Las lecciones de la huelga de hambre en la UAZ

Las lecciones de la huelga de hambre en la UAZ

El viernes pasado terminó la huelga de hambre de los universitarios que recurrieron a esa medida extrema para exigir su reinstalación como trabajadores de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Una vez que los ayunantes llegaron a un acuerdo con las autoridades, y ya no está en riesgo su integridad física, es conveniente reflexionar sobre la legitimidad del instrumento utilizado por los trabajadores, y sobre la conducta y argumentos utilizados por la Rectoría ante la situación de hecho que tuvieron que enfrentar. Para empezar, hay que decir lo obvio: La huelga de hambre es una herramienta de denuncia y protesta que emerge con fuerza cuando las demandas legítimas de los actores chocan con una limitada capacidad de respuesta de la autoridad correspondiente. Las huelgas de hambre no son algo nuevo en las luchas de los pueblos y de los sectores oprimidos para encontrar caminos de mayor justicia. En la historia mundial se recuerda la realizada por M. Gandhi, quien estremeció a la sociedad moderna con una huelga de hambre que cambió el destino de la India doblegando al Imperio Británico e instalando la huelga de hambre como herramienta legítima de movilización social. Surgió así la desobediencia pacífica como un nuevo paradigma para las luchas sociales y culturales en el mundo contemporáneo, demostrando el poder cuestionador de un accionar humilde pero cargado de sentido y dignidad moral, en que una persona (o varias) decide denunciar públicamente una injusticia mediante la conducta de no ingerir comida (hasta las últimas consecuencias, si fuera necesario), para ejercer presión sobre la autoridad considerada como la fuente de la injusticia y atraer así la atención pública creando una presión social sobre la autoridad.

En este sentido, la huelga de hambre es una forma de protesta social pacífica y extrema al mismo tiempo, en la que se tensionan valores centrales del individuo, como la vida y la libertad, porque vida y libertad se contienen en la esencia de la dignidad humana. Una huelga de hambre no constituye una conducta suicida, porque quienes reclaman por medio de esta vía extrema no buscan la muerte, por el contrario, racionalmente aman su vida, pero asumen un riesgo vital en la búsqueda de un bien que legítimamente han definido como prioritario. En este caso el bien que buscaban era su empleo, e indirectamente, hacer consciencia entre los trabajadores de base y precarios en general de la necesidad de luchar por su derecho al trabajo decente, en la acepción de la Organización Internacional del Trabajo.

La conducta flexible y responsable del Rector que propició el levantamiento de la huelga de hambre ha creado las condiciones para que el dialogo universitario se enfoque en asegurar la pertinencia social de la UAZ, y en la búsqueda de una manera digna de interaccionar con las autoridades educativas para que aporten los recursos necesarios para incrementar sustancialmente la cobertura estatal en el nivel superior y el posgrado. La conquista de ese bien para la población no es una tarea de unos pocos bien intencionados, sino de toda la comunidad universitaria, de sus órganos de dirección y, en última instancia, del propio pueblo zacatecano. El diálogo abrió la puerta del acuerdo, y mantenerlo sobre los asuntos fundamentales de la UAZ, es una responsabilidad de todos.

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