El Futbol en Zacatecas; pateando la violencia

El Futbol en Zacatecas; pateando la violencia

Cuando era niño mis papás me llevaron a ver un Chivas contra Santos al Francisco Villa. Seguramente muchos de ustedes también lo recuerdan. Para mí el futbol siempre fue un lugar donde encontraba tranquilidad. Con mis amigos de escuela jugué en la diente de leche, en la pony y otras divisiones del gran futbol infantil zacatecano. Los partidos generalmente eran en la Unidad Deportiva, ahí cada partido era una batalla que se jugaba entre piedras y vidrios. Jugar en la cancha de la Junta Estatal de Caminos era como pisar el Azteca. Jugar en pasto era pensar que algún día podríamos ser profesionales.

El Chivas contra Santos fue el primer partido de primera división que vi. Mi padre consiguió cuatro boletos atrás de una portería. La fila era larga y llegamos tarde así que entramos a empujones para no perdernos ni un minuto. Mi madre, que es claustrofóbica, fue apachurrada por la muchedumbre mientras yo, de menos de diez años, esperaba ya adentro del estadio del otro lado de la reja.  Cuando finalmente estuvimos todos juntos – mi hermano mayor, mi padre, mi madre y yo- entramos a la cancha. La imagen del estadio lleno, pintado de rojo, nunca logrará escapar de mi mente. Fue ahí cuando entendí lo que dice Galeano – no hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie-.

Desde aquel partido siempre esperé que en Zacatecas pudiéramos tener un equipo en primera división. Cuando la Real Sociedad empezó a jugar pensé que nuestro momento había llegado, no fue así. Cuando los mineros empezaron a picar piedra imaginé a un equipo de Zacatecas matando por la copa en el Azteca, no ha sido así.  Lo que hemos tenido en Zacatecas son equipos segundones que se quiebran en el último momento y aun así los seguimos. Para muchos se debe a que la mafia que controla el futbol nacional sabe que Zacatecas no es una plaza rentable. Por ello nunca tendremos la inversión necesaria para tener un buen equipo. Esta explicación es una vil patraña.

Zacatecas es uno de los pocos estados de la República que no tiene un equipo en primera. Los niños son obligados a crecer idolatrando a ídolos lejanos que muy probablemente nunca verán jugar. El tener un equipo en primera podría hacer que los niños tengan ejemplos a seguir mucho más al alcance de las manos. La actual situación con la empresa dueña del equipo es difícil y todo indica que los zacatecanos seguiremos teniendo que cantar los goles en porterías ajenas. Juan Villoro, un apasionado del futbol, escribió que hay quienes no heredan más que el adorado nombre de un equipo. Aquí en Zacatecas, como en otras ocasiones, estamos a punto de quedarnos sin herencia.

Además de ser un negocio, el futbol en el estado puede ser un catalizador social. Si los mineros se van, no necesariamente será algo trágico e irremediable. Puede ser la oportunidad perfecta para invertir en una política pública que capte el talento y la pasión de los zacatecanos.  Muchos de los equipos más famosos y duraderos de México son lo que son gracias a su base, a su cantera. Desde la Noria en Xochimilco, el Cruz Azul invierte en jóvenes que saben cómo patear un balón. Independientemente de si todos van a hacerse profesionales o no, este tipo de esfuerzos tienen efectos colaterales importantes.

Primero, los jóvenes soñarán con ser futbolistas no con ser halcones de los narcotraficantes. Su deseo será meter o detener un gol en un estadio repleto, no convertirse en líderes de los cárteles. Su mayor miedo serán las lesiones de rodilla, no las balas de otros que también pudieron ser futbolistas. Segundo, desde lo más hondo de nuestro estado, podremos formar un equipo con nuestros propios colores. Esto puede sonar utópico, pero no es así. En 2010, había en Zacatecas 151,780 niños entre 5 y 9 años. Hoy, esos niños están en la edad más fértil para decidir si convertirse en deportistas o en delincuentes. Resulta difícil creer que de este grupo, en un estado cuyo deporte es el futbol, no podamos encontrar al menos treinta muchachos con características de magos del balompié.

Si tomamos una fracción del presupuesto destinado a seguridad pública, destinamos los fondos que solían ser para los Mineros y los utilizamos para hacer los sueños de los jóvenes un poco más palpables todos estaremos mejor. Muy pocos equipos de futbol son negocio, casi todos operan en números rojos. Lo que sí es negocio es darle una pelota a un niño que vive en medio de un clima de violencia e inseguridad. ■

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