Esteban Arce, ejemplo del discurso artificial y dañino

Esteban Arce, ejemplo del discurso artificial y dañino

PERSPECTIVA CRÍTICA

Hace unos cuantos días, el conductor de Foro TV, Esteban Arce, se convirtió en Trending Topic en Twitter debido a la plática que ofreció a jóvenes de la Universidad de San Luis Potosí. Arce estuvo en el recinto académico para presentar la conferencia titulada “Un mundo más amable, desafío para los universitarios”, como parte del Congreso Universitario de San Luis Potosí.

Lo que sucedió durante dicha conferencia adquirió tal resonancia, que en las últimas horas ha sido retomado por analistas de la talla Jenaro Villamil, así como múltiples medios de comunicación que han dado cuenta de dos cosas: la elevada carga de homofobia, intolerancia y pedantería de Esteban Arce al referirse a las parejas del mismo sexo, y por otra parte la fuerte crítica de parte de los universitarios, quienes le reprocharon al conductor sus argumentos, el interrumpirlos, llamarlos “Güey” y menospreciarlos.

El presente texto no está dedicado a hacer un análisis profundo del discurso del conductor, en razón de la nula relevancia académica que tiene Esteban Arce. Necesitamos partir del hecho de que se trata de un individuo farandulero, amaestrado por años en empresas televisivas especializadas en lucrar con el sensacionalismo, y cuya calidad moral está vertebrada por el “marranero” en el que convirtió espacios televisivos como El Calabozo y otros programas que bien pudieron usarse para educar a la gente, en lugar de denigrar invitados y vomitar juicios de valor.

En suma, el discurso de Esteban Arce no puede ser considerado digno de análisis. No obstante, existe otro ángulo que sí amerita reflexionarse, y es el hecho de qué hay detrás de que un sujeto como Arce pueda presentarse en un recinto académico. Las autoridades universitarias de San Luis Potosí estarían llamadas a considerar la deficiente articulación de elementos en la conferencia del conductor; la falta de coherencia entre el historial del personaje y el postularlo como una figura apropiada para abordar tópicos vigentes, complejos y cargados de polémica; su nulo dominio teórico para abordar temas como el del género, sobre el cual existe un debate académico vigente y serio, y debe referirse e inculcarse en el marco de los derechos humanos, y no desde el discurso maniqueo, acomplejado y simplista.

¿Desde qué premisas se convoca a sujetos con una calidad humana y nivel académico tan bajos para dirigirse a la comunidad universitaria? ¿Cuánto se le paga por su asistencia, tomando en cuenta lo reducido de los presupuestos universitarios? ¿Qué tipo de beneficio le queda a los estudiantes con las agresiones y la altanería de alguien que en pocos minutos ellos mismos intuyeron como un ponente nefasto y nocivo?

Ahora bien, lo ocurrido en San Luis Potosí es en realidad sólo la madeja de un fenómeno mayor y que ha ganado terreno durante los últimos años: el uso de personajes para generar asistencia, simpatías y favoritismo. La fórmula ha sido utilizada por partidos políticos que destinan cuantiosas sumas a grupos musicales populacheros, “actrices” de palenque y shows que no superan el entretenimiento burdo. Más allá del respeto que debemos profesar a quienes disfrutan de este tipo de espectáculos, está el hecho de que aportan muy poco a la identidad en su faceta cultural, y la consigna para contratarlos es únicamente granjearse el beneplácito de la gente.

En la misma sintonía están los contratos para quienes dominan el “arte” de la superación personal, la automotivación y los negocios exprés. Sin ningún tipo de filtros se destinan recursos públicos a conferencistas como Inés Sainz, quien intermitentemente deja de posar para los calendarios de los talleres mecánicos, y brinda conferencias por las que cobra 139 mil pesos. Salidos del mismo molde podemos mencionar desde César Lozano hasta Miguel Ángel Cornejo, pasando por futbolistas retirados que se complican en armar una oración completa, pero resultan hábiles en lucrar con la baja autoestima y la necesidad.

Sería una lástima que los recintos académicos se estén sumando a esta dinámica, solamente “tropicalizándola” al incluirla en congresos bajo títulos vagos y poco propositivos como el de Esteban Arce, quien a final de cuentas debe estar bastante conforme por el Trending Topic que alcanzó, pues para quien tiene una inexistente reputación académica resulta poco relevante el desprestigio que pueda tener en el ámbito universitario, pero en cambio resulta muy rentable el llamar la atención, independientemente de que ello se logre con una actitud tan vulgar.

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