Escuelas de verano ¿permanentes?

Escuelas de verano ¿permanentes?

Se acaban las vacaciones de verano. Los papás de los niños se preparan para cumplir con todos los requisitos formales y económicos que les exigen los diferentes planteles educativos. Pero durante estas últimas tres semanas hubo experiencias educativas que se siguen repitiendo año con año cada vez más en una forma más recurrente y con una oferta cada vez más amplia sobre los tópicos a revisar y las disciplinas por aprender: los cursos de verano. Hubo en todo el estado ofertas para mantener a los chiquitines y jóvenes ocupados en actividades extracurriculares, sin ser. Destacan los esfuerzos que se realizan a través de las instituciones dedicadas al fomento de la cultura y las artes; en la capital del estado, sobre todo, los esfuerzos realizados por la Casa de Cultura de la capital del estado, la Subsecretaría de Desarrollo Artesanal en la Plazuela Miguel Auza y en el Centro Cultural Ciudadela del Arte.

Fue notorio el empeño que estos tres centros culturales mostraron para ofrecer a los niños y jóvenes una amplia gama de actividades extracurriculares que enriquecerán el acervo cultural de los mismos; pero que al mismo tiempo abren las perspectivas de desarrollo educativo tanto para los aprendices como para sus padres y ¿por qué no? de los mismos maestros e instituciones responsables.

En el caso de la Casa de Cultura, se sigue manteniendo una tradición de años y aunque un tanto incómodo para visitantes y extraños, resalta la seguridad con que se condujeron, permitiendo el acceso a sus instalaciones únicamente a quienes participaban en el programa o a quienes tenían algún compromiso que cumplir con el personal de la institución o con alguno de los maestros. Importante detalle, porque el horno no está para bollos. Lo esencial es que no se descuidó el tema principal que fue la participación activa de los jovencitos y sus profesores.

En la Plazuela Miguel Auza fue muy grato observar cantidades inusitadas de niños entusiasmados en el aprendizaje de nuevas habilidades relacionadas con la elaboración de artesanías y dirigidos por una buena cantidad de maestros, sobresaliendo la inusitada y poco usual presencia de maestros de la nación wixárica (o huicholes, como vulgarmente son reconocidos) que enseñaban parte de sus secretos artísticos a la comuna infantil zacatecana. No deja de ser loable llevar a cabo esta simbiosis desde otra perspectiva: la de nombrar a los pobladores originarios como maestros de las nuevas generaciones mestizas que pueblan estos territorios. Esta visión pudiera ayudar a cambiar nuestro paisaje cultural y dar una nueva perspectiva a la aceptación de las consideraciones que se tienen para definir el concepto de mexicanidad. Desde esta humilde opinión, vaya un aplauso a quien se le ocurrió tan genial idea.

La tercera experiencia que se observó (y desde aquí se envía una sincera solicitud de disculpa a tantos esfuerzos hechos sobre este ejercicio cultural en otros centros e instituciones por el esfuerzo realizado) fue el que se llevó a cabo en la Ciudadela del Arte, ciento setenta y seis niños inscritos –no todos terminaron- bajo la dirección de treinta maestros aproximadamente, desarrollando actividades que tenían que ver con el aprendizaje de habilidades de corte artístico como artes visuales, música, teatro y literatura bajo la coordinación del Instituto Zacatecano y el Departamento de Desarrollo Cultural Infantil con la premisa de imbuir una conciencia ambiental en los chiquitines y jovencitos en el manejo de las tres erres: Reducir, Reutilizar y Reciclar. En este caso fue muy grato observar como la joven generación hacía enormes esfuerzos para transformar la basura en alguna forma de manifestación artística y plástica; como a través de la música, el teatro y la literatura se trataba de generar una conciencia ambiental en los que serán los que tengan que lidiar con el futuro del mundo con los elementos que las recientes y presentes generaciones están dejando para vergüenza de una humanidad desmedida y enloquecida por la saturación de la tecnología comodina y la digital además de todas las aberraciones de sobreconsumo que obnubilan las conciencias, sobrepasan cualquier concepción de consumo, aportan al desperdicio inusitado y deterioran el planeta. Enhorabuena para todos los participantes y habrá que darle méritos a la Subdirección de Enseñanza e Investigación del ICZ y al subdirector de la Ciudadela del Arte y el personal de la misma por los esfuerzos realizados.

Lo loable de tales experiencias se da no tanto en los esfuerzos realizados, sino en las secuelas que los mismos dejen en los niños y se transfieran a sus familias. Es necesario mantener y fortalecer estos logros a niveles de trascendencia. Es ingenuo pretender que los niños cambiarán en algo sus formas de comportamiento en acciones de educación cultural y ambiental si no se mantiene el esfuerzo. Se requiere que los programas de verano se sigan ofreciendo en todos los centros educativos y culturales como actividades extracurriculares permanentes. Los pequeños logros conducen a grandes cambios y si el esfuerzo se mantiene, entonces se podrá aspirar a un entorno sano y constructivo donde la paz y el amor a la vida sean el común denominador.

Entonces se podrá aspirar al ejercicio de la cuarta erre, el Rehusar a seguir autodestruyéndonos.

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