Las mineras y el agua de los zacatecanos: serios riesgos de inseguridad hídrica

Las mineras y el agua de los zacatecanos: serios riesgos de inseguridad hídrica

¿Qué valor tiene el agua? Sobre esta pregunta recuerdo una ocasión que hice una entrevista a un campesino de la comunidad de Casablanca, que entonces tenía 102 años; afirmaba que para él el agua era dios, porque “nadie la puede destruir y es la que da la vida”. Quedaron sus palabras labradas en mi memoria. Don Juan veía las cosas con nítida claridad: el valor del agua es absoluta. Lo cual significa que no tiene equivalente. No se puede intercambiar por nada. Cuando la cobran en los servicios domésticos, en realidad se paga el costo del servicio, no el agua misma. Eso significa que aun en los costos ambientales que calcula INEGI, no pone precio al agua, sino sólo se calculan los costos de la posibilidad de volver a contar con ella. El agua no tiene precio. Y no lo tiene porque el costo humano de quedarse sin ella es tan alto como la vida. Así, en todo caso, el precio del agua es la vida misma.

Pues bien, estas palabras son para poner en báscula lo que hablamos. El despojo de minerales metálicos y no-metálicos es una cosa mala, pero despojarnos del agua es otra cosa: es quitarnos la fuente misma de la vida. El daño ambiental de las mineras se calcula en 107 mil millones de pesos anuales y a cambio dejan una miseria en impuestos en Zacatecas. Recursos no renovables y que nunca regresarán. Sin embargo, una parte importante del agua que extraen es fósil, lo cual significa que si son aguas cámbricas son no-renovables, una vez que se extraigan jamás regresarán. Su uso es único. ¿Cómo es posible que autoridades federales permitan el saqueo del agua? Esos actos de corrupción deben castigarse en forma especial. Es corrupción de lesa humanidad. Hace unos meses atestiguamos cómo el gobierno federal se puso en contra de los intereses de los zacatecanos y se colocó del lado de los intereses de las mineras. Es el mismo gobierno federal que da los permisos de extracción de agua. Funcionarios federales que van de paso otorgan los permisos a partir de procedimientos completamente irregulares, mientras los pobladores permanentes del estado sufrirán las consecuencias. Por ello, es muy importante observar qué van a hacer ante estos acontecimientos las autoridades del gobierno estatal. Como son funcionarios también fugaces, queda la posibilidad de que omitan toda acción contra las irregularidades de gobierno federal. La conducta del Estado frente a las mineras pone de relieve la disolución de la esencia misma del Estado: su dimensión pública. Su instrumentación por  intereses privados y particulares.

Antes de saber los volúmenes de extracción para uso industrial en Zacatecas (sobre todo cerveza y minería);  sabíamos que 8 de cada 10 litros extraídos se usaban para producción de alimentos. Sin embargo, seguramente con las últimas cifras debemos actualizar las proporciones. Si el desperdicio del uso agrícola es mucho y sumamos el uso industrial-minero, la cantidad de agua que se va para no volver es altísimo. Los diagnósticos de pobreza de agua que existen para el caso de la zona central del estado apuntan a una situación de alto riesgo de la seguridad hídrica de Zacatecas: con acuíferos agotados, bajas precipitaciones, sin manejo de zonas de recarga, y con sistemas de riego rodado, el futuro es obscuro. Además, es muy grave que los estudios de impacto ambiental que se hacen para el caso de las mineras, sean ellas las que los financien o, incluso, los elaboren. Y las autoridades, sin más, los den por buenos. Debemos cuidar como nunca las reservas de agua subterránea porque Zacatecas está ubicada en una zona de alta vulnerabilidad a sequías que, según nos dice la mecánica del cambio climático, es justo en nuestro territorio donde se van a dejar ver las peores consecuencias del mismo.

Urge que en Zacatecas desatemos una discusión y logremos obligar a las autoridades a legislar sobre el uso del agua en el estado. Una verdadera Ley de Aguas. La economía agrícola planteada sobre la producción de forrajes, que parecen ser económicamente rentables son ecológicamente inviables dado que se convierten en formas indirectas de exportación de agua a estados vecinos. Y sobre el uso industrial en cerveza y minería debemos decidir: ¿queremos que el agua (en estado de escasez) se use en el tratamiento de la industria minera, o preferimos reservarla para las necesidades de producción de alimentos y uso humano? Debemos pensar en organizar un congreso ciudadano para elaborar una propuesta de Ley de Aguas pero desde el interés público de los zacatecanos y con estudios serios y objetivos de la academia, y no desde el interés de las mineras. En el 2011 tuvimos una sequía que nos dejó muchos avisos sobre la mesa; espero y los zacatecanos sepamos procesarlos antes de que sea muy tarde. ■

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