La propuesta de Beatriz

La propuesta de Beatriz

Más que optimismo nacional por el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y el efecto Morena que favoreció a un abrumador porcentaje de sus candidatos a diputados federales y locales, senadores y presidentes municipales, el pueblo que constituye esta gran nación, se mantiene históricamente a la expectativa de que justamente se cumplan los ofrecimientos hechos en campaña para combatir la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la violencia y la desigualdad.
Nunca como ahora, la sociedad está atenta a los hechos desencadenantes que encabeza el nuevo gobierno, a la gran producción de notas periodísticas y comentarios en radio, televisión y redes sociales sobre el gabinete, los encuentros y los acuerdos sobre lo que marcará la “Cuarta Transformación”, pero hay una referencia obligada en la figura de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente electo que conviene analizar en dos sentidos, porque en forma decidida se ha pronunciado por desaparecer el concepto de “Primera dama”, en razón de que no hay mujeres ni hombres de segunda clase, y ha subrayado con sorprendente entusiasmo, la importancia estratégica de la cultura.
Una cultura para todos, inclusiva en su gran diversidad y riqueza, concebida como la herramienta más eficaz para combatir muchos males que hoy aquejan a la sociedad y dividen a la familia; una cultura participativa y transversal que no sea sólo privilegio de unos cuantos, sino que se convierta en un factor de identidad y unidad nacional, donde la participación de la mujer sea contundente.
Su participación en un mitin de Minatitlán, Veracruz precedente a la elección presidencial en junio pasado, constituyó un mensaje decisivo acerca de su papel en la vida política de México, y su concepción categórica sobre el empoderamiento de las mujeres al convocarlas a feminizar la vida pública instaura un elemento premonitorio del poder de su individualidad por encima de su leal acompañamiento a su esposo, en el que ella fue su principal compañera y una activa promotora del voto a su favor.
En ese lugar, manifestó que decir “primera dama” lo entendía como algo clasista- con profundo respeto a quienes la antecedieron-, peroque no iba con ella y que por tanto, habría que poner fin a ese concepto que ha prevalecido por décadas en la historia política de este país, en que las consortes de los presidentes para su suerte o infortunio, con talento o sin él, con o sin ninguna formación, sensibles o apáticas, posiblemente sin excepción, fueron remitidas a ciertas actividades sociales, pero condenadas a un silencio absoluto, sin posibilidad alguna de opinar.
Al respecto, como invaluable testimonio de esta ironía, existe un libro “La suerte de la Consorte” de Sara Sefchovich, editado por primera vez en julio de 1999 que cronológicamente hace un recuento de las esposas de los nobles y gobernantes que va del mundo Indígena, la Colonia, la Independencia, el movimiento de Reforma, la Revolución Mexicana hasta el Siglo 20, algo así como la descripción de 500 años de historia, donde las mujeres, según señala la autora, por su condición de intersección y de frontera, con sus ideologías fueron reproductoras de valores sociales y representaciones culturales, bajo el yugo de sus limitaciones y contradicciones, y en consecuencia, tuvieron influencia en la familia, la asistencia social y la cultura de las épocas que les tocó vivir.
Así, Beatriz Gutiérrez Múller mostró su fuerza y su necesidad de congruencia en sus palabras, por lo que no podía convertirse en aquello que criticaba porque no se lo perdonaría a sí misma; dijo que será solidaria con su género, con las mujeres de todos los extractos sociales donde el estado históricamente les ha fallado, y en esta oportunidad junto a Andrés Manuel López Obrador, no pueden ni deben fallarles.
Su incitación a la eliminación de “primera dama”, ha provocado distintas reacciones en una sociedad todavía clasista y machista como la nuestra, pero sin dudarlo hay una urgencia de reivindicación para las mujeres, independientemente de que sean campesinas, académicas, amas de casa o empleadas domésticas, ricas o pobres y su pronunciamiento sugiere que contribuirá a la formación de un gobierno sensible, humilde y horizontal.
A tono con su discurso, declaró que amaba la historia y la literatura como memoria viva del pasado para construir el presente y fortalecerse para el futuro, dijo que las palabras eran la gran fuerza motora para reconstruir el país, que el diálogo sería el puente conciliador de la paz que anhelamos.
Junto a su esposo que la escuchaba, puntualizó que no quería dejar de ser Beatriz, con sus propios sueños y batallas… y eso es mucho decir de su liberación y empatía con él y de él, ambos y los dos en la suscripción de un compromiso con la nación y sus habitantes.
En Zacatecas, hombres y mujeres estamos a la expectativa de que haya cambios y con sinceridad, se empiece a marcar la diferencia de la transversalidad, que vaya puntualizando también una diferencia ética y axiológica que nos devuelva la esperanza y la autoestima de lo que culturalmente somos como pueblo.
Postdata: Dada la importancia del poder transformador de la cultura, aguardemos a que el presupuesto federal para cultura se incremente paulatinamente, que las nuevas autoridades nombren a promotores culturales – mujeres y hombres de probada experiencia y vocación por su quehacer-, no a artistas ni políticos; que Fonart deje de ser apéndice de la Secretaría de Desarrollo Social para convertirse en el Instituto Mexicano de las Artesanías, como organismo público descentralizado, que sería la figura legal deseable para fortalecer este ámbito tan marginado a nivel nacional; que sea efectiva la idea de descentralización para apoyar a todas las regiones de la geografía nacional; que se instrumenten programas de sensibilización y apreciación de las artes para niños y jóvenes; que se estimule la microhistoria para dignficar a las abuelas y los abuelos que tienen mucho que compartir sobre su entorno y su historia de vida; que se instrumenten mecanismos de mayor apoyo y movilidad para las y los artistas que con seguridad, lo demandan con urgencia, así como mayor apoyo a la cultura popular, entre muchas acciones más. Se vale soñar, que no se olvide que la utopía es el germen de lo que podemos lograr.
Ánimo y fortaleza para todos.

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