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Reflexionan sobre contribución del periodismo cultural narrativo a la construcción de una memoria histórica

Reflexionan sobre contribución del periodismo cultural narrativo a la construcción de una memoria histórica

Tiene que haber “altas dosis de creatividad” para “plasmar” un hecho musical y conectar con el lector a modo de que el ejercicio periodístico trascienda a registro histórico, sostuvo Iván Ríos Gascón; mientras que Rogelio Garza, admitió: “yo no puedo dejar pasar la realidad sin meter la mano y retorcerla un poquito” mediante los recursos que ofrece la literatura. Y Felipe Rosete acudió a la novela Memorial Device de David Kennan para ofrecer un ejemplo de cómo el ejercicio periodístico puede convertirse en ejercicio narrativo y a la par en registro histórico que logra retratar el espíritu de una época.
Ayer en el conversatorio “Música y periodismo en México”, moderado por la directora de La Gualdra, suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, Jánea Estrada Lazarín, se habló de “poner en palabras la música” o el hecho musical, con rigor periodístico y utilizando los recursos de la narrativa.
En el evento inserto en el sexto Encuentro Regional de Narrativa Centro Occidente “Acordes de narrativa y música” que organiza el Instituto Zacatecano de Cultura, participaron Iván Ríos Gascón, poeta, novelista, columnista, productor, guionista y locutor de radio; Rogelio Garza, escritor, publicista, periodista y ciclista; y Felipe Rosete, editor de libros y revistas, y docente en la Universidad Nacional Autónoma de México en la que estudió Ciencia Política.
El intercambio incluyó reflexiones sobre la importancia del periodismo cultural narrativo como una contribución a la construcción de una memoria histórica, y por tanto, como registro histórico de hechos en este caso musicales, mediante los que las generaciones posteriores podrán recrear una época.
Al respecto Felipe Rosete, también miembro del consejo editorial de Sexto Piso, hizo referencia a Memorial Device, una novela que pronto estará disponible en México bajo este sello, y que cuenta los orígenes de una banda de rock ficticia en una pequeña ciudad cercana a Glaslow, Escocia.
A través de entrevistas, su autor, David Kennan, periodista musical, y quien alguna vez perteneció a una banda, utiliza este recurso para ofrecer un retrato “muy íntimo” de una ciudad y una sociedad en la época de los 80, donde hay jóvenes que trabajan en lo que no les gusta pero encuentran en la música una vía de expresión, incluso para manifestar su enojo hacia esa sociedad, ofreciendo en ello un retrato histórico sobre el post punk, expuso.
Rogelio Rosete se introdujo al tema hablando acerca de si en este momento el periodismo musical ofrece la oportunidad de registrar el fin de una era cuyo signo es la desaparición física de iconos musicales, y que se planteó a partir del deceso de David Bowie.
Trajo a colación respecto del vínculo de la narrativa y música el libro de José Agustín De la nueva música clásica, publicado en 1985 y cuyo último personaje abordado por el también autor de El rock de la cárcel, fue Rockdrigo González, artista urbano que muriera dos o tres meses después por el sismo de aquel año.
Para abordar el género de la crónica como ejemplo del vínculo narrativa, periodismo y música, también hizo referencia a la que hiciera Iván Ríos acerca un concierto de Los Ramones, cuyos cuatro miembros han muerto ya, y que quedó como un documento histórico.
El propio Iván Gascón replicó que muertes ha habido muchas de iconos del rock, he hizo un recuento en que incluyó las emblemáticas de Jimmy Hendrix, Jannis Joplin, y recientes como la de Dolores O’Riordan, para señalar que se convierte en registro histórico el hecho musical cuando el periodismo tiene altas dosis de creatividad.
Dijo que en los años 90 muchos “colegas empezamos a escribir de otra manera, sin querer hacer registro histórico”. Entre ellos citó a Jordi Soler y Hermann Bellinghausen, pero aseveró que se logra esa trascendencia en el tiempo, si el periodismo musical hace materiales que conecten con el lector.
Habló de su registro del primer concierto de The Cure en México al que comparó en su ambiente con el que logró generar Luis Buñuel con su película El Ángel Exterminador.
Y para hablar de los cambios de época también mencionó de aquellos “tiempos jurásicos”, que las crónicas de los conciertos buscaban transmitir y conservar los hechos musicales “porque la crónica también es una de las bellas artes”, ocurridos en sitios como los bares de la ciudad de México con Santa Sabina o Café Tacuba difieren de los actuales porque no causan la misma emoción, ya que están disponibles en youtube y DVD.
“Poner la música en papel es fascinante” agregó Rogelio Garza, conocido y reconocido por sus publicaciones en La Mosca en la pared.
Ya con la intervención del público asistente hubo un intercambio de preguntas y respuestas que incluyeron observaciones acerca de si la música, y más, la buena música, está muriendo o no, que los tres invitados consideraron una afirmación absurda o una tontería.
Su respuesta incluyó la crítica a la fuente de esa lectura, la empresa de guitarras Gibson, la recomendación de buscar en el movimiento indie “música valiosa”, y la observación de que la dinámica del capitalismo absorbió igual al rock que al punk para ofrecerlos luego domesticados y que ha hecho pensar “que la música ha muerto”.

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