Project Artaud: una isla en la bahía

Project Artaud: una isla en la bahía
Javier Manrique

La Gualdra 330 / Arte

 

San Francisco fue el epicentro del movimiento hippie en las décadas de 1960 y 1970.

Uno de los momentos que consolidaron la contracultura del siglo XX, por supuesto, fue el festival de Woodstok, que reunió a casi medio millón de personas en 1969.

Sin embargo ya antes, en 1967, se había celebrado en San Francisco The summer of love (el Verano del Amor), otro festival en el que se congregaron varios cientos de miles de personas en la esquina de las calles Haight y Ashbury.

Pero este movimiento no estaba únicamente animado por la idea de “sexo, drogas y rock’n roll”, en realidad se trataba de una disidencia política y social, que pretendía replantear el mundo, las relaciones de los seres humanos entre sí y con el mundo circundante, ponderando una anarquía no violenta, la protección al medio ambiente y el rechazo al materialismo occidental.

En ese entonces surgieron en California numerosas comunas y otras organizaciones que rechazaban las normas convencionales de la sociedad burguesa.

En 1971, un grupo de artistas tomó un edificio en Mission Creek, que en ese entonces era una zona industrial en San Francisco donde no había prácticamente lugares de habitación. El edificio era una fábrica, construida en 1925, que primero había producido latas y más tarde herramientas. Pintores, bailarines, actores, escritores, músicos y cineastas se reunieron allí para crear una comunidad a la que nombraron Project Artaud, en honor a Antonin Artaud, representante de la vanguardia del teatro francés, quien pensaba que había que provocar el arte en espacios no tradicionales.

Los primeros ocupantes se encargaron de limpiar y dividir el espacio y crearon lofts donde podían vivir y trabajar en conjunto. Más tarde constituyeron legalmente una cooperativa.

Es una de las pocas comunidades que sobrevivieron al apogeo hippie y que hoy en día resisten a la gentrificación del Área de la Bahía, que está desplazando a los artesanos y artistas para dar cabida a los yuppies de Silicon Valley que persiguen un lugar en la ciudad del arcoíris.

Por supuesto sus condiciones de funcionamiento han tenido que cambiar y adaptarse a nuevos requerimientos, pero sigue funcionando como una entidad en cierta medida autónoma. No es ya ni la comuna hippie de los 60’s ni el condominio hípster del siglo XXI.

Hoy en día, es como una pequeña ciudad dentro de la ciudad. Cuenta con más de 70 estudios donde viven o trabajan unos 90 personas, además de albergar a organizaciones artísticas como Z Space Theatre, Z Below, Joe Goode Performance Group y Theatre of Yugen. Los estudios tienen diferentes dimensiones, y se aprovechó todo, hasta hay uno que es la antigua caja fuerte. Se celebran regularmente reuniones para escuchar iniciativas y atender cada uno de los problemas que aqueja a la comunidad. Cada ala del edificio tiene sus representantes y hay una mesa directiva con un presidente, un secretario y un administrador elegidos democráticamente. Incluso la atribución de espacios a nuevos miembros es algo que se delibera en grupo, y existen comités que se ocupan del mantenimiento, las manifestaciones artísticas, e incluso el bienestar dentro de Artaud.

Como en cualquier unidad habitacional, en sus áreas comunes se pueden ver desde macetas, juguetes, utensilios o bicicletas. Lo que no es tan habitual es que los muros de los corredores sean una galería permanente, pues los habitantes ponen allí sus obras, tanto por el gusto de compartir, como por falta de espacio de almacenamiento en sus propios estudios.

Así, aún hay vestigios de las obras del escultor argentino Pepe Ozan, pionero del Festival Burning Man, que vivió en Artaud tiempo atrás; uno puede encontrarse en diversos espacios del edifico las instalaciones cinéticas de Benjy Young; en los corredores del tercer piso del ala Froggies se admiran las pinturas hiperrealistas de Dale Erickson; con frecuencia se encuentra algún óleo de Javier Manrique en la escalera del ala X; Michael Rudnik, el cineasta, también tiene en el pasillo sus creaciones escultóricas; en el ala Left, muy muy entrada la noche, se escucha free jazz con el saxofón de Phil Deal y no es raro que a su morada lleguen aún poetas Beat; el rock se encuentra representado por Tommy D en el ala AR y en el ala X opera el DJ y performancero Saiman Li. Los residentes de nuevo ingreso más reciente a Project Artaud son Mauro Peris, músico italiano, y su pareja Meklit Hadero, cantante y compositora etíope. Todas las disciplinas artísticas y diferentes horizontes geográficos están representados en esa isla de sobrevivientes que sobrevive al tiempo.

Dos veces al año Project Artaud se suma a los fines de semana a puertas abiertas, u “open studios”, que tienen lugar en toda la ciudad. En San Francisco existe el programa de puertas abiertas de talleres más antiguo y amplio de Estados Unidos. Estas jornadas, repartidas en distintas áreas o distritos, sirven para que coleccionistas de arte, marchantes, propietarios de restaurantes, diseñadores de interiores y otros entusiastas interesados en conocer directamente a los artistas en sus talleres, además de que sirven como un atractivo turístico. En particular los que acuden al open studio en Artaud van por la curiosidad de cómo se vive dentro.

Hasta ahora el proyecto ha encontrado el equilibrio entre transformarse y conservar sus principios para subsistir. Es un modelo a escala de una sociedad posible, con sus retos y virtudes.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_330

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