¿A quién corresponde?

¿A quién corresponde?
Rafael de Santiago. Infancia.

La Gualdra 282 / Promoción de la lectura

Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Marco 4:25

 

La deserción escolar en México es realmente alarmante. A menos que se tenga proyectado un país especializado en mano de obra barata y fundamentar la competitividad de la economía en ello. Según datos de la OCDE, el 40% de los estudiantes de bachillerato abandonan sus estudios. El origen de este fenómeno puede ser multicausal. Pienso en la apremiante situación económica que viven la mayoría de las familias mexicanas, ello si partimos del enfoque economicista.

Pero también estoy seguro de que hay factores como la misma pérdida de autoestima provocada por la imposibilidad de entender y aprobar las evaluaciones a que son sometidos los estudiantes. Me viene a la mente los resultados de PLANEA del año pasado. Y se me ocurre pensar en una hipótesis: los malos resultados en matemáticas y ciencias también pasan por la ineficiente manera de leer. Es decir, no descarto que se presente bajo nivel de dominio en los conocimientos del alumnado, pero tampoco que tengan problemas de comprensión lectora. De ahí que no entiendan las consignas, los planteamientos y los problemas.

En colaboraciones anteriores planteaba algunos grupos de problemas de comprensión lectora, aglutinados de manera general. En pocas, pero poquísimas, ocasiones se da una atención puntual que atienda el problema en cuestión. Si el diagnóstico es general: “Tiene problemas de comprensión lectora”, el remedio no es distinto. Entonces la madre o padre de familia buscan quien “regularice” a su vástago. Y aquí nos enfrentamos con otro aspecto de la desigualdad que prevalece en la educación, una perogrullada: mayoritariamente acuden a asesorías o clases de regularización quienes pueden pagarlas. Nuevamente el poder del dinero hace su aparición y es contundente.

Es así como aparecen ante nuestra mirada una serie de preguntas: ¿a quién corresponde apoyar a esos chicos?, ¿el Estado implementa políticas públicas que apuntalen su óptimo desempeño escolar?, ¿cuáles programas emanan desde los legisladores, los ejecutivos?, ¿debe la sociedad civil, también, hacerse responsable de ello?, ¿el sistema educativo puede subsanar por sí mismo estos casos? Este sector estudiantil, me atrevo a decir, es quien nutre de individuos a los grupos de deserción y a los famosos ninis. Hace cerca de tres años publiqué en este mismo espacio aquel encuentro que tuve con un joven de la sierra queretana. Trabajaba porque “no había sido bueno para la escuela”, pero conocía bastante bien la flora de su espacio.

Siendo un país tan celoso de sus creencias, tradiciones y costumbres, no sería extraño que el abandono descrito en estas líneas derive del epígrafe, que de manera inconsciente sigamos alimentando la brecha entre quienes tienen más posibilidades de ascenso social, y quienes se hunden en el mismo. No nos extrañe que esta generación busque mejorar su vida en el camino de la delincuencia organizada y el crimen.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_282

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