No se requiere enterrar a Villa para reconocer a Don Carlos

No se requiere enterrar a Villa para reconocer a Don Carlos

La identidad y la memoria colectiva se conservan con una serie de estrategias que, en muchas de las ocasiones, no son conscientes. Nos parecen de lo más ordinario y obvio, pero no lo son tanto. Las instituciones conservan el nombre de hombres que encarnan ideales. Es una manera indirecta de afianzar una identidad basada en ciertos valores. Y a su vez, el modo de conservar la memoria de esos hombres es poniendo su nombre a calles, escuelas o estadios. Es una manera de meter a Hidalgo en el tránsito cotidiano de nuestras vidas, o persistir en Morelos porque es la escuela donde llevamos a nuestros hijos. Reivindicar esos nombres es invocar su significado. ¿Qué significado tiene Hidalgo para los mexicanos? La formación misma de la patria y el ideal de la libertad no sólo como nación, sino como actitud personal de cada uno de nosotros. La vida de Hidalgo fue la encarnación del actuar libre y con pasión. Lo expulsan de su cátedra por su pensar comprometido con la verdad, opuesto a los intereses de la jerarquía clerical o la Corona. Es decir, elige la verdad contra el poder. Caminar por una calle de nombre Hidalgo, debe recordarnos que caminamos sobre una nación forjada por estos ideales, y nos llevan a conducir la misma capacidad crítica contra los poderes arbitrarios. Y despreciar a los aduladores que se acomodan a los caprichos de jerarcas en turno. Lisonja que deshonra y se observa en todos lados.

El caso de Villa es del mismo nivel de importancia. Es la lucha por la justicia desde abajo. Villa es el rostro del pueblo que suda, trabaja y es explotado, y llegando al límite de la injusticia, se rebela. El rostro de la fuerza de un pueblo que estalla. Esos valores son los que forman el espíritu de esta nación: conservar sus nombres es una manera de llevarlos en la memoria que reside en nuestras acciones. En suma, los héroes son individuos que encarnan el espíritu general de un pueblo. Y también existen los otros, del poder y las élites. ¿Qué les parece una colonia que se llama “Limantour” en Guadalupe? ¿O Díaz Ordaz en Zacatecas? Los nuevos aplaudidores de Don Porfirio aplaudieron ese gesto de un gobernante conservador y poco ilustrado. El nuevo régimen (neoliberal) se apura en reivindicar a Porfirio Díaz (como ‘promotor del progreso económico’) y enterrar a Zapata (como ‘el histórico Atila Mexicano’). Expresiones que no sólo manifiestan ignorancia histórica, sino la transvaloración de los valores del conservadurismo de derechas. No es casual que el actual PRD, se acerque tanto a la figura de Carranza. Nuevas fuerzas políticas: nuevos nombres simbólicos.

Hoy nos informan que cambiará el nombre de “Francisco Villa” al estadio olímpico, por el de un hombre que merece todo nuestro reconocimiento, sin duda, Don Carlos Vega, que merece un reconocimiento por sus contribuciones al deporte zacatecano. Pero no tiene que ser a costa de otra figura de alto valor simbólico para los zacatecanos (Villa). Merece una obra ex-profeso para él. Una nueva obra pública de carácter deportivo que lleve su nombre, y un evento que sea altamente significativo. No se requiere enterrar a Villa para reconocer a Don Carlos.

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