Nuevos desafíos, nuevas capacidades y nueva mentalidad

Nuevos desafíos, nuevas capacidades y nueva mentalidad

Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio

Octavio Paz

Si nos regresamos un poco en la historia, podremos observar que los desafíos que ha enfrentado la humanidad no han sido sencillos. Tan sólo en el siglo pasado, la Revolución Industrial fue un conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales, que vio el paso de una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada (hubo países y ciudades que se desarrollaron más que otras, en Zacatecas no ocurrió a gran magnitud); sin embargo, marcó un punto de inflexión, modificando e influenciando todos los aspectos de la vida cotidiana de una u otra manera. La sociedad se preparó para aprovechar las máquinas, la producción se multiplicó, el tiempo de espera disminuyó y el nivel de vida de la gente experimentó un crecimiento sostenido como nunca.

Apareció la computadora y el internet, herramientas que cambiaron a la sociedad en general y ofrecieron una nueva forma de ver la vida y de hacer las cosas; enseguida aparecieron las redes sociales y las tecnologías de la información que, sin duda, han sido inventos que revolucionaron y siguen revolucionando nuestra convivencia diaria.

Tantos cambios consecutivos, donde lo único constante son los cambios, nos habla de una nueva de época, que exige nuevas competencias. La modernidad ha desencadenado importantes mejoras en la vida de la humanidad, pero todo acto humano va acompañado de riesgos y genera consecuencias, nuevos problemas sociales que siempre se presentan con la evolución. Esos riesgos se están presentando con el paso de una sociedad industrial, a una sociedad moderna y global sustentada en el desarrollo científico – tecnológico.

El crimen organizado, las crisis económicas, desempleo sostenido, bajos sueldos y sus efectos globales, los desequilibrios sociales en la distribución de la riqueza y las oportunidades, el cambio climático y sus efectos perjudiciales para el campo son sólo algunos de los problemas que se han ido transformando con el tiempo y ponen a prueba la capacidad de los actores públicos, privados y sociales para resolverlos. Estos problemas tienen en común un alto grado de complejidad, dinamismo y diversidad.

Complejidad, por la dificultad en la cantidad de actores involucrados y lo cambiante de los problemas desde el momento de definirlos. Anteriormente, se tenía la teoría que ante un problema una solución, ahora esta relación no es tan clara, ya no existen alternativas únicas; además, un problema de origen local puede extender sus efectos globalmente y al revés, por la interconexión que existe.

Dinamismo, por la capacidad de transformarse de los mismos problemas y generar otras situaciones de riesgo que pueden afectar el bienestar de las personas. Por ejemplo: el gobierno del Presidente Peña apostó por instrumentar ajustes importantes aunque impopulares pero necesarios al inicio de su gobierno, lo que después se vería recompensado con una política social sin precedentes al final del sexenio, sin embargo, no contaban  con los bajos precios del petróleo que obligaría al Estado mexicano a realizar ajustes que han provocado reducción en el gasto social, o la reforma educativa que cuando logra superar un punto, ya surgió otro.

Diversidad, por que se manifiestan en múltiples ámbitos de acción que afectan la vida de las personas como la educación, la salud, la economía. Un pueblo sin educación es más vulnerable a los abusos, a la delincuencia, a disminuir sus niveles de bienestar, descuidar el medio ambiente, su salud, provoca desempleo, pobreza, etc.

Para enfrentar estos desafíos, se requieren nuevas capacidades, porque no es posible atenderlos con las fórmulas y métodos tradicionales, esto aplica para las instituciones públicas, privadas y sociedad en general, de tal manera que nos permita alcanzar objetivos de manera sostenible y con sentido de corresponsabilidad.

Primero se requieren capacidades administrativas, desde la óptica interna, tal cual un carnicero afila sus cuchillos para desarrollar su labor de manera eficaz; en el gobierno se requiere escuchar al ciudadano, ser eficiente, honesto y dar resultados; en las organizaciones privadas y sociales, se requiere un conjunto de habilidades y recursos técnico organizativos para alcanzar objetivos. Y en todo, que los miembros de las organizaciones tengan la capacidad de enfrentar desafíos.

Desde la óptica externa, se requiere de la capacidad relacional para establecer redes de cooperación con actores del entorno, que incluye la capacidad para identificar a los que son clave en las alianzas estratégicas para lograr objetivos comunes.

El progreso siempre ha estado asociado con la generación, distribución y aplicación de conocimiento. Ahora es preciso apostar a la investigación y modelos más competitivos de educación, a las nuevas tecnologías como una valiosa palanca de cambio, que últimamente han propiciado la creación de nuevas formas y espacios de interacción entre las personas.

Esta evolución, deberá provocar un cambio de mentalidad, un cambio de actitud, que nos ayude a pasar del pesimismo realista que nos ha acompañado por años, al optimismo militante, para comprometernos con el mundo en el que vivimos y al que hemos traído a nuestros hijos, que nos permita hacerlo un mejor lugar para vivir.

Ahora, es necesario hacer un balance justo entre la mejor visión de la globalización y lo que nos permita conservar el carácter, identidad y la vida de nuestra territorio. Hacerlo con cautela, con compromiso cívico, porque al final luce más cuando nace del conocimiento profundo de la realidad que nos tocó vivir. ¡Hagámoslo sin miedo al cambio, vale la pena! ■

 

*Presidente de Educar e Innovar para Progresar AC

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