Los jóvenes: entre la catástrofe de seguridad y la necesidad de cambios

Los jóvenes: entre la catástrofe de seguridad y la necesidad de cambios

Los jóvenes están siendo reclutados en las filas del crimen organizado y, también, son la voz crítica que clama por el futuro. Recordemos aquella visita que Peña Nieto hiciera a la Universidad Iberoamericana, en la cual fue cuestionado (enfrentado) por los jóvenes estudiantes por su actuación como gobernador del Estado de México y las falsas expectativas de su entonces candidatura presidencial. De un evento como este surgió rápido un movimiento que tomó dimensiones nacionales y se convirtió en el “132”. De alguna manera se leyó este movimiento como el equivalente mexicano a los indignados europeos, que se organizaban en multitudes sin centro ni jerarquía y exigían cambios esenciales en el Estado para revertir los efectos del neoliberalismo. El 15-M español evolucionó de multitud a partido, y nació Podemos, un partido-movimiento que ha venido a cambiar el rostro de la política española. En México, el 132 no logró concretarse en alguna forma organizativa nacional, sin embargo, muchos jóvenes producto de ese movimiento son los que han fecundado nuevas y múltiples experiencias de organización social y política. Es decir, el movimiento no fue estéril.

Lo interesante de los movimientos juveniles es que parecen estopa: prenden muy rápido, pero también pueden apagarse con igual velocidad. Hacen llamados los jóvenes universitarios y se involucran en temas esenciales de la preocupación social, cuando tienen algo de tiempo articulan demandas. En este caso es la seguridad. Exigir al gobierno que haga su trabajo en garantizar la seguridad elemental de los ciudadanos y evitar que otros jóvenes sean reclutados para hacer daño a personas inocentes. Y como un factor que provoca el reclutamiento es la falta de oportunidades, luego entonces, el reclamo puede derivar en una demanda social más amplia: exigir al Estado que genere oportunidades de estudio y empleo para las nuevas generaciones. Así, la seguridad lleva necesariamente a otras demandas, aquellas que son causa de la misma. Un movimiento juvenil puede convertirse en sujeto de cambio, porque no tiene agarraderas que lo condicionen. Es más independiente o incondicionado que otros movimientos sociales. Y esa libertad de acción es esencial para exigir al poder público modifique su comportamiento.

Las ciudades del centro del estado, como Guadalupe, Zacatecas, Fresnillo, Calera y Jerez, están convertidas en campos de batalla entre cárteles. Y eso si es un problema, al contrario de lo que afirma el secretario de seguridad, porque nos quitan la tranquilidad metiéndonos en la incertidumbre permanente, el miedo y además, otorga el control de los territorios a los criminales. Ojalá los jóvenes logren articular la participación de otros sectores de la población y se pueda modificar la política de seguridad. Y se hagan acompañar de la inteligencia para crear propuestas desde la sociedad civil. Por ello, esperamos y tengan éxito los convocantes a la marcha del jueves.

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