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Enfrentar con efectividad el laberinto del horror: Sí podemos todos nosotros

Enfrentar con efectividad el laberinto del horror: Sí podemos todos nosotros

La preocupación es enorme. Lo primero para querer resolver un problema es entenderlo. No es un mero problema de seguridad, donde la autoridad vigile que no se cometan delitos, es mucho más que eso. Es una situación de descomposición social que ataca desde abajo, desde los adolescentes y jóvenes. Nos hace falta mucho estudio del tema, y tenemos poco tiempo para hacerlo, porque requerimos actuar ya. Por ejemplo, ocupamos desmenuzar lo que en sociología se llama “mundo de la vida” de las nuevas generaciones: alteración de valores, éticas paralelas, expectativas y niveles de influencia de generaciones posteriores sobre las anteriores. Parece que tenemos una ruptura generacional, y las nuevas generaciones no se dejan conducir por las posteriores, ni los padres están logrando hacerlo. El choque es muy brusco. Todos los valores que conforman el horizonte normativo, ‘el tú debes’ o imperativos reconocidos como legítimos están difuminados. Una suerte de vertiginosa comunicación horizontal (el internet) aceleró procesos de conformación de sentido común y generó ciertas rupturas con la comunicación vertical, la comunicación con los padres, maestros y personas mayores. Y esa comunicación horizontal se fue convirtiendo en normativa, lo cual ha sido muy pernicioso. Recordemos el evento del colegio en Monterrey donde un chico decidió asesinar a compañeros y, al poco tiempo se descubrió su pertenencia a grupos de identidad que los llamaba al suicidio y vida oscura. La reproducción de otros grupos con sus propias éticas, crea un escenario de pluralidad autista; eso es, grupos identitarios que no dialogan o se abren a otros. En suma, tenemos una sociedad rota que en lo económico no genera movilidad social, en lo político élites igualmente autistas, un Estado debilitado sin capacidades directivas, y en lo social, jóvenes fragmentados en tribus con éticas paralelas. Esto es, es un problema de cohesión social. En la sociedad de la hiper-comunicación tenemos esclusas sociales autistas. Paradoja.

El problema se agrava cuando entra en escena el crimen organizado. Este actor es esencial entenderlo, porque se comporta como una serie de organizaciones que mata y bestializa a los jóvenes. Esto es, la entrada de este actor en las circunstancias arriba descritas, es enormemente explosivo y pernicioso. Un antecedente antropológico: la mitología nórdica pone mucha atención en la elasticidad de la identidad humana, y en la diversidad de ‘especies’ entre los hombres; esto es, la idea de que el hombre es la única especie que puede dejar de serlo. En el cine, una película puso en el celuloide estas ideas con mucho éxito, el Señor de los Anillos. En ella, hay hombres, pero también enanos, elfos y orcos. Es decir, lo que nos quiere decir este mito es que el hombre puede convertirse en toda esta diversidad de opciones. Puede engrandecerse como un elfo, o bestializarse como un orco. Y entre estos hay varias opciones intermedias. Así las cosas, observamos que muchos de nuestros jóvenes cuando son capturados por la ilusión del poder (recuerden la metáfora del anillo) y la riqueza que se manifiesta como Prepotencia sobre los demás, que ofrece la pertenencia a estas organizaciones criminales, poco a poco son convertidos en bestias, dejan de tener la resonancia propia de lo humano. Un Humano lo es porque tiene la capacidad de resonar en otros, lo cual genera la llamada empatía, sentir lo que otro siente. Sin esta capacidad, y encerrados en la ilusión de la prepotencia, se convierten en bestias que no pueden sentir el dolor del otro. Esto es, pierden el rostro humano. Asesinan, violan o secuestran sin remordimientos. Los victimarios de cientos de narraciones de horror son jóvenes que viven aquí, son zacatecanos, fueron a una primaria conocida y ahora ni sus padres los reconocen. En muy poco tiempo sufrieron una transformación radical.

Otro tema objeto de preocupación es la expansión de estos grupos. Ahora decidieron penetrar en los bachilleratos. Teníamos como indicador el abandono escolar para saber cuándo un chico estaba metido en actividades ilícitas. Y ahora parece que ya no bien servirá para eso: no abandonan la escuela para delinquir, sino que lo hacen en los propios centros escolares. Ahí distribuyen droga, eligen víctimas para secuestro, roban y reclutan personal. Por ello, una prioridad es trabajar el tema de la prevención en los bachilleratos. Si los jóvenes estudiantes se ven vulnerables ante las tentaciones de los delincuentes, los chicos que están fuera de las aulas lo están más aún. La pobreza cultural y la precarización son dos factores que juegan a favor del reclutamiento delincuencial. Y los estudiantes, sin tener estos dos factores, se han vuelto vulnerables. Requerimos poner toda nuestra creatividad y empeño para enfrentar este enorme y muy complejo problema. La reacción de ayer de los universitarios llama a la esperanza. Tenemos la obligación (los universitarios) de pensar y diseñar salidas al laberinto, no sólo para que los estudiantes o profesores no se vean afectados por la mancha del crimen, sino pensar y diseñar salidas para la sociedad toda. La solución pasa por la amplia participación de todos: jóvenes, profesores, autoridades de gobierno y organizaciones civiles. El enorme reto es coordinar una propuesta para trabajarla todos. Creo que podemos hacerlo. Sí podemos todos nosotros.

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