Cuando la felicidad es un artículo de lujo

Cuando la felicidad es un artículo de lujo

Resulta muy complicado ser feliz hoy en día? ¿Es caro? ¿Se consigue mediante una app gratuita? Son preguntas que a primera vista pueden resultar obvias y hasta ingenuas y sin embargo no lo son. En absoluto. Si nos detenemos a ver de cerca nuestro actual estilo de vida, da la impresión que la felicidad se ha convertido en un artículo de lujo al alcance sólo de algunos cuantos. No es casualidad que las enfermedades de nuestro siglo sean  la depresión y el stress.

Existe desde mediados del siglo pasado una industria de la felicidad, que pretende acomodar a la medida del consumidor un producto capaz de proporcionar satisfacción, plenitud y felicidad. El consumismo parece ser la gran actividad  de nuestra generación, gran parte de nuestra vida gira entorno a aquello que compramos.

En 1924 la Rockefeller Foundation mandó realizar un estudio sobre el estilo de vida de la sociedad estadounidense. El así llamado estudio de Middletown se proponía situar a la sociedad frente al espejo, revelando una serie de detalles banales pero fascinantes sobre la vida cotidiana de las personas. Los investigadores aspiraban a que dicho estudio sirviera para que la gente se diera cuenta de la cultura del consumismo que estaba por todas partes. Este tipo de estudios realizados a base de encuestas servía  a los grandes productores y prestadores de servicios para que identificaran las necesidades de la sociedad y saber así con certeza que productos ofertar.

Desde entonces este tipo de estudios continúa, hoy en día la neurociencia permite saber a los agentes publicitarios que tipo de imágenes, sonidos y olores provocan vinculaciones emocionales con determinadas marcas. Hoy es una posibilidad real descubrir si un anuncio funciona o no a la hora de dirigirse a una emoción específica y si mueve realmente a comprar. Se trata de una ciencia objetiva del deseo.

Para quienes se dedican a realizar estos estudios de mercado se trata del negocio del siglo, pues cualquier mediado empresario querrá saber con certeza cómo anunciar su producto si quiere verdaderamente que llegue a los consumidores, y si esto hace un empresario local, pensemos en los grandes consorcios internacionales y en las poderosas  marcas mundiales.

A esto debemos añadir hoy que resulta mucho más fácil obtener la información precisa para realizar dichos estudios. Ya no es a base de encuestas, pues las redes sociales ofrecen de manera sencilla y clara esa información. Una red social como Facebook permite tener acceso al universo privado de una persona, poniendo en evidencia sus gustos y disgustos, sus deseos y aspiraciones, sus miedos y resistencias, su música y lugares favoritos, la comida de su preferencia, el color que más le acomoda.

Toda esa información que generamos mediante los likes que damos o las páginas que visitamos y compartimos, cuando decimos donde y con quién estamos o simplemente cuando expresamos un sentimiento (me siento entusiasmado, triste, enojado, frustrado, contento, hambriento…) es muy bien aprovechada por quienes se dedican a realizar estos estudios de mercado. Prácticamente les estamos diciendo todo lo que necesitan saber para que luego las grandes cadenas comerciales sepan que tipo de frases, colores, actores y música  utilizar en su publicidad, de modo que al hacerlo tienen la certeza de que será efectiva para despertar nuestros sentidos y movernos a comprar.

Pero no sólo nos venden productos, no se trata sólo de la marca de la ropa, del perfume o del dispositivo electrónico, en realidad nos están vendiendo una idea, una ideología, un estilo de vida. Llegamos a creer que la felicidad está en comprar este o aquel producto, que usa el goleador de la temporada,  en usar la marca de ropa que anuncia la estrella pop del momento, en utilizar el último modelo del celular con el color sorprendente y único.

Hemos llegado a creer que la felicidad es uno más de estos productos, que es el resultado del estilo de vida que se nos ha indicado y para el cual se nos prepara mediante cada anuncio publicitario de televisión o de las redes sociales; las tendencias es lo de hoy, subirse al tren de mame es una necesidad imperiosa si se quiere ser parte de esta generación, estar es sinónimo de ser, por eso es necesario indicar al mundo entero donde y con quien estoy. La felicidad se ha convertido en un artículo de lujo.

Las palabras del gran Facundo Cabral son hoy más actuales que nunca: “No estamos deprimidos, sino distraídos”, por eso no vemos que la felicidad es uno de los pocos bienes que no se pueden comprar, que no se descargan, que no necesitan actualizarse, que no tienen fecha de caducidad. n

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