Los salarios contra los ingresos de los funcionarios: legitimidad pulverizada

Los salarios contra los ingresos de los funcionarios: legitimidad pulverizada

¿Por qué dividen los ingresos en salarios formales y bonos especiales? Los bonos están pensados como estímulos para que los trabajadores realicen el trabajo con esmero. Es decir, entre medidas para construir o moldear comportamientos está la estimulación salarial; se conciben como un intercambio: un comportamiento a cambio de un premio. Así las cosas, es inconcebible que un premio sea mayor al salario formal recibido. Si el estímulo es de mayor magnitud al ingreso base, deja de ser ‘estímulo’. Estamos hablando de otra cosa. Simulación de ingresos. Las compensaciones se conciben como la manera de equilibrar el esfuerzo o sacrificio que implica ser funcionario público, como el caso de trabajar los domingos, vacaciones o deshoras entre semana. Pero igualmente, la compensación no puede ser mayor al salario formal. Además, deben existir mecanismos que verifiquen que ese dinero invertido en compensación o en estímulo, ha sido justificado y ha rendido frutos. Pero eso no aparece nunca. Son ingresos como sobresueldos con otro nombre. Esto es, ingresos ordinarios altos pero disfrazados de bonos y compensaciones: se dan regularmente cada mes o quincena y no se verifica su objetivo. Es decir, dicho de manera clara: se destina un ingreso ordinario a un funcionario de 250 mil pesos, pero se publica un salario formal de 90 y se le da el resto bajo el nombre de ‘bono’. Así las cosas, no se trata de verdaderos bonos a la productividad o cosa parecida, sino de altos ingresos disfrazados.

Ahora bien, quienes justifican esos ingresos lo hacen comparándose con otras entidades federativas. Pero no dicen que otros estados dan porcentajes locales enormes a los servicios de educación y salud; por ejemplo, en Jalisco es mayor la cantidad aportada por el estado al financiamiento de la U de G que la Federación. Cuando en Zacatecas el estado aporta sólo el 15 por ciento del financiamiento en el mismo rubro. Esto es, en una entidad con (casi) nulos ingresos propios no se pueden generar esas comparaciones. No somos similares en la aportación estatal a la educación, pero sí somos similares en el ingreso de los burócratas. Que conveniente. En general el costo de la burocracia en México es obsceno: tenemos la suprema corte más cara del mundo y así por el estilo. Si hacemos el análisis de la profesión por decil en Zacatecas, nos encontramos que los deciles de altos ingresos son acaparados por funcionarios públicos. En un estado pobre y atrasado esta situación no tiene justificación alguna, aun cuando sea legal o no contravenga ninguna norma. Es injusta. Y el valor principal de cualquier institución pública es ser justa, así como el valor de una teoría consiste en ser verdadera. En otras palabras: una teoría no verdadera no vale o no sirve y debe ser abandonada; y una institución no justa no vale y debe ser cambiada. Así las cosas, debemos ver qué hacer no con los salarios, sino con los ingresos totales de la burocracia. Mientras eso no se logre, habrá un hueco parecido a un abismo en la legitimidad del gobierno local.

  1. Felicidades a los trabajadores de la cuchara y el colado: los albañiles.

 

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