El viejo truco de la descalificación

El viejo truco de la descalificación

Existen en el imaginario colectivo una serie de acusaciones en contra de la Iglesia católica, que nadie sabe cuándo, cómo o por qué, pero que se siguen manteniendo como ciertas y así se propagan. En el fondo se trata de la dolosa intención de descalificar para descartar. Vieja estrategia. Que si la Iglesia condenó a Galileo, que si se opone al progreso científico, que el medievo fue una época oscurantista por culpa de la Iglesia, que se opone al desarrollo de las sociedades modernas, que condena a los homosexuales, etc. Y como estas muchas otras medias verdades y afirmaciones descontextualizadas, que lo único que reflejan es la profunda ignorancia de quien las propaga.

La Iglesia mantiene una doctrina clara en contra de los embates de la ideología de género, cosa que a muchos incomoda y entonces optan por descalificar a fin de descartar. Y resulta sorprendente que acusen a la Iglesia de ser anticientífica, cuando no hay nada más anticientífico que la ideología de género. Esta ideología pretende implementar formas de pensamiento y códigos legislativos, no sólo contrarios al elemental sentido común, sino a principios básicos de la biología. No es, pues, la Iglesia retrograda y oscurantista la que se opone a la ideología de género, sino la ciencia misma.

Es un dato científicamente comprobado que la sexualidad humana es un rasgo biológico objetivo: XX y XY son marcadores genéticos. La norma del diseño humano es ser concebido como hombre o como mujer. La sexualidad humana es binaria por definición, siendo su finalidad la reproducción y el crecimiento de la especie. No existe un tercer sexo. El género, por otro lado, es la conciencia y el sentimiento de uno mismo como hombre o mujer; se trata de un concepto sociológico, psicológico y cultural. El niño o la niña tendrá que ir adquiriendo conciencia de su identidad y en ese proceso puede haber situaciones que retrasen o alteren el sano desarrollo y entonces estamos frente a una desviación psicológica que hay que atender. Esto es ciencia, biología pura y no religión.

Así que eso de que alguien que nace hombre “siente” que es mujer o viceversa es un problema psicológico que hay que atender, no deben buscarse alteraciones hormonales mediante el suministro de fármacos u operaciones quirúrgicas para extirpar órganos. El Colegio Americano de Pediatras afirmó en 2016 que “cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal”.

La homosexualidad se eliminó del catálogo de enfermedades mentales más por intereses económicos y políticos que en base a un verdadero análisis y estudio de la situación. Y ahora los miembros de las comunidades LGTTTB pretenden reclamar derechos y libertades y para lograrlo quieren modificar el concepto mismo de matrimonio y familia.

Claro que hay que evitar la discriminación, no sólo la ejercida en contra de los miembros de esta comunidad, sino también la que padecen muchas personas día con día; claro que reprobamos todo tipo de violencia en contra de cualquier persona por motivo de su orientación sexual. Eso es evidente. Hoy en nuestra sociedad todos coincidimos en un anhelo de paz. Rechazamos cualquier tipo de violencia, y la discriminación es un tipo de violencia. Esto es claro.

De lo que hablamos es de la pretendida intención de hacernos pensar que las conductas homosexuales son naturales y normales, que no pasa nada si a los niños se les enseña que da lo mismo casarse con una persona del sexo opuesto que con una del mismo sexo, que lo que importa es la felicidad (amor es amor, dicen). Es opinión de muchos psicólogos y psiquiatras que los postulados de la ideología de género son dañinos para los niños, porque pueden afectar el sano y correcto desarrollo de su personalidad.

Que las legislaciones incorporen esquemas legales de protección para las personas  del mismo sexo que deciden compartir la vida, de modo que sus bienes, su herencia, pensiones y más queden protegidos y en las manos correctas, pero que no pretendan decirnos que ahora el matrimonio no es la unión del hombre y la mujer, sólo para que algunos no se sientan discriminados.

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