En torno al derecho de la ciudadanía a la cultura

En torno al derecho de la ciudadanía a la cultura

(primera parte)

El primer foro popular de arte y cultura se realizó el viernes pasado, (continuará este sábado) en el Mercado González Ortega, con cerca de 20 ponencias, que presentaron un conjunto de análisis, experiencias y propuestas, a una audiencia que nos identificábamos con la iniciativa de ciudadanizar las políticas culturales. Avanzando para ello en la diagnosis, tanto a nivel de los gobiernos estatal y municipal. Así como, dándole toda la relevancia que efectivamente merece, a ese conglomerado de actividades culturales realizadas desde la sociedad civil, de manera organizada -o no-. Lo que nos remite, directamente al corazón de la problemática relación existente entre las instituciones y las prácticas culturales autónomas.

No intentaré aquí resumir las diversas aportaciones, que, desde una perspectiva ligada al pensamiento crítico, buscaban vincular –con orientaciones, y herramientas, diversas-, la transformación social y la producción zacatecana en arte y cultura, una tarea que cumplirán los propios organizadores. Pero si, retomaré algunas ideas que pueden ser de cierta utilidad, en la tarea colectiva de elucidación dirigida a lograr una incidencia efectiva en este ámbito.

Antes, habría que recordar, cómo desde hace tiempo, estas manifestaciones ciudadanas, se han convertido en un elemento “invariante”, en cada cambio de gobierno. Pero ¿Qué es lo que se ha conseguido? No lo sabemos con precisión; ni en cuanto a su incidencia en el nombramiento de los funcionarios responsables de la cultura, ni, tampoco, en cuanto a su capacidad de intervenir en la formulación, implementación y evaluación, de las políticas culturales. Aunque existe una valiosa experiencia acumulada, reflejada en los señalamientos realizados al final, sobre las tareas a realizar para darle continuidad y reforzar las capacidades de participación ciudadana.

Uno de los puntos cruciales, transversal a varias ponencias, ha sido la necesidad de profundizar la “ruptura democrática”, tanto a nivel de representaciones sociales, como a nivel de las prácticas culturales. En el primer aspecto, en el plano simbólico, un ponente,  desmitificó el discurso que pretende trazar una continuidad entre la “civilizadora del norte” y la actualidad: una metrópoli con una floreciente creatividad cultural. Ilusorio. Porque niega discontinuidades, brechas, vacíos. Un mito, a su juicio, visto a la luz de las experiencias de participación en los circuitos culturales más exigentes. Recociendo, al mismo tiempo, las excepciones, como en el caso de las artes plásticas. Y, agregaría, la germinación de lo que está sucediendo a nivel musical, literario, o más ampliamente, en el ámbito da las humanidades, las ciencias, o la comunicación, para mencionar otras áreas relevantes. Si bien, en cada caso, habría que entrar a analizar la situación interna, dinámicas y potencialidades etc.

Un segundo aspecto, donde existe -siempre- clara convergencia de opiniones, fue a nivel de las prácticas culturales, con la exigencia -compartida- de democratización de las instituciones y las políticas culturales, a través de un proceso efectivo de ciudadanización, creación de consejos de cultura, con participación y control “desde abajo”, especialmente del conjunto de actores vinculados al ámbito cultural, y de la ciudadanía interesada. Con especial énfasis, en la necesidad de rediseñar y reorientar los apoyos a las prácticas culturales autónomas (aquellas situadas más allá de la esfera estatal).

Desde una perspectiva crítica, es necesario superar las concepciones sobre la producción cultural, que ya parecen a estas alturas agotadas. Para ello es fundamental analizar los modelos y paradigmas culturales periclitados, y especialmente, dedicar un espacio para revisar los planteamientos emergentes-, iniciando un proceso de apertura hacia las interrogaciones y debates que se están realizando en el plano internacional, nacional, y local, dando continuidad al foro, pero, orientando sus líneas de avance, y, ampliando el mapa de actores involucrado.

Brevemente, veamos dos planteamientos señalados en algunas participaciones. El primero, relacionado con el potencial económico de la cultura; o de re-articulación de la cultura al desarrollo. Desde esta perspectiva las industrias culturales, y especialmente, la figura de los emprendedores culturales, se han convertido en figuras clave, como parte de la “nueva economía del conocimiento”. El problema con este modelo, más propio del modelo neoliberal de la cultura, es que las evidencias empíricas -y los efectos de la crisis económica en curso-, han terminado por cuestionar la importancia que se ha pretendido dar a las empresas culturales, tanto en el desarrollo económico, como en la creación de empleos. Han sido afectadas por la precarización, y por la quiebra, igual o más que otros sectores.

El segundo planteamiento es el de la cultura libre, un prometedor ámbito, sobre cuyos alcances y virtualidades, volveré.

Terminaré formulando, entre muchas otras, las siguientes preguntas: ¿Cómo potenciar los afanes de cambio, que la violencia propia de la crisis que padecemos, desata -y/o, inhibe?, ¿Cómo re-articular una política [no estadocéntrica], junto a la creación cultural, evitando las repeticiones poco fértiles? Finalmente… ¿Cómo podemos gatillar la creatividad social?

Enhorabuena al 1° Foro popular de arte y cultura. ■

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