Otro buen final

Otro buen final

Se llega inminentemente a otro final, el del año, acompañado de algunos episodios de todos tipos. Para cada persona la jornada anual ha alcanzado su final de calendario; culminan los compromisos laborales y estudiantiles. Tiempo de fiestas, convivencia, comelitonas, vacaciones, aventuras y la aparición de circunstancias decisivas en la vida de miles de personas por cuestiones de tiempo, simplemente. Otros cumplen ciclos y ven hacia el futuro; para otros es un momento de reflexión que vale la pena llevar a cabo experimentar para enfrentar jornadas futuras.

El festejo principal de estas épocas, desde tiempos no muy lejanos, es la temporada llamada Navidad. En ella, por regla general, se busca el acercamiento armónico familiar, laboral y de amigos en el que la felicidad sea la constante en medio de los buenos deseos de todos hacia todos. La risa, la alegría y todas las actitudes habidas y por haber que tiendan a lo que se entiende por felicidad, se presentan indistintamente, casi todo mundo deja en la petaca los colores de la guerra y se dedica a ofrecer a los demás lo mejor de sí mismo. Es época de entrega. De afecto. Y todos se reciben y entregan a la versión de sí y del prójimo.

De hace unas cuatro décadas el asunto de la convivencia comunitaria y familiar se fue llenando de espontaneidades un tanto inútiles marcadas por las tendencias de la mercadotecnia y los desplantes narcisistas de gran parte de la población que engrosa graciosa y progresivamente la sociedad de consumo y lo que desde estas líneas siempre se ha llamado sociedad de desperdicio. Muchas veces un gran porcentaje de los productos desplazados durante las jornadas de intercambio de regalos terminan en la basura antes de que concluya la jornada del día veinticinco de diciembre. Pero así se ha desarrollado este vacilón.

Al problema de sobreconsumo y desperdicio se manifiesta como desgaste psicológico, todo mundo espera recibir regalos de acuerdo a su categoría de cualquier tipo en sus entornos de vivencia, o ya de perdida recibir algo que cueste más de lo que se aporta. Cuando las cuentas no salen a favor suelen acumularse muchas malas opiniones porque unos reciben más y otros reciben menos de lo que merecen; así aparecen algunos desdenes, desplantes, rencillas, envidias, celos que van a permanecer durante todo el año y van a empañar muchas buenas relaciones.

Otro peligro inminente es la exageración en los gastos que llevan implícitos todos los festejos, comidas, briagadas, reventones, antrazos y demás inventos de nuestras generaciones para darle vuelo a la hilacha. Todo cuesta y a todo mundo le da la impresión de que con su raquítico aguinaldo les va a alcanzar para todo.

Agregue usted el desperdicio de de todo tipo. Plásticos, materiales de protección y embalaje de todos los productos que se consumen y generan cantidades de deshechos que casi siempre sobrepasa la capacidad de los servicios públicos para hacer un manejo ambiental de residuos adecuado y tener alguna idea coherente para la disposición de los mismos de una manera mínimamente sostenible y no tan brutal para el medio. A todos los residuos se les denomina basura y bajo ese aspecto se perpetúan malas prácticas sociales que impiden un control sobre el deterioro ambiental desde las prácticas domésticas. Luego, la contaminación empieza a hacer de las suyas con las consecuencias que ya todos saben. Buaj.

Entonces, si se pudiera recuperar el espíritu de los tiempos no tan remotos, donde lo más importante no se medía por su valor monetario, sino por su valor afectivo, moral, emocional. Las personas se regocijaban por el solo hecho de convivir alrededor de buenos momentos familiares, de una gastronomía colectiva deliciosa, además de que se aprovechaba para discernir sobre algunos asuntos familiares o personales que bajo el cobijo de la opinión de una acalorada discusión de memorables guarapetas fraternas que afianzaban relaciones afectivas de niveles indescriptibles y de algún modos se rescataba el principio aquel, no se sabe qué tan bueno siga siendo, de que “La Familia es Primero”.

Si se sustituye un regalo costoso e inútil por un buen abrazo o por unas palabras de afecto, la relación se va a fortalecer, más temprano que tarde. Si se ahorra en regalos y se gasta en cordialidad, la gente va a estar atenta a quien aporte los buenos momentos, las mejores ideas, las anécdotas más interesantes de cada quién. No tiene usted idea de las personas gratísimas que suele haber en cada familia y que no se es capaz de apreciar por andar pensando y ocupado y preocupado por cosas que se lo digo sin ánimo de decepcionarlo, no valen la pena.

Así que desde esta columna le recomendamos reaprender a mostrar sus acercamientos afectivos, al trato respetuoso, a la cortesía, que nunca está de más a ser un poco más cooperativo con sus semejante, al desprendimiento, de estar en paz consigo mismo, que, para empezar, le va a ahorrar un montón de dinero, va a contrarrestar todas las calamidades enumeradas al principio y lo va a predisponer a lo que busca este mensaje:
Ame a su prójimo.

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