La guerra del fin de los tiempos

La guerra del fin de los tiempos

Qué observamos? Un panorama donde los periodistas parecemos hijos de Dante. El terrorismo islámico justificado como ‘Yihad’ o guerra santa contra el occidente que (en su narrativa) pretende ‘eliminar al Islam’. Esa idea es reforzada por las invasiones coordinadas por Norteamérica a Irak y Afganistán con motivos que al poco tiempo se revelaron como falsos (las llamadas armas de destrucción masivas). El motivo real que quedó al descubierto fue la apropiación de los recursos energéticos estratégicos para sostener el proyecto civilizatorio de occidente: gas y petróleo. Los hidrocarburos que provocan el efecto invernadero en el planeta y que están cambiando el clima. Al mismo tiempo la exclusión racial con alto contenido agresivo. Fantasmas que pensábamos enterrados en la historia, han resucitado con la fuerza de un volcán. Al grado que ese fantasma hizo posible la llegada de Donald Trump a la presidencia de la nación más poderosa del planeta; que ahora amenaza con usar la fuerza militar de su país contra los rivales conocidos, desde Corea del Norte a Venezuela. El estrés diplomático es excepcional. Al mismo tiempo sufrimos las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico y la sobre-armamentización provocada por la Iniciativa Mérida. Salen los muertos por doquier: fosas y caídos cotidianos. La desigualdad económica tiene a la población mundial polarizada: contaditos super ricos y masas enormes de pobres. Y el miedo ha atrapado el alma de los habitantes del planeta. Vivimos con, de, desde, en, sobre, bajo el miedo. Todo este panorama, ¿cómo se articula? ¿Cómo se relaciona la desigualdad, con la agresión racial, la guerra del narco y el terrorismo? ¿De qué son síntoma?

La invasión a los productores de energéticos por diferentes medios, como Irak, Afganistán y ahora Venezuela; el condicionamiento de los tratados comerciales y las causas de la migración sur-norte; hacen pensar en una guerra económica donde los sujetos de la misma se han enriquecido enormemente. El neoliberalismo puso su signo en su nacimiento: el asalto militar a Chile del ’73. Chile fue el experimento inicial del neoliberalismo en el mundo, y ahí puso el sello de su sino: desigualdad y terror con imposición militar. El capitalismo en su forma neoliberal necesita, para avanzar y reproducirse, de la invasión, el saqueo y uso de aparatos militares. Es decir, el síntoma indica que estamos en una guerra donde, el campo de batalla son las ciudades. Las víctimas son los inocentes que están en medio.  La desigualdad es el efecto económico de la apropiación de las riquezas de las naciones, por medios sofisticados que logran la conducción de las políticas públicas de los Estados. Les imponen sus medios de control, desde reformas estructurales hasta iniciativas de gestión militar (como la Iniciativa Mérida). Tanto muerto y tanto miedo son el producto concreto de la guerra a la que nos referimos. Pero esta situación nos está llevando al desfiladero. Parece la guerra del fin de los tiempos.

 

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