La Alternancia, ¿Otra Hegemonía? (Un proceso electoral que se convirtió en movimiento social de multitud)

La Alternancia, ¿Otra Hegemonía? (Un proceso electoral que se convirtió  en movimiento social de multitud)

Se reconfigura el mapa político en el país, lo cual lleva a preguntar si hay otra hegemonía. Hegemonía refiere a estructuras más profundas, no sólo de los grupos que las expresan. Veamos: “hegemonía” (en Gramsci) es cuando hay una combinación de dominación y consenso de un grupo social sobre la totalidad de la sociedad; o en otras palabras: un grupo social representa a la totalidad social a través del dominio de su interés y consenso de sus valores. Hasta este sexenio son ciertas élites las que dominaban en el poder del Estado y la cultura política. Lo cual se expresa en políticas que beneficiaban directamente a dichas élites y en valores neoliberales legitimados. Como el caso de la reforma laboral, la estructura hacendaria y el provocar escándalo cuando alguien pretende la igualdad social (que lo “tachan” de populista). El resultado de esta hegemonía fue una estructura social con desigualdad extrema, fractura social (problemas serios de cohesión) en medio de una cultura política neoliberal (legitimación de los ataques a las medidas de justicia distributiva). Pero también tiene como resultado la llamada ‘captura’ del Estado, que a su vez es la causa de fondo de la odiada corrupción. Por ello, un cambio de hegemonía implica no sólo la alternancia en el sistema de partidos políticos, sino el relevo de grupos sociales que conducen al Estado, imponen sus (nuevos) intereses y forman consenso alrededor de otros valores políticos. En la alternancia del 2000, no hubo cambio de hegemonía. Ahora puede que sí ocurra.
Con lo dicho, la pregunta es, ¿el arribo de Morena en el dominio de la política nacional significa el relevo de grupos sociales en México y el ascendente de otros valores políticos? En concreto, ¿significa el posicionamiento de otras élites dentro del Estado que representan el impulso de los intereses de otros sectores sociales más ‘populares’ y la legitimación de los valores de la justicia distributiva? El paso del interés de los mega-ricos al interés de las capas medias y de los pobres. Y la cultura que descalifica las políticas a favor de los pobres como si fueran vicios, que se expresan a través del mote de ‘populismo’: el ataque a la intervención del Estado para impulsar la equidad, lo cual significa la embestida contra políticas sociales redistributivas. Ahora, el cambio de hegemonía significa que se realice una reforma hacendaria donde esos mega-ricos paguen sendos impuestos, el trabajo sea protegido, la seguridad social se universalice, se des-mercantilice el derecho a la alimentación y se distribuya socialmente el poder a través de presupuestos participativos y esquemas de administración pública enfocadas por la nueva gobernanza. Y además, la legitimación social de esta intervención del Estado, sus criterios de distribución de la riqueza y el poder y los consecuentes programas que se derivan de ahí.
Pues bien, si ocurre en efecto una nueva hegemonía, debemos esperar el antagonismo de los grupos sociales desplazados, que dicho sea claramente, han acumulado un enorme poder económico. Es decir, se tendría un choque con las élites mencionadas tarde que temprano. Se debe esperar el conflicto. Veo signos de esa nueva hegemonía: una movilización social enorme alrededor del proceso electoral, motivada por expectativas de cambios profundos (de estructura).Se han dado las condiciones políticas para iniciarlos o detonarlos, y hay mensajes que indican la intención de caminar hacia allá; (Vgr., el mensaje de victoria de Andrés, donde resurgió el “primero los pobres”). Ya ocurrió el primer paso decisivo: la movilización electoral. Y le llamo “movilización” porque el impulso del triunfo no fue sólo de los actores político-partidarios, sino que se convirtió en una tarea de las múltiples expresiones sociales, por ejemplo, cuando el candidato recibía ataques de parte de sus adversarios, no respondían solamente los militantes de los partidos que lo postulaban, sino que lo hacia ‘la multitud’ a través de las redes y, en ocasiones, de formas poco prudentes. Lo importante es ver que se trata de un proceso electoral que se convirtió en movimiento social, con los rasgos atípicos de los movimientos sociales ‘de multitud’.
Sin embargo, estamos ante retos inmensos: pasar del movimiento social a cambios institucionales y reformas del propio Estado. Además de una transvaloración de los valores políticos que mande a la banca los valores neoliberales, y germinen los valores del liberalismo igualitario y la democracia radical.
Preguntar es buscar, por ello, las preguntas que nos hacemos de los procesos sociales indican aquello que buscamos en ellos. Y nuestras búsquedas son nuestras miradas. Hay quienes se preguntan por ‘los contrapesos’ pero a nivel de los partidos políticos y no llevan la búsqueda de los ‘contrapesos del poder’ a nivel de sectores sociales. Para esto último es necesario hacer un análisis de hegemonía, que es justo lo que pretendo. En el primer caso lo hacen contando diputados por fracción partidaria y realizan una pequeña operación aritmética. En el segundo observamos los intereses de las facciones sociales que se mueven en el conjunto del Estado y las políticas que forman los equilibrios o las asimetrías en su interior. En fin, esto inicia y se ve muy interesante. ■

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