Una aspirina de educación ambiental para Zacatecas

Una aspirina de educación ambiental para Zacatecas

En esta columna se ha venido insistiendo sobre la necesidad de fortalecer los diferentes parámetros que permitan asegurarse que el ciudadano medio del estado de Zacatecas encuentre una educación de calidad que le permita conducirse con congruencia en una ciudad que ha sido galardonada con el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, que cuenta con un Festival Cultural Zacatecas cuya fama trasciende las fronteras nacionales y se codea y compara con los de mayor pedigrí nacional como el Cervantino, que se autonombra como Ciudad Educadora, capital del estado del mismo nombre que cuenta con varias cabeceras municipales reconocidas como pueblos mágicos, zonas arqueológicas, ciudades históricas y una muy variada cantidad de zonas geográficas, climas, microclimas y una extensa biodiversidad. Aún así, hay una gran ignorancia de los pobladores sobre los límites, posibilidades y características del estado.

Algunos datos que causan sorpresa es que a pesar de ser el estado con la extensión territorial número ocho del país, ocupa el lugar número veinticinco en la población en relación a los otros estados de la república (INEGI). Esta proporción, sin embargo, no se refleja en niveles de bienestar. Solamente la octava parte de la población goza de los recursos que permiten afirmar que se es persona solvente y mantiene niveles de calidad de vida altos, y solo un parte muy reducida de este porcentaje puede jactarse de vivir con holgura.

Por otra parte, aunque las cifras gruesas oscilan según su origen, se habla de porcentajes de entre sesenta y setentaicinco por ciento de personas que viven en estado de pobreza y de los cuales entre diez y veinticinco sobreviven en pobreza extrema. Resulta doloroso aceptar que cerca de un millón doscientos mil zacatecanos son pobres o pobres extremos y menos de doscientos mil viven bajo esquemas de calidad de vida entre decorosos y muy altos. Las referencias varían entre datos obtenidos por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y el Instituto de Investigaciones Económico-Sociales de la Unidad Académica de Economía de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Lo importante, en realidad, no es la fuente, sino que en general se acepta que al menos más de la mitad de la población sufre carencias que no debieran existir en un estado con altos índices de recursos potenciales en una perspectiva de desarrollo regional. Entonces, surgen dudas que ponen a cavilar sobre quién o quiénes están haciendo mal su trabajo, si la población y sus representaciones desde la sociedad organizada; el gobierno y sus instituciones; la normatividad territorial o si efectivamente el territorio no da para nada mejor y se está condenado a vivir en la miseria por el sólo hecho de haber nacido o haber decidido asentarse en estos lares. El problema de estos datos es que encierran una muy limitada esperanza para el goce de servicios sociales como la vivienda, la salud, los servicios y sobre todo, la educación. ¿De qué sirve contar con recursos potencialmente ilimitados si no se demuestran los índices correspondientes en la calidad de vida, sobre todo en lo que se refiere a la educación?

Si la pobreza es un referente de las limitaciones que se dan en la oferta educativa, entonces las perspectivas de desarrollo de la población están en la más completa de las bancarrotas, porque si no se cuenta con este máximo recurso con que puede contar cualquier lugar civilizado que se precie de serlo, entonces no hay manera de aspirar a un futuro promisorio. Sin educación no hay presente, como lo pueden constatar los hechos de violencia y degradación humana que se viven cotidianamente en el estado, y lo porvenir, por dondequiera que se analice conduce irremediablemente a la miseria no sólo física, sino moral e intelectual.

Se puede decir que se cuenta con las instituciones de enseñanza públicas pero pobre papel están representando cuando la educación promedio de la población no alcanza ni para terminar la secundaria y a eso hay que agregar que la eficiencia de las mismas es altamente cuestionable puesto que los maestros y las instituciones están deschongándose todos los días por cuestiones que no tienen nada que ver con los asuntos de la enseñanza ni la educación.

Y mientras todo lo anterior ocurre, el territorio y su potencial productivo es abandonado paulatinamente en formas literal y metafórica. La gente sigue dependiendo de las remesas en dólares y el potencial productivo de la riqueza está siendo explotado por los mismos ricachones de siempre y las empresas extranjeras que no aportan nada al producto interno bruto del estado.

De la Universidad pública mejor ni hablar; nada le sale bien, salvo los zafarranchos ideológicos y su descerebrada lucha por el poder político y las cuotas económicas que de ahí se derivan; la enseñanza media superior y superior privadas son un perfecto ejemplo de lo que no debe hacerse. Mucho negocio y poca enseñanza. ¿A dónde iremos a parar por este camino?

En vacaciones, se establecen las diferentes ofertas de cursos de verano, pero más parecen guarderías para los niños de padres de familia desesperados que una alternativa cultural, como lo que ofertan las diferentes escuelas, casas de cultura y el mismo Instituto Zacatecano de Cultura. En ellos se enfatiza la educación ambiental, por regla general, pero ¿será una simple aspirina para detener el cáncer de la ignorancia generalizada? Al tiempo. ■

 

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