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Teresa del Conde y Alejandro Nava

Teresa del Conde y Alejandro Nava
Teresa del Conde. Foto de La Jornada.

Editorial Gualdreño 281

El jueves 16 de febrero falleció en la Ciudad de México la crítica e historiadora del arte Teresa del Conde, a la edad de 82 años. Sus investigaciones han contribuido significativamente a que el México del siglo XX sea entendido a través de sus artistas plásticos. Lo anterior está respaldado por sus múltiples trabajos académicos publicados en revistas indexadas y publicaciones periódicas en diarios como La Jornada, nuestra casa editorial, en la que colaboró desde 1984; así como por los más de 25 libros que realizó sobre artistas como Julio Ruelas, José Clemente Orozco, Juan Soriano, Frida Kahlo, Francisco Toledo, José Luis Cuevas, Rufino Tamayo y Manuel Felguérez, sólo por mencionar algunos.

En los textos de Teresa del Conde, encontramos un profundo conocimiento del arte a través de la historia, pero no sólo eso. Ella fue capaz de realizar un hondo trabajo hermenéutico sobre la obra de los artistas, siempre con esa rigurosidad y exigencia que le caracterizaron, producto de toda una vida de estudio y reflexión acerca no sólo del arte, sino de los contextos en los que se produce; del Conde descifró la trama y urdimbre de los procesos creativos individuales y grupales en nuestro país. Sus investigaciones estuvieron determinadas por la contundencia de sus preguntas formuladas; sus textos si bien nos dan respuestas y son una especie de guía para entender lo inmediato, lo presente, sobre todo nos motivan para seguir indagando en el pasado y para imaginar el futuro del arte, sus motivaciones, vertientes, conexiones y relaciones. Teresa del Conde nos deja un legado valiosísimo; hizo escuela, ahora habrá que esperar a que sus alumnos se atrevan a continuar con su legado; porque en la crítica, además del conocimiento, es imprescindible el valor.

Hay que mencionar también el interés que tuvo por el arte en Zacatecas. Uno de sus primeros libros publicados fue sobre la vida y obra del artista zacatecano nacido en 1870, Julio Ruelas. El libro apareció en 1976 editado por la UNAM y desde entonces surgió una especie de vinculación con los artistas del Estado. En la década de los años 80 conoció a Ismael Guardado y éste a su vez le presentó a Alejandro Nava. Fue en esa década cuando Alejandro Nava ideó el proyecto de crear el Taller de Pintura y Grabado que llevaría desde entonces el nombre de Julio Ruelas; los inicios del taller se remontan al año 1985 aunque fue en 1986 cuando empezó a funcionar formalmente como un centro de capacitación enfocado a la enseñanza teórico-práctica de diversas técnicas de gráfica tradicional.

El taller inició sus operaciones una vez que Ismael Guardado otorgara en préstamo dos planchas de grabado con las que empiezan a trabajar los primeros alumnos. A la inauguración formal del taller, asistieron Blas Galindo, Ismael Guardado y Teresa del Conde. La nota de la inauguración a propósito de lo anterior consigna lo siguiente: “El taller y Galería de Julio Ruelas fue abierto a las 19:00 horas del pasado viernes en el número 101 del romántico Callejón del Tenorio de Zacatecas”.[i] No es raro suponer que el objetivo de Alejandro Nava de poder reunir a los artistas de la región del centro norte del país en un taller que los proyectara a nivel nacional, estuviera respaldado por Teresa del Conde, quien en aquel entonces fungía como directora de Artes Plásticas del INBA.

Alejando Nava falleció un día como hoy, 20 de febrero, pero del año 2014. A los pocos días, en la columna que tenía en La Jornada, del Conde publicó un texto en el que realiza una semblanza del artista, desde su incursión a los primeros talleres hasta los últimos días que pasó –pintando- en el hospital de la Ciudad de México. Reproduzco aquí dos párrafos del mismo:

 

“Alejandro Nava es ejemplo de una tradición zacatecana que ha rebasado las fronteras no sólo regionales, sino nacionales a través de artistas como Francisco Goitia dentro de la corriente nacionalista o Manuel Felguérez y los hermanos Pedro y Rafael Coronel.

Nava merece no sólo que se le recuerde, sino que se le inserte en la historia del arte mexicano como continuador, aunque esperamos que no epígono, de esa raigambre de pintores nacidos en esa capital pródiga en bellísimos museos y en alta tradición cultural, tanto literaria como artística de la que fue testigo, entre otras personas ya desaparecidas, el muy recordado Guillermo Tovar y de Teresa”.[ii]

Con esas palabras se despidió la crítica, la historiadora del arte, la amiga de Alejandro Nava, del artista que hoy cumple su tercer aniversario luctuoso y a quien recordamos con respeto y cariño. No dudo que la historia le haga justicia a Nava y lo sitúe como ese continuador de la raigambre de pintores mencionada por Teresa del Conde; quizá ni siquiera seamos testigos de que así suceda, pero segura estoy de que en un futuro su legado no sólo como pintor, sino como formador de varias generaciones de artistas y como promotor cultural será reconocido en su justa dimensión.

 

[email protected]

[i] El Sol de Zacatecas, del 1 de diciembre de 1986.

[ii] Del Conde Teresa, “Alejandro Nava: in memoriam”. La Jornada, 25 de febrero de 2014. http://www.jornada.unam.mx/2014/02/25/opinion/a07a1cul

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_galdra-281

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