Hay que mostrar que el acoso, los golpes y la violación, son intolerables.

Hay que mostrar que el acoso, los golpes y la violación, son intolerables.

El movimiento #MeToo surgió en Estados Unidos hace año y medio y ya ha sometido a escrutinio y escarnio públicos a algunos de los hombres más poderosos del mundo, desde políticos, magnates del cine y dirigentes empresariales. Los más llamativos ejemplos han sido un director de cine y el expresidente de Costa Rica, Óscar Arias Sánchez, a quienes varias mujeres acusaron de conducta sexual inapropiada. No obstante, hasta ahora ha sido poco el efecto que el movimiento ha tenido en el problema más generalizado de abuso sexual, acoso y violencia que perpetran los hombres que no son ni famosos ni tan poderosos. En México siguen siendo dominantes la culpabilización de las víctimas, la impunidad de los agresores y la indiferencia de las autoridades.

De acuerdo con Sarah Khan, politóloga de la Universidad de Yale, el cambio de conducta que se requiere se construye a partir de las percepciones que las personas tienen sobre las creencias y los valores de los demás y no solo de lo que cada uno cree al respecto. Esto es, la reducción de la conducta sexual inapropiada exige que se muestre masiva y frecuentemente que las creencias de personas muy conocidas y respetadas han cambiado positivamente. Algunos expertos argumentan que se requieren eventos públicos importantes, encuentros mediáticos y otras experiencias compartidas que tengan la capacidad de mostrar que las nuevas creencias ya no admiten la tolerancia del abuso a las mujeres. Para ese propósito sí están contribuyendo las intervenciones de las celebridades en distintas regiones del mundo.

El año pasado llamó la atención que diversos actores varones en E. U. mostraron solidaridad señalando: “Aplaudimos la valentía y prometemos que daremos nuestro apoyo a las valientes mujeres y hombres, que se han presentado para contar sus experiencias de acoso, abuso y violencia a manos de los hombres en nuestro país. Como hombres, tenemos una responsabilidad especial para evitar que el abuso suceda en primer lugar. Después de todo, la gran mayoría del acoso sexual, el abuso y la violencia son perpetrados por hombres, ya sea en Hollywood o no”.

En nuestro país, el movimiento #MeToo recibió un impulso importante la semana pasada después de un mensaje en Twitter en el que un escritor fue acusado de golpear y acosar a más de diez mujeres, lo que desató una avalancha de mensajes donde diversas mujeres detallaron desde humillaciones cotidianas hasta casos de abuso, hostigamiento y violación. Y ya inició el proceso también en Zacatecas y otras entidades. Y no podía ser de otro modo, pues como dijo Sabina Berman, novelista y columnista mexicana: “En México el abanico de violencia contra las mujeres es inusualmente amplio para un país de Occidente”, “Va desde el piropo no requerido, pasa por el acoso que es común en los usos y costumbres, hasta la prohibición del aborto, la violación y el feminicidio”. El inusual número de mujeres que recurrieron a esa red social para hacerr sus denuncias es un indicador de que en México se aproxima un cambio respecto a la violencia, acoso y maltrato de las mujeres, problema arraigado en un país que ha abierto pocos espacios para que haya rendición de cuentas o debates públicos al respecto.

Es evidente que en México llegó la hora de reconocer la valentía de artistas, deportistas y mujeres líderes del país que han hecho públicas las historias de violencia sexual de la que han sido objeto, y de condenar de manera enérgica esos actos para poner fin a ese pernicioso fenómeno experimentado principalmente por las niñas y las mujeres, y demandar investigaciones con perspectiva de género y sin revictimización con el propósito de garantizar que cualquier hecho de esta naturaleza no quede en la impunidad, sea sancionado legalmente, se repare el daño a las víctimas y no se vuelvan a repetir. Hay que alentar a las víctimas y a las organizaciones de apoyo a encontrar maneras seguras de hacer llegar información a la autoridad competente sin que se presenten efectos indeseables y dañinos para las denunciantes. Hoy se requiere una exigencia respetuosa pero enérgica para que las autoridades actúen de manera diligente, profesional, sin dilación y sin prejuicios o sesgos de género, haciendo prevalecer en sus investigaciones la perspectiva de género y el respeto a los derechos humanos, para evitar procesos lamentables de revictimización de las niñas y mujeres. ■

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