Cuando los mundos colisionan

Cuando los mundos colisionan

En la revista Science del 21 de diciembre de 1962 (Vol. 138, p. 1350-52) apareció una breve carta firmada por el físico matemático de Princeton,Valentine Bargmann y el astrónomo de la universidad de Columbia, Lloyd Motz. Querían dejar constancia de la prioridad de Immanuel Velikovsky en la predicción de los siguientes tres fenómenos: 1.- la emisión de radiación por Júpiter (confirmada en 1955 por B. F. Burke y K. L. Franklin del instituto Carnegie), 2.- Los cinturones de radiación electromagnética que circundan la Tierra (confirmados por V. Radhakrishnah y J. A. Roberts trabajando en el Caltech en 1960) y 3.- La alta temperatura de la superficie de Venus (según los autores de la nota esta era información bien conocida para 1961, y citan Phys Today 14 (4) p. 10, 1961). Concluyen la nota con el siguiente consejo: ”Aunque estamos en desacuerdo con las teorías del Dr. Velikovsky nos sentimos obligados a establecer su prioridad en la predicción de estos dos puntos y a urgir, a la vista de los resultados, que sus otras conclusiones sean objetivamente reexaminadas”. Immanuel Velikovsky (nacido en 1895) llegó a esas predicciones utilizando su teoría de las catástrofes en el sistema solar expuesta en 1950 en el libro Mundos en Colisión. De acuerdo con él Venus fue expulsado de Júpiter en tiempos históricos, lo que provocó que el gigante gaseoso mantuviera una abundante producción de radiación, por lo que durante algún tiempo el lucero de la mañana erró como comenta por el sistema solar, provocando diferentes fenómenos en los planetas a los que lo acercaba su órbita. El paso de Venus por la Tierra produjo la división del Mar Rojo, atribuida por el profeta Moisés al Creador, y la aparente detención del Sol sobre la ciudad de Jerícó, atribuida por la Biblia a los ruegos del general Josué ante Dios mismo. Al estabilizarse como planeta era natural que su temperatura superficial fuese alta. Estas afirmaciones suscitan un natural escepticismo, aunque si aplicamos el criterio de contenido empírico de Lakatos (véase su Metodología de los programas de investigación) la teoría de Velikovsky debía considerarse científica dado lo certero de sus pronósticos. Sin embargo, la comunidad de científicos norteamericanos no sólo no creyó en su cientificidad, sino que inició un boicot contra la editorial Macmillan, encabezado por el astrónomo de Monte Wilson Harlow Shapley, por haber publicado el libro. Harold Urey, premio Nobel de física en 1934, opinó que: Las predicciones científicas son importantes si están basadas en argumentos lógicos de algún tipo. Tanta presión logró que dicha editorial vendiera los derechos a Doubleday, en lo que fue un extraordinario negocio porque el libro de Velikovsky era un éxito. Parece que el asunto versa sobre mecánica celeste y el origen del sistema solar, temas de física o astronomía, pero no es así. Velikovsky era médico y psicoanalista, partidario ferviente del sionismo y declarado enemigo del último libro de Sigmund Freud titulado El hombre Moisés y la religión monoteísta (Der Mann Moses und die monotheistische Religion) de 1937. La tesis de Freud es que Moisés fue un egipcio, sacerdote del dios solar Akhenaton, que sacó al pueblo judío de Egipto, fue asesinado por sus partidarios y reemplazado por un profeta del desierto. Para Velikovsky el libro, que compró el libro en 1939 en Tel-Aviv, era una afirmación del poder del psicoanálisis tanto como una denigración de los orígenes del pueblo judío. En un arranque decidió refutarlo. Comenzó analizando los sueños de Freud, los pocos que vienen en La interpretación de los sueños que pueden atribuírsele, concluyendo una pulsión latente en el creador del psicoanálisis de convertirse al cristianismo, pero en algún punto descubrió que las necedades de un hombre no rebaten una tesis histórica, por repulsiva que sea. Se sumergió en las inmensas hileras de libros de la New York Public Library durante 10 años para forjar la vasta reinterpretación del origen del sistema solar y los mitos de la humanidad que lo lanzó a la fama y le permitió predecir el curso de la naturaleza. Toda la historia está relatada en The Pseudo Science Wars (Chicago, 2012) de Michael Gordin. Velikovsky murió en 1979, el mejor de sus obituarios lo escribió él mismo cuando se refirió a su primer libro: Ellos no pueden decir que está equivocado, que no puede ser. Deben demostrar que es un error. Una conclusión moderada se puede leer en el citado libro de Gordin. Preferimos hacer una interpretación de lo acontecido centrando el problema principal de la siguiente manera: ¿por qué pudo Velikovsky realizar sus certeras predicciones?, ¿es verdadera su teoría?  Una respuesta posible es la siguiente. Dios en el cielo vio los errores de Freud, y cuando su hijo Immanuel decidió rectificarlos bendijo su empresa otorgándole el divino don de la profecía. Cuando él creía proferir una opinión científica, basada en incontestable evidencia, ejercía su divino don de predecir el curso de los acontecimientos. Si lo vemos con cuidado, esos ejercicios ocurrían en los momentos más necesarios, cuando la comunidad científica arremetía contra él cubriéndolo de oprobio y llamándolo “pseudo científico”. Un término de abuso, sin duda, porque la ciencia nunca es absolutamente verdadera, aunque tenga la venia del CONACYT. ■

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