cultura política – democrática, in situ, etc.

Se trata de no volver tragedia, una vez más, en la historia política del mundo, la democracia que se dice urge inicie a operar en Venezuela, con la concurrencia primaria de toda la ciudadanía en las urnas, necesaria e imprescindible, para construir, entre todos, aun si opositores, una democracia, a la que así todos concurren a constituir y regular con su voto, ordinario o extraordinario, como el instrumento político efectivo y capaz de facilitar y regular la convivencia política democrática básica entre todos los electores venezolanos, quienes para eso requieren acudir a votar y volver a hacerlo cuantas veces se necesite para sostener como democrática SU institucionalidad, a pesar de los dichos o dicterios, como los de Trump; quien si pudiera, se haría elegir rey de medio mundo, si la gente, la ciudadanía, lo deja.

¿Cómo se apoya a Guaidó? Desde arriba, con todo, inversión, donativos, facilidades económicas y políticas para propiciar, se supone, que Venezuela salga del bache económico creado hasta por la misma potencia imperial que conduce Trump con su ideología y práctica de capitalista rapaz, inmisericorde con cualquiera, sea persona, país, organización o gente, que política y económicamente se le oponga.

En Venezuela, ¿a quién representa Maduro? Hoy, ya no es el sucesor de Hugo Chávez, legendario estadista, quien de una forma u otra enfrentó y contuvo al capital para arrancar y ofrecer más beneficios al pueblo de Venezuela, durante su mandato ¿hoy legendario? Quiera o no, a Guaidó le toca competir y triunfar para salir del legislativo y transitar como Gobierno, entre presiones distintas, realmente existentes y hasta opuestas, aunque objetivamente “concurran” en tomar parte de la política, la economía y la cultura, en Venezuela. ¿De veras tiene a la mayoría?

Por cierto, ¿quién no recuerda a la Universidad Central de Venezuela, ejemplo de modernidad, de hace tiempo y de la que se esperaba proveyera al país de la infraestructura cultural para períodos sociales largos en los que se habría de navegar con fuerte carácter operativo y prospectivo el trabajo gubernamental, político, cultural y económico. De por medio estaba su capacidad para lograr existir a largo plazo. Hoy, las fotos de la misma, muestran abandono, ruinas, ¿qué desilusión llevó a eso? Si a la izquierda se debe reconocer como obligación el trabajar duro para que las instituciones democráticas, en verdad, beneficien a todos, en especial, para que los más necesitados dejen de serlo y se conviertan en sujetos con capacidad propia, social, económica y cultural para hacer sus vidas, donde estén, en compañía de otros, aunque la magia de todo eso hoy esté trizada por las diversas ofertas de los mass media, orientados más hacia el mercado que hacia la potenciación ciudadana de incrementos en inteligencia y cultura. ■

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