Un país violento

Un país violento

Cómo podríamos saber que tan violento es un país? La respuesta más común es proporcionada al analizar la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes.

De acuerdo con el INEGI, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en México durante 2016 fue de 20. ¿Mucho o poco? Depende con quién nos comparemos. Si nos comparamos con Honduras, país que registró una tasa de 75 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2014, México es un paraíso. En cambio, si tratamos de competir con Suecia, donde la tasa de homicidios se encuentra en 1 por cada 100 mil habitantes, México es un infierno.

En muchas ocasiones, las autoridades federales, estatales y municipales, minimizan la proporción de homicidios culpando al crimen organizado. Ante una situación que parece no tener solución, las personas a cargo de la seguridad pública prefieren argumentar que la mayoría de los homicidios se deben al crimen organizado y que poco tienen que ver con los ciudadanos. Esto pude ser cierto, sin embargo, eso no minimiza el efecto que los homicidios producen en la sociedad.

Supongamos que en México quienes cometen asesinatos (o la mayoría) son solamente miembros del crimen organizado y que nada tienen que ver con el resto de los ciudadanos. Entonces, ¿cómo podemos estudiar el fenómeno de la violencia en nuestras vidas diarias?

Se trata de una pregunta difícil, pero podemos empezar por analizar la superficie del caso mexicano. La semana pasada el INEGI publicó la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 (ENDIREH). Esta encuesta estima el número de actos violentos contra las mujeres en diferentes ámbitos.

Por ejemplo, la ENDIREH 2016 estima que el 66.1% de las mujeres en México durante 2016 sufrieron al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminatoria. ¿Qué tipo de violencia sufren las mujeres con más frecuencia? De acuerdo con la encuesta, durante 2016, el 49% de las mujeres en México sufrió violencia emocional, 41.3% violencia sexual, 34% violencia física y 29% violencia económica o patrimonial.

Comparemos algunos de estos porcentajes con los de otros países. De acuerdo con ONU Mujeres, en 2012, Australia presentó el porcentaje más alto de violencia física contra la mujer. En ese año, el 34% de las mujeres australianas fueron víctimas de agresiones físicas, mismo porcentaje que se reportó en México en 2016.

En el caso de violencia sexual contra la mujer, de acuerdo con ONU Mujeres, México ocupa uno de los primeros lugares. Por ejemplo, aunque no se cuenta con muchos datos, en 2011 México reportó un porcentaje de violencia sexual contra las mujeres de 38%. En ese mismo año, en Estados Unidos el porcentaje fue de 19%.

Es claro que los años son diferentes, sin embargo, esta comparación nos sirve para darnos una idea de cómo estamos hoy en día. Especialmente si consideramos que la ENDIREH estimó que durante 2011 el porcentaje de mujeres que sufrieron violencia física fue de 16%. Es decir, en seis años el porcentaje de mujeres víctimas de violencia física en México se duplicó.

De forma similar, la encuesta indica que el porcentaje de mujeres víctimas de violencia emocional y sexual también aumentaron.  Mientras que en 2010 el porcentaje de mujeres que sufrieron violencia sexual fue de 35.4% y violencia emocional 44%, estos porcentajes se incrementaron a 41% y 49% en 2016 respectivamente. Por su parte, el porcentaje de mujeres víctimas de violencia económica (ligado con discriminación) en México disminuyó de 35% en 2011 a 29% en 2016.

¿Por qué? Es importante analizar qué sucedió en términos de violencia económica ya que es el único tipo de violencia contra la mujer que se logró disminuir de acuerdo con las mediciones de la ENDIREH. Es evidente que desde el gobierno se han desarrollado programas contra la discriminación. Sin embargo, también se han desarrollado programas contra los otros tipos de violencia que parecen no haber rendido los mismos frutos ¿Cuál es la diferencia?

Finalmente, si analizamos dónde están siendo victimizadas las mujeres, nos damos cuenta que el mayor porcentaje de los incidentes sucede en el ámbito comunitario (38%), laboral (26%) y escolar (25.3%). Solamente el 10% de los casos de violencia contra la mujer se dio en el ámbito familiar. Además, el 43% de los que agredieron a mujeres fueron sus parejas

En resumen, todo parece indicar que no solamente existe una violencia relacionada con el crimen organizado. Los niveles de violencia que se están produciendo en nuestras interacciones como comunidad también van en aumento. ¿Cuál argumento puedan utilizar las autoridades para justificar el aumento de comportamientos violentos contra la mujer en nuestras vidas diarias? La respuesta es ninguno. Es momento de que nos demos cuenta que no solamente los criminales sino muchos ciudadanos mexicanos hacen del país un lugar violento.

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