Guardia Nacional, desabasto de gasolina y doctrina del “shock” (Primera de dos partes)

Guardia Nacional, desabasto de gasolina y doctrina del “shock” (Primera de dos partes)

Dinamitera de la común estupidez humana, es la filosofía. Gran aliada en tiempos frívolos y turbulentos. Evita la ceguera política, las menudencias de periodistas a modo, los lugares comunes de “analfabetas ilustrados” que manejan con destreza la zalamería y las medias tintas, que confunden hechos y deseos inteligentes, con pareceres y ficciones.

Por ello, es útil recurrir a pensadores serios de visión aguda, cuya luz ilumina los contornos obscuros de los acontecimientos, horadando sus misterios.

Karl Jaspers, psiquiatra y filósofo alemán, da lecciones de cómo enfrentar las amenazas del poder contra la libertad: conociendo la naturaleza de las mismas. Aparecen ellas con frecuencia en el horizonte. Desde el momento mismo en que por primera vez las amenazas se acercan para tocar a la puerta de cualquier nación, todos deben conocerlas. En su primera aparición, asumen el papel de adalides de causas superiores como señuelos, utilizando los “medios del mundo libre” para después socavar ese mundo, señala Jaspers.

Las amenazas mismas, sus correligionarios y la masa, creen que se va de verdad tras un ideal, obsesionados dice Jaspers, con los problemas de la seguridad. En realidad, todos ellos participan de una impostura. Cuando dan sus primeros golpes y el poder todo lo absorbe, “ya hace tiempo que las masas han sido capturadas por una red de ficciones”. En puridad, se abdica de la libertad en búsqueda de seguridad.

El poder entonces se ejerce como una potencia sin deseo de fines; potencia que se actualiza indefinidamente para disponer de los medios, sin otro objetivo que el de tener a la mano esa disponibilidad. Es como una semilla que al final no se actualiza en árbol, sino en una semilla más y más grande: el medio se hace fin. Ese es el poder que desmitifica Platón en el Gorgias. Es el poder como voluntad en pugna con el poder como servicio. El primero conduce al nihilismo político que equivale a la nada de consistencia, a la nada de los fines.

Ya están las primeras amenazas a la puerta de la nación, como Catilinas de estos tiempos, mientras tantos discuten sobre ¡índices de popularidad! Militarización de la seguridad rebautizada ahora con nombre atractivo, según el consejo de Talleyrand de cambiar los nombres a las instituciones para encandilar políticamente; es la Guardia Nacional con mando civil de membrete que equivale a una especie de Estado policíaco-militar que aterra, junto con el esquema de los fiscales sin independencia y el aumento en los supuestos de prisión preventiva, en detrimento del principio democrático de presunción de inocencia, haciendo caso omiso de las recomendaciones de prestigiados organismos locales e internacionales, defensores de las libertades.

Otra amenaza ya realidad, es la estrategia de consultas plebiscitarias suplantadoras de la indispensable intermediación democrática; muy probablemente con el tiempo, tales consultas en muchas ocasiones, harán a un lado la necesidad de representantes en el Congreso, lo que sin duda ocasionará depresión honda en los diputados y senadores.

Afirma Jaspers, que en una atmósfera de manifiesta y generalizada comprensión de los hechos por el pueblo, no prosperan las amenazas del poder como voluntad, a los valores sagrados del hombre. La ausencia de esa comprensión resulta suicida para las naciones en dichas circunstancias.

Otra lumbrera de la filosofía es el coreano Chul Han, profesor de la materia en la Universidad de Berlín. Nos habla él de la psicopolítica que prevalece en el mundo y de sus métodos para capturar el inconsciente de las multitudes amantes de los medios digitales y del narcisismo. A través de las redes sociales, las turbamultas se exhiben sin inhibiciones, proporcionándole al poder los instrumentos idóneos para manipular a su antojo la parte prerreflexiva de los individuos despersonalizados que componen las masas atrapadas en el enjambre digital.

Chul Han hace referencia a Noami Klein y su libro, “Doctrina del Shock”. Tiene el mismo dos protagonistas, los doctores “shock”. Uno es un médico que somete a sus pacientes humanos a electrochoques, en un experimento financiado por la CIA durante la Guerra Fría, con el fin de eliminar los “malos elementos” que habitan en sus temblorosos cerebros. Todo ello para contribuir a la lucha contra el comunismo. En el fondo de tal experimento de lavado de cerebro, late dice Chul Han, “la oposición maniquea entre el Bien y el Mal”.

El otro protagonista es el campeón de la Escuela neoliberal de Chicago, estableciendo Klein paralelismos entre los dos doctores “shock”. Para el segundo, el de Chicago, una situación de desastre -como por ejemplo diríamos nosotros, la dejada por el régimen saliente- resulta una oportunidad ideal para que la sociedad se reconfigure. Es el momento adecuado para aplicar las técnicas del “shock”, de la medicina amarga, con el fin de limpiar su mente, vaciarla de contenido y rellenarla después para su transformación. Es una tarea terapéutica de vaciamiento y relleno.

Es precisamente cuando ha sido vencida y dejada sin defensa, que la mente sin chistar acepta la reprogramación. Cuando la gente en general está todavía paralizada por el desastre, ella se convierte en presa fácil de los condicionamientos del poder neoliberal. Esta doctrina del “shock” es perfectamente aplicable a los condicionamientos e imposiciones de cualquier sistema de poder como voluntad, sea de índole capitalista o no. ■

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