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Electoralizar la violencia

Electoralizar la violencia

David Monreal regresa a las provocaciones en redes sociales para posicionarse en la agenda local. Ya una vez lo logró cuando el Coordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado, Héctor Alvarado Gómez, abriera pista de aterrizaje a las hostilidades del fresnillense, de paso poniendo en entredicho su rol institucional y dando legitimidad a la estrategia electoral del senador por el Partido del Trabajo para atraer reflectores.

Sin embargo, la curva de aprendizaje que se distendió por la decisión errónea del Coordinador de Comunicación unos meses atrás, permitió ahora al contador Tello mostrar reflejos rápidos y prudentes para encarar esta maniobra de posicionamiento de David. Claro, el senador está en su derecho de manifestar rechazo e indignación por las condiciones que privan en Zacatecas y en el país, no obstante, Monreal no busca únicamente el desahogo de su malestar mediante un par de tuits.

Eso lo demuestra con la editorial que le dedica al gobernador zacatecano -la cual ha circulado en la red virtual en forma de publicidad- como respuesta a la invitación que le extiende Tello para que, mediante propuestas que ayuden a mitigar el incremento de la violencia en el estado, se una a los trabajos del Grupo de Coordinación Local. El Gobierno del Estado fue contundente: a debate y análisis el incremento de homicidios, siempre y cuando se concurra a los canales institucionales propios.

Esquivando la invitación, David le recuerda a su ex contrincante en urnas que como candidato él lanzó 15 iniciativas –ninguna de las cuales marca un punto de diferencia sustancial con las de la actual administración- “previo y durante la campaña” para “ofrecerle algo realmente diferente” a la población zacatecana. Y más allá del descargo de responsabilidades que realiza Monreal al ostentar un cargo legislativo sobre las obligaciones de Tello como gobernador, en su artículo de opinión el ex candidato vuelve evidente que existe un cálculo y una motivación electoral detrás de sus reproches virtuales. “¿Así o más claro?”

Pero el contexto no es ajeno a la partidización y politización de los discursos rumbo a la elección 2018. Lamentablemente estamos a unas semanas de que las posturas políticas pierdan el piso de realidad, ahí donde la sociedad zacatecana comienza a despertar a la necesidad de replantearse su forma de organización y convivencia cotidiana, para encarar un fenómeno en el que todo el conjunto social tiene una función.

Las democracias han fallado precisamente porque no han sabido plantearse un problema mayúsculo: la pluralidad de expresiones e ideologías no significa la destrucción de las alternativas que cada una plantea. Esto es, la pluralidad de partidos no logrará salir adelante si no privilegian el consenso antes que la mutua destrucción. Más allá de los discursos de distanciamiento, los consensos deben de apuntalar las políticas que un gobierno ponga en acción para mitigar la violencia.

Ninguna expresión política, por sí sola, tiene la respuesta a las interrogantes de los problemas públicos. Mientras no exista esa conciencia política, entonces seguiremos atestiguando la lucha entre partidos por decir lo mismo pero de diferentes maneras. El ejemplo de David Monreal da en el corazón de esta paradoja ¿cuál es la diferencia entre una política de seguridad que tenga como eje central “Menos balas y más política social” de aquella donde se prefiere “menos pistolas y chalecos antibalas, y mayor regeneración del tejido social”? ¿Cuál de las dos cree usted que es la de David y cuál la de Alejandro? La democracia está llena de ficciones.

Que no olvide el senador Monreal que en abril de 2015, por “un cultivo de odio sin justificación” como lo explicó su hermano Ricardo, fue sujeto de un atentado por parte de un empresario zacatecano que responsabilizaba a ambos de no haber hecho lo “suficiente” para aclarar la desaparición de uno de sus familiares. Inyectar desgaste a las instituciones como política electoral lo único que provoca es que en la ciudadanía crezca el imaginario de que la política es infalible, cuando en realidad es una lucha de intereses en donde el bien público queda en el medio.

Son tiempos de unidad institucional, donde de entre las diferencias se prioricen las coincidencias. Sólo de esa manera sabremos en dónde los partidos –y las instituciones que hacen funcionar- pueden salir fortalecidos frente a la delincuencia organizada, y en dónde las diferencias pueden pasar a un segundo momento donde la ciudadanía se decida por tal o cual opción.

La seguridad no puede pasar a un nivel secundario. Las políticas públicas para mitigar la violencia no deberían formar parte del discurso electoral, porque de otra manera los posicionamientos sólo van a obedecer a la descalificación mutua. ¿Pueden o no los partidos encontrar puntos de coincidencia? ¿Pueden o no los partidos cargar con la responsabilidad conjunta de un fenómeno donde el Estado se juega el pellejo?

 

Twitter: @GabrielConV

 

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