El Gobierno Abierto: la democracia posible (Segunda parte)

El Gobierno Abierto: la democracia posible (Segunda parte)

Luego de un rápido análisis de la situación democrática existente y de la alternativa que podría significar la estrategia de Gobierno Abierto, hay que abrir aún más el foco de nuestra propuesta.

El sistema político liberal exige hoy su rediseño, con una visión moderna que incluya la diversidad de circunstancias que produce la nueva realidad en nuestros tiempos. Nadie en su sano juicio podría renunciar al sistema democrático en su versión más compleja y amplia: aquél que a través de instituciones imparciales, garantiza, vía la participación de todos, los derechos humanos de cada persona, a partir del momento mismo en que se identifica a un ser humano con ese concepto, y que, con fuerza legítima, hace valer la esfera de libertad individual compatible con la comunidad. Numerosas experiencias nos relatan cómo en aras de otros valores, sacrificar a la democracia y la libertad, termina obstruyendo la conquista de aquéllos, con costos históricos cuya recuperación tarda décadas, violentando lo insalvable: la dignidad humana de grupos enteros de individuos, generalmente, siempre los más débiles o integrantes de minorías.

Por ello, queda claro pues, que salvar la democracia, es un esfuerzo que debe convocarnos a todos. Sin embargo hay que detenerse en una reflexión impostergable e inherente al momento que vivimos: su principal instrumento ha perdido la efectividad con la que surgió, al complejizarse el quehacer público. Recientemente el jurista argentino, Roberto Gargarella, en un artículo titulado Pensar sobre la democracia, discutir sobre los derechos, hacía estos interesantes cuestionamientos: “¿de qué modo hacer algo de todo esto si contamos básicamente con un solo instrumento –el voto- que podemos ejercer muy de vez en cuando? ¿Y de qué modo hacerlo cuando, con ese voto, necesitamos expresar tantas cosas: lo que queremos y lo que no queremos, nuestro entusiasmo por algunas medidas que han sido tomadas y nuestra decepción por otras que sin embargo se tomaron? ¿Cómo hacer todo lo que queremos hacer con un solo voto, que termina habilitando infinidad de decisiones, en nuestro nombre y a cuenta de una legitimidad que aparentemente hemos ayudado a construir con aquel ambiguo y difícilmente descifrable acto de concurrir a las urnas?”

El esquema de Gobierno Abierto como política pública es una buena oportunidad complementaria del voto. Nunca en sustitución, pero sí como una medida que permita a la sociedad el seguimiento continuo y permanente de las decisiones y/o políticas públicas emprendidas por el Estado y sus operadores.

Es importante comenzar a aclararlo: Gobierno Abierto, no solo se refiere al Poder Ejecutivo, sino a una dinámica de interrelación y comunicación, en dos direcciones, de representantes y servidores públicos con la ciudadanía.

Las redes sociales ofrecen hoy un mecanismo práctico que permite la participación de un sinnúmero de ciudadanos interesados en la cosa pública, sin costo alguno para el Estado. Claro está que a estas herramientas habrá que agregarles criterios de participación y formas confiables de medición de la opinión colectiva, sin embargo, no dejan de ser un mecanismo novedoso, de muy bajo impacto económico para su implementación –en comparación a las encuestas y muestreos personales- y cuya éxito podría inaugurar una nueva etapa de  la relación entre quiénes son parte del aparato político y la sociedad civil, desde su punto más sensible e importante: la persona misma.

Pero ésta, la expresión ciudadana vía redes sociales o instrumentos web, son solo el segundo paso. El primero es provocar el modelo de democracia deliberativa entre nuestra clase política. Es propicio incentivar a la expresión de todos los representantes populares. Exigir que informen de todo pero que no quede ahí, sino que debatan, rebatan y argumenten. Que nos proporcionen posturas lo más amplias posibles, permitiendo a su vez, de manera corta e innovadora, la promoción de sus actividades.

Hay dos figuras del sistema política mexicano que podrían poner en práctica una política de recolección, seguimiento y experimentación de opinión en redes sociales: los municipios y los diferentes poderes legislativos. Los municipios a través de la consulta práctica y directa a los vecinos de un área en específico, sobre determinadas obras y/o acciones. Los órganos legislativos, bien harían en promocionar una estrategia que les permita obtener datos sobre el apoyo que los electores, en cada distrito, tienen de un proyecto de ley, todo ello, cabe insistir: con la mayor transparencia e información posible, para generar un debate que permita a los ciudadanos la deliberación entre ellos y con su representante. n

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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