Más arte, menos balas

Más arte, menos balas
Pietá de Minos. De la serie Tauromaquia, de Alfonso López Monreal, que se presentará el 6 de septiembre en el Museo Pedro Coronel

Editorial Gualdreño 307

En el último año, en tres ocasiones diferentes, se han perpetrado asesinatos a menos de 300 metros de donde he estado. La primera vez fue hace un año en el estacionamiento de Soriana, era medio día, escuché dos balazos –pensé que era la ponchadura de una llanta-  y al voltear vi solamente cómo caía al piso un hombre que minutos después fallecería; la segunda vez, hace apenas dos meses, por la madrugada volví a escuchar el mismo sonido de las balas: a la mañana siguiente nos enteramos que habían asesinado a dos muchachos frente al Museo Zacatecano. La semana pasada, mientras estaba en clase, ahí estaba ese mismo ruido, pero alguien dijo “Son las Morismas”; la afirmación nos tranquilizó en el momento, pero poco después, ya en casa, supe que el dueño de una carnicería había sido asesinado.

Quisiera que fuera cuento, pero señores, es cierto… El miedo desatado por actos criminales nos está paralizando, la violencia se desborda de manera paulatina, nos rebasa, nos consume. Más que de una violencia única, lo más indicado sería hablar de las violencias, porque son muchas, distintas, de raíces diferentes y a cuyas manifestaciones nos estamos acostumbrando. Hay violencias en los hogares, en las escuelas, en las redes sociales, en la calle… La OMS dice que éstas son “el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte”. Usted las conoce, están ahí, en medio del conflicto diario, cotidiano. Lo más preocupante es que nosotros podemos ser el origen de uno o varios tipos de violencia; muchas veces no nos damos cuenta, y si nos percatamos, tendemos a justificarla. No, no hay violencia que se justifique, incluso cuando se trata de aquélla que pretende dar fin a los conflictos.

Ahora las preguntas son ¿qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer para fomentar una cultura de paz? En ocasiones anteriores hemos mencionado aquí que el arte puede modificar en sentido positivo la percepción que los seres humanos tenemos del mundo, que puede generar serenidad en el alma, sensibilizar y fomentar la empatía con los demás, y que si bien no es la panacea, sí puede contribuir en mucho a la pacificación; sin embargo, no sabemos todavía cómo. Me parece que muchos tenemos la esperanza de que así suceda, pero no hemos enfocado eficientemente nuestros esfuerzos a generar estrategias, acciones concretas que contribuyan al proceso de paz.

Actualmente hay difusión de la cultura y las artes, al margen de la discusión de si es suficiente o no, la promoción de la lectura, la programación de exposiciones, obras de teatro, danza y conciertos gratuitos existe, pero estas acciones no están enfocadas a un objetivo claro, que se vincule con los procesos de pacificación y prevención del crimen. A nosotros nos corresponde solucionar los conflictos al interior de nuestros hogares y prevenir cualquier tipo de violencia. Una vez originada, el Estado tiene la obligación de aplicar la ley –y también de generar programas de prevención del delito, por supuesto-.

El jueves se ha convocado a una marcha para exigir paz en Zacatecas; muchas personas se sumarán a la convocatoria y vestirán de blanco con velas en las manos. Salir a la calle a marchar por la paz visibilizará todavía más que los afectados en este conflicto somos todos quienes vivimos aquí y cualquier esfuerzo que se haga para lograrlo será bienvenido. Sin embargo, como lo mencionaba hace unos días en mi muro de Facebook, ha llegado el momento de pasar de la teorización y los buenos deseos a la aplicación de acciones concretas que nos indiquen qué hacer, cómo, con qué recursos y de dónde podemos obtenerlos. Referentes efectivos y comprobables tenemos; los fundamentos del proceso de pacificación en Colombia durante los años ochenta del siglo pasado han sido documentados debidamente y son una muestra de lo que se puede hacer -considerando las adaptaciones y ajustes pertinentes de acuerdo a las condiciones de nuestro medio- y ése es sólo un ejemplo de todos los que hay.

Los académicos, artistas, profesionistas, estudiantes, todos los ciudadanos, podemos contribuir a la construcción­­­ de un plan en el que la comunidad se una para combatir la normalización de las violencias, para prevenir el crimen y para recuperar la vida armoniosa y el derecho a vivirla con tranquilidad. No permitamos que el miedo nos paralice. Más arte y menos balas. Les invito a que se sumen a esta propuesta, empecemos a construir un nuevo escenario de paz para los zacatecanos: lo merecemos.

Que disfrute su lectura.

 

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