Y la Iglesia ¿qué dice del gasolinazo?

Y la Iglesia ¿qué dice del gasolinazo?

El año inició con noticias que generaron sobresaltos, molestias y en los últimos días múltiples manifestaciones, muchas de las cuales, por desgracia, caracterizadas por la violencia. El país vive momentos difíciles, en muchos casos el hartazgo ciudadano es mal orientado y genera escenarios de violencia e inseguridad; los intentos de la clase gobernante por justificar las alzas al precio de los combustibles muy poco han contribuido a calmar los enardecidos ánimos de la sociedad civil.

Ante este panorama, tan poco alentador, qué dice la Iglesia, o más exactamente, qué tienen que decir los pastores de la Iglesia católica, cuál es su postura. Para responder a estas preguntas a continuación transcribo el comunicado oficial de los obispos mexicanos hecho público el pasado 5 del presente. Son palabras dignas de reflexionar y compartir:

Somos sensibles ante el momento actual que aqueja a nuestra sociedad. Ante ello, queremos expresar lo siguiente:

Como Conferencia del Episcopado Mexicano hacemos un llamado a todos los actores de la sociedad (gobierno, empresas, sociedad civil, partidos políticos, iglesias e instituciones académicas, entre otros), a recorrer el camino de la paz, la justicia y la solidaridad, resolviendo de manera inteligente y creativa los grandes retos que se nos presentan. La disposición para construir la paz y el bien común entre nosotros, es la mejor forma de fortalecer nuestra unidad.

Ante la disposición del aumento al precio de los combustibles, exhortamos a las autoridades civiles a reconsiderar seriamente -dado el contexto nacional y las variables internacionales-, esta medida que afecta a todo nuestro País, especialmente a los más pobres. Se requiere ser sensibles a las necesidades cotidianas de la gente, y ser conscientes de las consecuencias de esta medida gubernamental. Hacemos un llamado a la autoridad, especialmente al Poder Ejecutivo y Legislativo, a mirar desde abajo y no solamente desde arriba. No es correcto imponer leyes sin tomar en cuenta la realidad y el sentir que vive la gente, sobre todo los más desamparados.

Exhortamos también a los ciudadanos para que su descontento manifiesto, y su malestar, comprensible, se encaucen a través de medios pacíficos, creativos y respetuosos de la ley. Nunca la violencia, el vandalismo, el saqueo o la afectación a las vías de comunicación serán el camino. Es urgente construir lazos solidarios verdaderos que promuevan el diálogo, la confianza y la certidumbre entre nosotros. Evitemos la confrontación estéril y la anarquía, pues estas conductas no resuelven los grandes problemas del país, sino que dividen aún más a la Nación.

La violencia genera violencia, destrucción. No expongamos, ni atentemos contra la integridad de ninguna persona, ni la paz social. Seamos sensibles con quienes están siendo doblemente afectados: los que no pueden llegar a sus trabajos, hospitales, escuelas, o no pueden abrir sus comercios, o están siendo saqueados. Llamamos a todos los miembros de la Iglesia Católica, a solidarizarnos especialmente con los más afectados. Hacemos eco del reciente Mensaje del Papa Francisco, el pasado 1º de enero, sobre la Jornada Mundial de la Paz, que en su numeral 6, dice: “Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslas de forma constructiva y no violenta, de manera que las tensiones y los opuestos puedan alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida conservando las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”, ya que la unidad es superior al conflicto (Cfr. Evangelii Gaudium, No. 228).

Nuestros desafíos actuales, debemos verlos como una oportunidad, una ocasión, para asumir la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos en los espacios sociales que habitamos y compartimos, dejando atrás la indiferencia, el egoísmo y la insensibilidad de unos con otros, causa del lastre de la corrupción, la impunidad, el abuso y la avaricia. La gran historia de nuestro Pueblo nos demuestra que en los momentos duros y difíciles hemos sido capaces de trazar caminos de virtud y solidaridad. El desarrollo humano integral, para todos, es el desafío de gobernantes y gobernados.

Señor, haznos un instrumento de tu paz. Oremos y vivamos esta plegaria de San Francisco de Asís. Sabiendo que la paz es don de Dios y tarea de los hombres, acogido en el misterio de la vida en relación con los otros seres humanos y con la creación. ■

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