Con llegada de Trump es tiempo de ordenar la casa y no depender tanto de relación con EU: historiador

■ Felipe Barrón opina que debemos reflexionar lo que en realidad somos como sociedad

■ Participó en programa conmemorativo 1917-2017: Cien años de constitucionalismo en México

“Yo creo que no necesariamente son malas noticias lo que está pasando en los Estados Unidos si lo vemos desde el punto de vista de que quizá llegó el tiempo de ordenar la casa y no depender tanto de nuestra relación con aquel país”, dijo el profesor investigador del CIDE, Luis Felipe Barrón.

El historiador abrió ayer el programa conmemorativo 1917-2017: Cien años de constitucionalismo en México, con una conferencia magistral relativa a la implementación en el país de la Reforma Agraria, ofrecida en el auditorio Felipe Borrego Estrada del Palacio de Justicia.

Expuso en entrevista previa con La Jornada Zacatecas, que la Carta Magna emanada del Constituyente del 17 ha permitido por su conformación eminentemente liberal, pero a la que se insertaron artículos de carácter social como el tercero, el 27 y el 123, oscilar a lo largo de la historia pendularmente entre estas dos visiones: las garantías individuales y los derechos sociales.

“Esto lo permite la Constitución, y es una de las cosas que creo, con la llegada del presidente Trump al poder en los Estados Unidos, nos tendrá que hacer reflexionar en qué tanto refleja lo que en realidad somos como sociedad”, puntualizó.

Observó que las constituciones son mucho más proyectos sociales o de nación que adecuaciones a la realidad, y por tanto la mexicana del 17, “fue eso, un proyecto de sociedad, de una sociedad que no terminó de cuajar y de hacerse homogénea”.

Esta sociedad heterogénea de la que deriva un electorado “muy complejo” que igual favorece al Pacto por México que a un candidato como Andrés Manuel López Obrador (quien tiene una visión completamente distinta del país), tendrá que reflexionar acerca de cómo enfrentará a los Estados Unidos, un país que “no vemos ahora que se esté haciendo de aliados”, y por tanto, si nuestra Constitución “nos permite enfrentar a esas nuevas realidades”.

Luis Felipe Barrón hizo estas observaciones luego de comentar que su interés al participar en el programa conmemorativo 1917-2017: Cien años de constitucionalismo en México, organizado interinstitucionalmente en Zacatecas entre otras entidades por la UAZ, el Instituto Zacatecano de Cultura y el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas, fue compartir “una visión distinta del proceso” que inició en 1915 con la expedición de la Ley Agraria del 6 de enero.

Puntualizó que generalmente se piensa desde la historiografía, que la Reforma Agraria inició hasta la llegada a la presidencia de Lázaro Cárdenas, a quien se atribuye su impulso, pero que antes de esto, sus antecesores “no estaban muy convencidos” de la misma por razones políticas e ideológicas de tal manera que como lo ha expresado el historiador Adolfo Gilly, “la Revolución se interrumpió”.

Los datos que ofreció ayer han sido poco trabajados por los historiadores y proceden del Archivo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; demuestran que efectivamente, sí hubo una Reforma Agraria anterior al presidente Cárdenas, “pero con características diferentes”.

En ese periodo, de entre 1917 a 1934, la SCJN hacía una interpretación distinta de la Constitución. En ello influyó dijo, la formación que tuvieron sus integrantes, quienes, aunque mayoritariamente simpatizaron con el movimiento revolucionario, habían sido formados en el sistema educativo de finales del Porfiriato, “todos fueron positivistas, todos tuvieron una visión muy liberal de la Ley”.

Se agrega a la lectura del episodio histórico, el hecho de que aquél Poder Judicial era muy autónomo, “ésa es otra de las visiones equivocadas que hay en México, que la Corte siempre estuvo sometida al Ejecutivo”.

En este periodo, los jueces hicieron una interpretación muy liberal de la Constitución “que le dio preminencia a las garantías individuales, entonces la Reforma Agraria se convirtió en un proceso muy lento y muy obstaculizado por esta visión”.

