50 poemas de amor y una calificación desesperada

50 poemas de amor y una calificación desesperada

Le cuenta un profesor de ciencias en las preparatorias de la Universidad Autónoma de Zacatecas que hace poco pidió a sus alumnos, como trabajo final, un ensayo sobre la minería en México y especialmente en Zacatecas. “Ya saben que el ensayo debe tener una introducción, un desarrollo o argumentación y especialmente sus conclusiones. Todo debe ser con sus palabras, quiero leer sus ideas”, recalcó.

El profesor da un sorbo al té y continúa su relato: “¿Me lo creerás, maestro, que en uno de los grupos sólo una alumna entregó un ensayo original? Todos los demás cortaron y pegaron. Pegaban renglones de internet y en las conclusiones ponían: Me parece bien la minería por esto y me parece mal por lo otro. Pero en la parte del desarrollo de las ideas todo era Wikipedia y datos muy generales de la web”.

“Estamos acaso ante la generación Copiar y pegar, pues”, respondo. “No sólo eso: ahí te va la peor parte:se supone que sus maestros de Lectura y Redacción debieron enseñarles cómo se escribe un ensayo, un cuadro sinóptico, un resumen… pero en realidad a los de un grupo, por ejemplo, todo el semestre se les fue en obras de teatro y poesía. Les pregunto a los muchachos: ¿No los pusieron a escribir un ensayo como trabajo final? Y me dicen: Con esa maestra el trabajo para la calificación final fue escribir 50 poemas que fueran de nosotros”. El profesor calla y me mira como esperando mi reacción. Luego complementa: “O sea, poemas del ronco pecho de los alumnos”.

Transcribo la plática porque me da pie para insistir en que muchos profesores estamos equivocando el rumbo ante los alumnos desesperados por una calificación aprobatoria. Aunque se escuche duro, nuestro reto no es educar tomando como base lo que nos gusta o apasiona. No se trata de que impartamoslas clases que hace 20 años hubiéramos querido recibir. No se trata de compartir lo que uno tiene como tesoro. No se trata de enseñar lo que uno cree preciso, sino más bien enseñar lo que debe enseñarse para sobrevivir y salir adelante en el México y el mundo de los años que le quedan al siglo 21.

Nuestra obligación es enseñar a estas nuevas generaciones los códigos para la comunicación con un mundo que está allá afuera y que jamás se ha detenido a esperar a otros. Escribir ensayos rigiéndonos por estilos de referencias bibliográficas, poseer habilidades de razonamiento matemático, competencias de educación científica, desarrollar hábitos de lectura de revistas especializadas. Los resultados de México en la evaluación Pisa de 2015 son preocupantes: 56 de cada 100 estudiantes reprobaron Matemáticas (con el mejor nivel sólo 2); 47 de cada 100, Ciencia (con el mejor nivel sólo 3); 41 de cada 100, Lectura (con el mejor nivel sólo 4). No tenemos tiempo para transmitir a los alumnos nuestras obsesiones: primero debemos capacitarlos en lo que este país requiere ante la voraz “libre competencia” que al tiempo es despiadada.

Siempre que escribo sobre esto recuerdo a mi profesora de Filosofía de la preparatoria, quien nos obligaba a memorizar: “Arthur Schopenhauer nació en Danzig, ciudad que actualmente es Gdansk, en Polonia, en 1788. Murió en Fránkfort del Meno, entonces reino de Prusia, hoy Alemania, en 1860. Su trabajo más representativo es El mundo como voluntad y representación”. Tantán. El examen final era de complementación: nombres y fechas en juego, pero ni ápice de en qué consiste la doctrina filosófica del viejoy cómo repercute ella en el mundo actual.

Podemos lucirnos en primera fila frente a nuestros alumnos que montan una obra de teatro, comparten un performance o leen al público los poemas “de su ronco pecho” para obtener buena calificación final. Podemos sonreír y sentir que estamos cumpliendo con lo que queríamos, mientras los alumnos siguen sin aprender lo que se debe y al país se lo lleva la fregada.Podemos seguir sorprendiendo a los profesores de ciencia con la ignorancia que por omisión dejamos en nuestros alumnos, podemos seguir dejando que estas nuevas generaciones sean de copiar y pegar. Y después lamentar que la nación no despierte ante el México violento y pleno de injusticias, que los jóvenes no analicen bien lo que sucede y la gravedad de nuestro día tras día, a pesar de nuestras muchas horas dedicadas frente a grupo y más horas “quemándome las pestañas” para preparar clases que en realidad sirven para maldita la cosa.n

 

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