Diferencia de desempeño e impactos: el riesgo de decepción anticipada

Diferencia de desempeño e impactos: el riesgo de decepción anticipada

El gobierno que inicia ha generado expectativas altas y eso puede tener consecuencias que no se han previsto. La gente espera ver cambios importantes en la realidad que vive: espera observar mejoras en sus niveles de ingreso, que el número de pobres disminuya, la calidad de la enseñanza aumente y que el conjunto de oportunidades para estudiar o atender su salud o conseguir un empleo mejoren sustancialmente. Sin embargo, no es lo mismo conseguir efectos de mejora en el desempeño del gobierno, los resultados de la acción del mismo, que los llamados impactos. La temporalidad del desempeño, los resultados o los impactos es muy distinta. Se pueden lograr cambios en el desempeño del gobierno con cierta rapidez, con tiempos más largos se puede ascender a mejoras en los resultados, pero el cambio de la realidad (los impactos) es algo de más largo plazo. Necesariamente así es. Por tanto, esperar cambios de la realidad en poco tiempo es un despropósito. Y cultivar la esperanza de eso, es un desatino contraproducente.

Por ejemplo, en el campo educativo se pueden mejorar los procesos de selección de profesores, acondicionar sus condiciones laborales con infraestructura escolar, hacer esquemas administrativos más eficientes, y capacitar a los docentes en modelos pedagógicos que atiendan los retos de los nuevos tiempos. Pero los efectos de este buen desempeño, como formar niños con valores importantes, cultivar habilidades de lectoescritura o competencias en razonamiento matemático, es algo que lleva más tiempo. Y que esas competencias se vean transitadas en los diferentes niveles educativos lleva aún más tiempo. En suma, el riesgo es que se han cultivado expectativas no de mejorar rápido el desempeño del gobierno, sino de tener impactos rápidos. Cosa muy diferente.

Los dos primeros años (a lo mejor) podremos observar que el gobierno hace cambios esenciales en su desempeño, como mejoras en la balanza hacendaria progresiva, que los más ricos paguen más, y los pobres reciban mejores oportunidades, que la corrupción no se haga presente en el uso de los recursos públicos, lo cual implica procesos administrativos totalmente transparentes. En este caso, el indicador de desempeño está en la medición de las dimensiones del sistema nacional anticorrupción. En el caso de los programas de desarrollo social los indicadores de desempeño están centrados en la implementación de los nuevos programas que se impulsen: el costo de las burocracias que los ejecuten, la distancia que media entre la salida de los recursos y sus destinatarios finales, y las capacidades relacionales de la administración pública con los beneficiarios. En todos los grandes programas de desarrollo, veremos que en sus diseños (si los diseñan con marcos lógicos) señales los indicadores de desempeño, los de resultado y los de finalidad (impacto). Estaremos atentos de ver cómo ocurre este aspecto del diseño de los programas de gobierno. Es decir, el desempeño en el propio proceso de planeación. En el ámbito del desempeño veremos (tal vez) algunas mejoras, pero en la realidad, los cambios se verán después de varios años. Si la población no tiene este asunto claro, es probable que entre en decepción anticipada.

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