‘Manchester by the sea’, reseña

‘Manchester by the sea’, reseña

La Gualdra 273 / Cine

Cuando el objetivo principal de una película es generarnos emociones, por cualquiera que éstas sean, es muy importante que los personajes de la historia estén bien definidos, que su conflicto sea claro y se desarrolle de una manera que resulte creíble, realista y verosímil. Con base a esto muchos directores utilizan diversas herramientas narrativas para desarrollar de mejor manera su película y lograr conmover a la audiencia.

Si un personaje está bien trazado es más sencillo que generemos empatía con él, que de verdad entendamos lo que siente, de tal manera que la narración y los giros en la misma resulten de mayor impacto.

En este caso, en su más reciente cinta Manchester by the sea, el director Kenneth Lonergan (Margaret, you can counton me) utiliza el humor para rescatar un poco de humanidad entre el fuego, las cenizas y el dolor de la tragedia.

En ese sentido casi se puede afirmar que se trata de la película más divertida y entretenida sobre la pérdida y la muerte jamás hecha, pero sinceramente ése sólo es uno de los grandes logros de los que es responsable esta memorable cinta.

Lee Chandler (Casey Affleck) es un intendente que radica en Boston, y que está encargado del mantenimiento de varios edificios departamentales. En su tiempo libre Lee ve la televisión en su departamento donde vive solo, o asiste a algún bar donde jamás habla con nadie, pero ocasionalmente se termina peleando a golpes con alguno de los otros clientes.

Este estilo de vida tan depresivo termina cuando Lee es contactado por un viejo amigo suyo, quien le da la triste noticia de que su hermano Joe (Kyle Chandler) sufrió un ataque cardiaco, resultado de una enfermedad congénita en el corazón.

Así Lee debe volver al lugar donde creció, llamado Manchester, uno de los pequeños pueblos en la región de Nueva Inglaterra que funge como un puerto, en donde debe encargarse de los asuntos pendientes de su hermano que se encuentran señalados en su testamento, entre los cuales está el cuidado de su único hijo Patrick (Lucas Hedges), hasta que cumpla los 18 años, como lo marca la ley.

Lee intenta establecer un hogar y un estilo de vida estable con su sobrino, pero por alguna razón no se logra asentar del todo en ese pueblo, donde sus habitantes lo ven como un extraño y murmuran cuando pasa junto a ellos.

A través de flashbacks, introducidos en secuencias ágiles y cortes rápidos conocemos cuál es esta razón, conocemos a fondo a Lee como persona y el momento en el que todo converge da como resultado una de las secuencias más dramáticas e intensas que se han dado en el cine en años recientes, en la cual Affleck anota un alto registro, se podría catalogar como la mejor actuación de su carrera.

Más impresionante es la escena en la que Lee se encuentra en la calle con su ex esposa Randi (Michelle Williams). En esta secuencia Affleck y Williams lo dan todo en actuaciones de alto calibre. La escena intensa y emocional.

De cualquier manera el núcleo central de la película es la relación entre Lee y Patrick. A través de ella Lonergan nos busca contar una historia sobre la pérdida y el duelo, qué significa, pero también sobre la redención y el perdón. Esto sin dar discursos melosos ni de superación personal, pues el guión es muy ingenioso y está lleno de diálogos y situaciones inteligentes y divertidas, la mayoría de ellas protagonizadas por este singular dúo.

Dentro de todo el drama y la tragedia, Lonergan nos da un respiro que ameniza las escenas con un buen sentido del humor ante las situaciones difíciles, por lo cual a lo largo de la película se disecciona la personalidad de ambos personajes, inexpertos ante las dificultades de su situación e imperfectos como seres humanos.

Finalmente los defectos y errores pasados de Lee cobran factura en la resolución de la historia, que también resulta en la escena más conmovedora de toda la cinta.

Después de todo, Lonergan nos entrega la película más humana y honesta del año, sin adornos ni exageraciones, con situaciones crudas y realistas, que nos hacen reír pero también nos hacen llorar y nos marcan profundamente, con personajes reales y creíbles con los que logramos generar empatía, que nos hacen entender, sentir y vivir lo mismo que ellos.

Es probable que después de haber visto la cinta pasará mucho tiempo y nos seguiremos preguntando qué fue de Lee y de su sobrino Patrick y si al final todo resultó bien para ellos.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-273

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