“De modo que cuando se inicia la Reforma Agraria y que los presidentes efectivamente la impulsan y llevan a cabo el reparto, la obstrucción principal viene de la Corte, es decir, los dueños de las tierras se amparan en su contra y eso la detiene”.

Hoy estamos acostumbrados a pensar la Constitución de 1917 como una básicamente social, incluso se le califica de la primera Constitución social del siglo 20 en el mundo entero. “Por esa razón pensamos que siempre fue así, y que siempre se interpretó así, que desde el momento en que se promulga las garantías sociales predominaron en su interpretación, pero esto no es cierto”.

La Carta Magna que aún nos rige es una mezcla entre un proyecto eminentemente liberal, el propuesto por Venustiano Carranza al Constituyente del 17, con adiciones de los artículos denominados sociales, entre otros, el tercero, 27 y 123.

“Dada esta combinación en nuestra Constitución conviven las dos, las garantías individuales y las sociales”, expuso.

Esto ha permitido un movimiento pendular, que en principio y luego de derogarse la citada Ley Agraria del 6 de enero, y reformarse la Constitución para hacer depender a la Suprema Corte de Justicia de la Nación del Poder Ejecutivo, ha permitido por ejemplo, actuar a un presidente “socialmente muy activo” como Cárdenas, que buscó subsanar los desequilibrios sociales de México, para luego ser contrastado por la política liberal de Miguel Alemán.

Hubo también un Luis Echeverría que regresó a una visión más social y posteriormente gobiernos como los de Carlos Salinas de Gortari, con quien “el llamado neoliberalismo volvió a reinar y se abrió el país, etcétera”.

En la coyuntura que presenta la actual política de Donald Trump hacia México, y luego de más de 250 reformas a la Constitución mediante las que ha buscado adecuarse la estructura jurídica del país a nuevas realidades, “lo que tendríamos que hacer” es ordenar la casa y no depender tanto de nuestra relación con el vecino país del norte.

En su opinión la decisión está abierta para los mexicanos, pero requiere que una vez elegido un camino, se le apoye “hasta sus últimas consecuencias”, algo que cree no ha pasado en la historia pendular de la política mexicana.

En un país con gran desigualdad y hegemonía social como el nuestro, igualmente puede optarse por los modelos que han seguido los países nórdicos, “sistemas socialistas muy exitosos” para reducir la citada desigualdad, o por casos como el de Canadá, en que confluye un capitalismo no al estilo del estadounidense pero tampoco sesgado hacia el socialismo estilo Noruega, y que ha producido una sociedad mayoritariamente igualitaria.

“Como todas las democracias, la gente tendrá que decidir en su momento, si quiere seguir en el camino de la liberalización, la apertura comercial, las reformas estructurales, o si la mayoría cree que por ese camino no vamos a terminar con las injusticias sociales, con esta desigualdad, y queremos cambiar el rumbo hacia un sistema más cerrado con un gobierno más interventor”.

La oportunidad la ofrecerá el próximo 2018, y dijo, debe aprovecharse para ejercer nuestra democracia, algo que también objetó, aunque se cuestiona en sus alcances, nunca se ha utilizado como herramienta social y política plena.

Luis Felipe Barrón Córdova es doctor en Historia de América Latina y se ha especializado en estudio de la Revolución Mexicana y en derecho constitucional en México. El investigador instó por último a conocer la Constitución del país y utilizarla, pues aseveró, contrario a la percepción que se tiene, que la mayor parte de la población cumple con la Ley, “se detiene en los altos y paga los impuestos”.

“Me parece que la Ley sí se cumple; la Constitución ordena nuestra vida y es mucho más importante de lo que a veces pensamos, y en la medida en que conozcamos su historia, cómo se ha aplicado, porqué se ha modificado y en dónde estamos ahora, nos va a ser útil a cada uno de nosotros. Y eso es lo que nos puede llevar a un consenso”.

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