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Ana Cecilia decidió ser médico gracias a su vocación para ayudar a las personas

  • Su primer trabajo fue en Concepción del Oro, “experiencia que marcó su profesión”
  • Señala que profesionistas que laboran en comunidades deberían recibir mejores salarios

Es importante que se paguen buenos salarios a los médicos que brindan atención en municipios y comunidades alejadas, ya que muchos médicos evitan viajar porque tienen que desembolsar de su bolsillo un gasto extra para gastos como hospedaje, alimentación, entre otros aspectos.

Sin embargo, quienes trabajan en estas condiciones lo hacen con amor y por cariño a la profesión, y el pago que reciben de la gente de los pueblos es el cariño y reconocimiento a su trabajo y eso es una satisfacción mayor que un pago económico, dice la doctora Ana Cecilia Carrillo García.

Cuando egresó de la carrera duró cerca de cuatro meses desempleada y el único lugar en donde encontró empleo fue en el municipio de Concepción del Oro porque no había médicos que quisieran irse a trabajar tan lejos de la capital.

Allá permaneció ocho años. Considera que esta experiencia marcó su profesión. Además de que le enseñó la importancia de ayudar a quienes más lo necesitan.

Los médicos y enfermeras que trabajan en estas condiciones refuerzan los lazos de amistad, más allá del laboral, pues deben enfrentar muchas situaciones, la mayoría de las veces, alejados de sus familiares.

Ana Cecilia Carrillo García, originaria de la comunidad de Felipe Ángeles en el municipio de Villanueva, tuvo que hacer un doble sacrificio para estudiar en Zacatecas n fotos: miguel ángel núñez
Ana Cecilia Carrillo García, originaria de la comunidad de Felipe Ángeles en el municipio de Villanueva, tuvo que hacer un doble sacrificio para estudiar en Zacatecas n fotos: miguel ángel núñez

“La experiencia laboral fue increíble, ahí teníamos que ser más que compañeros, hermanos. Cuando regresé tenía la experiencia laboral que muchos no tienen, aprendes de la gente y muchos que trabajan aquí no aprecian el valor de la gente, como un abrazo más que una paga”, dice la doctora.

Menciona que en aquella región, con la llegada de una empresa minera, los productos básicos subieron de precio. Por ejemplo, un kilo de tortillas costaba el doble, por lo que tenía que llevar provisiones.

Entre los mismos compañeros tenían que cooperarse para pagar la renta de un solo cuarto. En ese entonces costaba cerca de 5 mil pesos la renta. Además, sus compañeros y ella tenían que pagar su transporte.

“Trabajando en esas condiciones no se puede pensar en ahorrar, pero trabajábamos por amor a nuestra profesión. Ni siquiera he pensado en recuperar lo que he invertido en maestrías, pues lo he hecho por satisfacción y por dar una mejor atención a mis clientes”, comenta la doctora.

Entre sus anécdotas, recuerda que le han llegado a regalar por ejemplo tunas, o en Navidad hay mujeres que le obsequian atole o gorditas hechas a mano como una muestra de agradecimiento a sus atenciones.

Entre las experiencias negativas que recuerda está cuando pacientes con enfermedades como la tuberculosis no podían viajar a la ciudad por su tratamiento médico, por lo que dentro de sus posibilidades trató de ayudarlos.

“Para mí esta carrera es una habilidad que dios nos ha dado, para ayudar a la gente, no cualquiera la tiene”, señala

Opina que los gobiernos pueden mejorar los salarios de los doctores, pues hay ejemplos de ello en otras entidades, donde los trabajadores del Sector Salud perciben buenos pagos, sobre todo dirigidos a especialistas.

En las cabeceras y localidades lejanas existe una gran demanda de atención de médicos especialistas, pero los bajos salarios los obligan a buscar empleo en ciudades grandes o en clínicas privadas.

Para Ana Cecilia Carrillo García, quien es originaria de la comunidad de Felipe Ángeles en el municipio de Villanueva, tuvo que hacer un doble sacrificio para estudiar en Zacatecas. Cuenta que su hermana mayor habría llegado a estudiar a la entidad.

Lamentablemente falleció al ser atropellada por una persona que conducía en estado de ebriedad, por lo que su padre se negaba a que sus hijos volvieran a la ciudad a estudiar. Pero también reconocía que la única herencia que podría dejarles a sus 7 hijos era el estudio.

Su madre era promotora de programas sociales en su localidad y organizaba la participación comunitaria entre los habitantes. Y Ana, desde pequeña, soñaba hacer lo mismo que su mamá. Gracias a su vocación para ayudar a otros, buscó estudiar medicina en la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Sus docentes eran estrictos, lo cual agradece, pues actualmente ha visto que las generaciones han cambiado, ya que ejerció la docencia un tiempo y pudo comprobar que muchos jóvenes estudiaban esta carrera por obtener un estatus social y económico solamente.

Para ella estudiar medicina es dejar la familia, y no se puede pensar en tener una pareja, pues se le tiene que dedicar mucho tiempo. En su caso, ejerciendo la medicina absorbe la mayor parte de su tiempo.

“Para mí esta carrera es una habilidad que dios nos ha dado, para ayudar a la gente, no cualquiera la tiene. Muchos pueden estudiar, pero no todos tienen la paciencia. Por eso existe este compañerismo entre los mismos doctores y personal que trabaja en un hospital o institución”, expone la doctora.

Reconoce que existen malos doctores, estos se pueden erradicar haciendo uso de buzones de quejas o denunciando ante las autoridades correspondientes, pues un médico debe pensar en que como trata a un paciente, así pueden ser tratados sus familiares con otro colega.

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